25 años después de su debut, Damon Albarn y Jaime Hewlett encuentran en India la inspiración para un noveno álbum espiritual donde tradición, hip-hop, pop y electrónica dialogan con fantasmas del pasado
Gorillaz
The Mountain
Kong. 2026. Inglaterra
Cada disco de Gorillaz ha tenido la virtud de ser una entidad única. En este caso, el concepto de The Mountain gira en torno a la muerte, el duelo y la transformación espiritual, con una fuerte influencia de India tanto musical como simbólica.
El noveno álbum del proyecto creado por Damon Albarn y Jamie Hewlett aparece 25 años después del exitoso debut homónimo Gorillaz (2001) y retoma una de las ideas fundacionales del grupo: el disco conceptual construido a partir de viajes, culturas y colaboraciones globales
India, duelo y “conversar con los muertos”
La semilla del disco surgió cuando Albarn y Hewlett viajan juntos a India. Para Albarn era su primera visita, y coincidió con un periodo de duelo ya que los padres de ambos murieron durante el proceso creativo, lo que orientó el proyecto hacia una reflexión sobre la muerte y el más allá.
Albarn incluso viajó a Varanasi para esparcir las cenizas de su padre en el Ganges, experiencia que influyó en la atmósfera espiritual del álbum.
La idea central terminó siendo una especie de “fiesta en el límite entre este mundo y el otro”, donde colaboran tanto músicos vivos como artistas fallecidos cuyas voces o grabaciones de archivo se integran en las canciones.
Esto conecta el disco con momentos anteriores de Gorillaz -especialmente Demon Days y Plastic Beach– donde Albarn ya había trabajado con narradores fantasmales o figuras simbólicas.
Estética visual de Jamie Hewlett
El arte de Hewlett sitúa a los personajes (2D, Murdoc, Noodle y Russel) viajando por paisajes indios -templos, desiertos de Rajasthan, mercados urbanos- con una estética que mezcla cómic psicodélico, iconografía hinduista y collage digital
El proyecto visual se expandió con libros de ilustraciones y una película animada corta, reforzando la idea de peregrinaje espiritual del disco.
La grabación de The Mountain
Con Samuel Egglenton como ingeniero de audio principal, el álbum se grabó entre 2024 y 2025 en múltiples lugares del mundo, incluyendo Studio 13 (Londres y Devon), Delhi, Mumbai, Rajasthan, Varanasi, Miami, Nueva York, Los Ángeles, Damasco y Ashgabat.
Un auténtico periplo. La producción corrió a cargo del propio Albarn junto a Remi Kabaka Jr., James Ford, Samuel Egglenton, y en un tema también participa el productor argentino Bizarrap.
Comparado con Humanz o incluso con Song Machine, Season One: Strange Timez, este disco reduce el peso del beat electrónico en favor de capas instrumentales más aireadas, más instrumentos reales y menos compresión electrónica.
La música y canciones de The Mountain
El viaje de Damon Albarn y Jamie Hewlett a India no se limitó a una inspiración estética sino que se refleja en la estructura musical de varias canciones con elementos destacados a lo largo de los 66 minutos, como el uso de sitar y sarod, flauta bansuri, percusión tabla y drones armónicos prolongados
Albarn adopta algo cercano a la lógica del raga, con progresiones lentas y repetitivas que crean atmósferas hipnóticas.
Como suele pasar con cada disco de Gorillaz, en su desarrollo hay una amalgama sonora de amplio espectro y que suele lograr una coherencia sorprendente.
En The Mountain conviven el pop electrónico, la psicodelia, el hip hop y el world music con éfasis en la música india, alternando seis idiomas: inglés, hindi, árabe, español, yoruba y ruso.
La lista de colaboradores es generosa e incluye, entre muchos, a Anoushka Shankar, Black Thought, Idles, Johnny Marr, Omar Souleyman, Sparks, Trueno, Yasiin Bey, Paul Simonon, Ajay Prasanna, Gruff Rhys y las apariciones póstumas de Dennis Hopper, Bobby Womack, Tony Allen, Proof, Mark E. Smith y David Jolicoeur
La inclusión de estos fallecidos no es meramente nostálgica sino que forma parte del concepto de “diálogo entre vivos y muertos” que atraviesa el álbum.
Las aportaciones de Johnny Marr -minimalistas, atmosféricas, cercanas al dream pop- recuperan algo que había quedado en segundo plano en varios discos recientes: la guitarra como motor melódico, funcionando casi como un hilo conductor entre varios temas.
El disco inicia con el téma título “The Mountain”, una apertura atmosférica con spoken word de Dennis Hopper y fuerte presencia de música clásica india (sitar, sarod, bansuri). Funciona, sin duda, como portal espiritual del disco.

“The Moon Cave” es un tema más soul y onírico con voces de archivo de Bobby Womack y David Jolicoeur, y también Black Thought.
Un encuentro simbólico entre generaciones del hip-hop y el soul.
La extraordinaria pieza audiovisual está unida a “The Sad God”, que es el cierre meditativo del disco -con Black Thought-, una especie de reflexión final sobre la autodestrucción humana y el ciclo de la vida.

