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Juana Molina en Madrid: entre el minimalismo electro pop y el espíritu rave

Juana Molina en Café Berlin, Madrid
Foto: Juan Carlos Ballesta

La singular artista argentina se presentó en Madrid en una atractiva puesta en escena 360, redimensionando de manera magistral la música de sus recientes discos

Juana Molina
Concierto en Café Berlín, Madrid
Ciclo Son EG 360

(Abril 21, 2026)

La argentina Juana Molina es desde hace 30 años una de las artistas más atrevidas y libres del panorama musical iberoamericano, lo que con los años se ha extendido al público anglosajón gracias a su asociación con el sello Domino Records.

Su paso por Madrid se enmarcó en el proyecto de la compañía cervecera que en alianza con el Café Berlín presenta shows 360° en los cuales el artista se ubica en el centro y el público a su alrededor. No es habitual esta disposición en el Café Berlin y la verdad, la experiencia fue estupenda. Al entrar fuimos recibidos por una playlist fantástica que incluía a varios nuestras propuestas favoritas, como Pink Floyd (disco More) o Robert Wyatt.

Al ser solamente dos músicos, Molina con sus herramientas electrónicas y una pequeña guitarra, y el estupendo y versátil baterista Diego López de Arcaute -ubicados uno frente a otro- el público pudo disfrutar plenamente del show, ya que, además, el aforo fue controlado para evitar una incómoda aglomeración.

Allí se congregaron auténticos seguidores de su obra, que conocían al detalle cada canción, incluso las más recientes del disco Doga (2025)

Juana Molina en Café Berlin, Madrid
Foto: Juan Carlos Ballesta

Juana no habla casi nada entre canciones, aunque no por ello deja de agradecer ni luce distante. El setlist está confeccionado de tal manera que nos conduce sinuosamente de temas más sosegados ligados con la folktrónica -aquella etiqueta acuñada a principios de siglo y en el que Juana se ubicó con naturalidad- a otros de espíritu bailable más en la onda electro pop, creando un inteligente hilo conductor en el que jamás decae el show.

Juana Molina habita su propio universo, aunque pudiera ser una prima segunda de Laurie Anderson por el desparpajo con el que conduce su obra y su estética. Hace 30 años lanzó su álbum debut, Rara (1996) -nombre que ya decía mucho- y aunque en ese momento aparecía bajo el estigma “otra celebridad más tratando de convertirse en cantante”, no tardaría mucho tiempo en dejar claro que su paso de la farándula televisiva a la música no se trataba de un capricho ni de mutar a una estrella pop.

En tiempos recientes, Molina ha dosificado su producción discográfica, al punto de haber publicado solo tres discos en 13 años, rompiendo el año pasado con Doga la brecha de tiempo más larga -8 años- desde Halo (2017). Sin embargo, a pesar de la baja producción, se ha mantenido muy activa en los escenarios, aunque también es bueno reconocer que ha variado poco el setlist en tiempos recientes.

El repertorio está basado principalmente en los dos mencionados discos más recientes, con un trío de pinceladas de Wed 21 (2013) y un atisbo de Un día (2008), los discos previos. Lamentablemente, no hubo señales de Son (2006)

El show comenzó con “Uno es árbol” del nuevo disco, pieza ideal para introducirnos en su cosmos en el que la electrónica y su voz son protagonistas, con la percusión como perfecto complemento.

Dos de Halo continuaron. Primero fue “Cara de espejo”, con una secuencia electrónica cíclica y la batería reforzando el ritmo metronómico, al tiempo que Juana soleaba y aplicaba diversos efectos a su voz. Luego fue “Estalactitas”, tema más cercano al post rock que en el tramo final coge vuelo de la mano de Arcaute.

El repaso a Doga siguió con “La paradoja”, un tema de espíritu bailable conducido por un sinte de baja frecuencia sobre el que Juana canta en su faceta de niña siniestra. Imposible no moverse y de hecho en la zona del escenario habitual muchos asistentes bailaban sin parar.

Juana Molina en Café Berlin, Madrid
Foto: Juan Carlos Ballesta
Juana Molina en Café Berlin, Madrid
Foto: Juan Carlos Ballesta

Enseguida tocaron “Indignan a un zorzal”, quizá el tema más post rock, con un ritmo quebrado de Arcaute que va ganando en intensidad. Ecos de The Notwist orbitaban en el Berlín.

De agradecer que Juana haya incluido tres temas de Wed 21, el que la da nombre -con su ritmo urbano mutante- y “Ay, no se ofendan”, con cierta cercanía a Laurie Anderson o Laika, y en el que en el tramo final golpea con fuerza un platillo.

Una de las más sosegadas de Doga, “Caravanas”, nos recordó a Lali Puna, como en los tiempos en los que la conocimos con sus segundo y tercer disco. Fue el preámbulo para los agradecimientos -promotor, local, público y su equipo- y dar paso a la tercera de Wed 21, “Sin gúia, no”, con la que convirtió el momento en una especie de mini rave, un ambiente que se extendió con “Cosoco”, que sonó mucho más poderosa que la versión de estudio, con gran batería.

Juana Molina en Café Berlin, Madrid
Foto: Juan Carlos Ballesta

La más antigua que tocó fue “Un día” -desde hace un tiempo rebautizada como “Un día punk”, que da nombre al disco de 2008. Con ella dejó a todos los asistente en estado “hyper”, con lo cual era obligación que el duo volviera a salir. Y así fue.

La despedida fue con la extensa “Miro todo”, pieza que conjuga a la perfección lo que es Juana Molina, una mujer que es capaz de llevarnos de momentos sutiles a otros catárticos y de vuelta.

Genial la Juana. Nunca hemos tenido duda de ello. Estar a un metro de ella es una experiencia sinigual.

Juan Carlos Ballesta