Un 22 de junio de 1974, la legendaria banda inglesa publicaba su maravilloso aunque subestimado séptimo disco en estudio, último para uno de los bajistas más significativos e influyentes del rock
Uriah Heep
Wonderworld
Bronze Records. 1974. Inglaterra
Cierto día de mi incipiente y alocada adolescencia escuché “July Morning”, un emotivo tema cargado de alta energía con una dinámica de sobresaliente intensidad y esa magia que nos deja atónitos preguntándonos quiénes son estos muchachos.
Ese fue mi primer encuentro con Uriah Heep, la superlativa banda inglesa de hard-rock con elementos prog, una de las pioneras inspiradoras de lo que hoy llamamos heavy metal.
Era el año 1973 y el tema era parte del repertorio del disco Look At Yourself (1971), uno de los álbumes clave del grupo y del género. Era también el tercer disco en estudio del grupo para entonces.
La banda pronto se convertiría en una de mis favoritas y, aunque el tiempo ha hecho de las suyas, la buena vibra sigue allí, recordándonos lo que una vez fue con su más reciente obra Chaos & Colours publicada en 2023 y con Mick Box como único miembro original.
En aquel momento histórico, el quinteto lo conformaban David Byron† (voz líder), Lee Kerslake† (batería, percusión, voz acompañante), Ken Hensley† (teclados, voz acompañante, guitarras), Mick Box (guitarra líder) y Gary Thain† (bajo), considerada la formación clásica.
Gary Thain, bajista de origen neozelandés, ya había ganado cierta notoriedad con varias agrupaciones desde 1969. Inicialmente con Champion Jack Dupree, luego con Keef Hartly Band y durante un par de años con la venerada Uriah Heep, periodo significativo que nos dejó discos célebres como Demons and Wizards y The Magician’s Birthday, ambos de 1972, Live January 1973 y Sweet Freedom de 1973, y el disco que nos ocupa, el último en el que participaría luego de sufrir un electrocutamiento durante un concierto en Dallas.
Thain acusó al manager/productor Gerry Bron de haber convertido a la banda en una mera entidad financiera, y tras su estancia en el hospital, fue despedido en diciembre de 1974 por problemas de adicción y sustituido por el legendario John Wetton, quien se mantuvo por los siguientes dos discos, tras los cuales se produjo un importante cisma con la salida del cantante David Byron.
Un año después, Thain fue encontrado muerto por una sobredosis de heroína.
Para la grabación de Underworld durante los meses de enero a marzo de 1974 en los emblemáticos estudios Musicland, fundado por Giorgio Moroder en Munich, el grupo recibió la ayuda de un misterioso músico acreditado como José Gabriel en sintetizadores y los arreglos orquestales de Michael Gibbs, músico multi-talentoso nacido en Rodesia.
Todos bajo la audio-ingeniería y producción de Peter Gallen y Gerry Bron, respectivamente.
El álbum abre con “Wonderworld”, tema compuesto por el teclista Ken Hensley cuyo impetuoso inicio se va transformando en una melodiosa obra con gran trabajo vocal y un sintetizador protagónico.
En sus verso nos dice: “Hablamos libremente de sueños / Nos maravillamos de lo que ocultan / Pero en mi mundo maravilloso / Cada visión soñada es tan real / Así que creo y espero que todas las cosas que veo / Que algún día traiga / Tanta verdad y paz / Como podemos sentir”
El tema es notorio por sus rasgos prog.
Seguidamente la banda, en un modo modo más pesado, nos interpreta “Suicidal Man”, uno de sus clásicos temas
En ella nos canta Byron: “Esperando junto a la ventana / Mirando mi sombra / Sin creer lo que había visto / Tocar pero no sentir / Y preguntándome con qué estaba lidiando / Y sin saber dónde había estado”
El tema fue compuesto por la banda e incluye un sencillo solo de Box
Posteriormente interpretan otra composición de Henley llamada “The Shadow And The Wind”, que nos habla sobre la perseverancia, la lucha, la confrontación y la naturaleza transformadora del tiempo.
La movida “So Tired” compuesta por el grupo y “The Easy Road” escrita por Ken Hensley, se erigen como dos de las más solidas del disco.
La primera nos canta sobre el hastío, la segunda una hermosa balada con acompañamiento de teclados que cierra la primera parte con rasgos barrocos.
El disco inicia la segunda parte con el único sencillo del álbum que se titula “Something or Nothing”, una selección acertada para iniciar el lado B del vinilo.
Uriah Heep nos recuerda que en ocasiones a veces es “algo o nada”.
La agitada canción cambia el temperamento a un hard blues en slow-tempo, “I Don’t Mind”, con un excelente y aventurado solo de guitarra que abre espacio a “We Got We”, otro sólido tema sobre tenerse el uno al otro en este difícil camino.
El bajo de Thain, las teclas de Hensley y la guitarra de Box protagonizan algunos de los momentos más encumbrados del disco.
En «Dreams», Hensley vuelve a cautivas con las teclas para iniciar el fin de este discazo. Y que decir de las voces que en sus dos primeras estrofas nos dicen: “Deberías haber visto los sueños del martes, bailando en mi cabeza / Porque habrías escuchado mil palabras que nadie había dicho / Y me habrías visto intentar correr donde los sueños nunca se han desviado / Escuché mis gritos porque sabía que realmente tenía miedo / Sueños, sueños que nunca mantendré / Mi cuerpo descansa, pero mis ojos se niegan a dormir / Vistas y sonidos que mi mente creó / Mucho más allá de los pensamientos de los que hablamos”
Las teclas y guitarra nos dan esa sensación prog y sobre todo de space rock en el tramo final que encontramos a lo largo del disco. Vale destacar el aporte de David Byron
En 1996 fue publicada la edición remasterizada de esta obra discográfica con varios temas en directo y el tema “What Can I Do”, lado B del single “Something or Nothing”.
;Vayamos a aquellos días de rebeldía y disfrutar una vez más de este disco quizá subestimado por la historia y los propios fans de Uriah Heep.
Leonardo Bigott
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