Luego salta la magnífica pieza “The Happy Dictator” junto a los inconfundibles hermanos Ron y Russell Mael (Sparks), un synth-pop satírico sobre el autoritarismo contemporáneo, algo especialmente vigente en estos convulsos tiempos que vivimos.
Es uno de los momentos álgidos del disco


En “The Hardest Thing / The Orange County” es un doble tema minimalista con la voz del fallecido Tony Allen, arreglos de sitar y electrónica suramericana, con la colaboración del productor argentino Bizarrap y la poeta Kara Jackson.

En “The God of Lying” participa Joseph Talbot de la banda británica IDLES y en lugar de introducir un momento post-punk abrasivo, la pieza recuerda a “Guns of Brixton” de The Clash. En ella se escuchan el bansuri de Ajay Prasanna y la percusión de Viraj Acharya

“The Empty Dream Machine” es uno de los momentos más melancólicos del disco, con el sello inconfundible de Albarn. Participan Johnny Marr en la guitarra, Anoushka Shankar, el rapper Black Thought y las voces de Rebecca Freckleton y Jesse Appiah.

Quizá el momento más disruptivo del álbum ocurre con “The Manifesto”, la pieza más extensa con más de siete minutos, un rap de Trueno combinado con un freestyle de archivo de Proof, combinando hip hop con bhangra e instrumentación india.

El disco retoma su espíritu con “The Plastic Guru”, un ácido tema sobre gurús mediáticos, con guitarras de Johnny Marr, el sitar de Anoushka Shankar y la participación maravillosa de The Mountain Choir, compuesto por Vijayaa Shanker, Raja Lakshmi Sanjay, Ritika Sahni, Pari Thakur, Rahul Pandey, Sanskar Vaidya, Vamsee Kotaru, Pulkit Rajvanshi y Vaishnavi Shanker.
Uno de los grandes momentos del disco

“Delirium” es un tema oscuro, de ritmo por momentos seductor y de repente bailable, construido sobre grabaciones del inefable e inconfundible Mark E. Smith, lider de The Fall, fallecido en enero de 2018.

“Damascus” es un tema electrónico bailable atravesado por la música de Oriente Medio, con la participación de Omar Souleyman y Yasiin Bey.

Y del espíritu bailable y festivo, el álbum pasa a “The Shadowy Light”, un momento más reflexivo y nostálgico con la legendaria cantante india Asha Bhosle y participación del galés Gruff Rhys y The Mountain Choir

“Casablanca” es un dub psicodélico y espiritual con la participación Johnny Marr, el legendario Paul Simonon de The Clash (compañero de Albarn en The Good, The Bad & The Queen), The Mountain Choir y Demon Strings (Izzi Dunn en cello, Kotono Sato en primer violín, Sarah Tuke en segundo violín y Ciara Ismail en viola).

“The Sweet Prince” es una magnífica balada psicodélica de aroma indio, con el bansuri de Ajay Prasanna, guitarra de Johnny Marr y de nuevo con la indispensable Anoushka Shankar en el sitar

El cierre meditativo con “The Sad God”, con participación de Black Thought, aporta una reflexión final sobre la autodestrucción humana y el ciclo de la vida.

The Mountain en la discografía de Gorillaz
Para situar The Mountain dentro de la discografía de Gorillaz, la comparación más lógica es con los tres discos donde el proyecto realmente funcionó como “universo conceptual”: Demon Days (2005), Plastic Beach (2010) y Humanz (2017). Cada uno representa una etapa distinta en la manera en que Damon Albarn ha utilizado el formato Gorillaz.
En Demon Days se abordaba la paranoia, guerra, crisis ecológica y espiritual en la era post 11-septiembre, con un sonido que mezclaba hip hop, góspel y electrónica oscura.
El tema central de Plastic Beach es una alegoría ecológica sobre el consumismo y la contaminación, con una mezcla exuberante de pop barroco, dub y electrónica.
Humanz abordaba la temática de una fiesta en el fin del mundo tras una hipotética victoria política extrema, dominado por el hip-hop y la electrónica de club.
En ese sentido, The Mountain se diferencia notablemente de todos con una mayor trascendencia espiritual, una exploración del más allá y del diálogo con los muertos, el duelo, y mucha menos ironía.
Lo que une a todos es el extensivo uso de invitados, aunque en The Mountain se percibe un mayor control de Albarn en las composiciones. Es, sin embargo, un disco menos inmediato que requiere de varias escuchas para advertir los muchos detalles y arreglos.
The Mountain destaca por algo poco habitual en la discografía del grupo: una sensación de intimidad y duelo real. Gorillaz se mueve en su terreno natural pero esta vez mezcla espiritualidad, psicodelia y pop global de manera brillante, sopreponiéndose al formato de “collage de invitados” que en ciertos momentos de discos anteriores hace perder cohesión.
Juan Carlos Ballesta
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