El 14 de abril de 2003, el proyecto francés liderado por Anthony Gonzales, publicó su atractivo segundo álbum, gran punto de inflexión
M83
Dead Cities, Red Seas & Lost Ghosts
Gooom Disques. Francia. 2003
M83 es el nombre de una galaxia en espiral que se puede visitar mientras se escucha el segundo trabajo discográfico del dúo francés del mismo nombre.
Con referencias claras a Tangerine Dream, Ash Ra Tempel, Klaus Schulze, My Bloody Valentine, Mogwai o Sonic Youth, entre otros otros, Anthony Gonzales y Nicolas Fromageau (quien se separó después de este disco), crearon un híbrido musical entre el mas planetario krautrock y el mas ruidoso shoegaze cercano al post-rock, que a pesar de lo extraño que suena en el papel, resultó un experimento de gran éxito en la práctica.
La portada es una fotografía del neoyorquino Justine Kurland llamada «Snow Angels«, la cual es una llamativa puerta de entrada al contenido del disco.
El trabajo abre con unos de lo sonidos mas clichés de la electrónica de antaño: sonidos de pajaritos. Sobre esto da vueltas una voz femenina repitiendo una frase de manera robótica, mientras diversos ruidos giran por el estéreo.
Esta breve introducción es interrumpida de repente a los 54 segundos y somos atacados por gruesos acordes de Mellotron que en enseguida son complementados por una cama de guitarras y finalmente un fluido arpegio de Moog.
King Crimson, Mogwai y Tangerine Dream encerrados en una lata de sardinas.
La tercera pieza, “Run Into Flowers”, con violín de Montag (Antoine Bédard) ,recuerda por momentos al 10.000 Hz de Air, pero con una textura mucho mas espesa cortesía de la pared de guitarras que es una de las firmas de M83.
Las voces de Benoit de Villeneuve, Cyann (Alex Simon) y Mélanie Pain, se escuchan por debajo de los instrumentos, como una parte más del arreglo, un componente mas del denso engranaje sonoro.

«In Church» sigue con un órgano eclesiástico y reverberado, las voces igualmente reverberadas y lejanas son luego complementadas por cascadas de sintetizadores analógicos, creando un panorama sonoro similar en intensidad a los de Sigur Rós, pero con una instrumentación y un carácter diferente.
«America» comienza con arpegios secuenciados para luego ser inundada por los sonidos de cuerdas sintetizadas y mellotrones (sampleados), un bajo machacante y voces grabadas de TV o películas que nos agobian de forma claustrofóbica.
El toque final lo ponen nuevamente las guitarras shoegaze.

«On a White Lake Near a Green Mountain» comienza con un Mellotron a lo Tony Banks o Robert Fripp y luego se desliza suavemente como los clásicos de Tangerine Dream de la época de Stratosfear o Encore.
«Noise» sigue en esta misma dirección pero acentuando la candencia con una cascada de guitarras distorsionadas en puro ruido blanco. Participa en el bajo Morgan Daguenet.
Los sonidos de sintetizadores de colección marcan la entrada de «Be Wild«, y a pesar de tener un timbre familiar, el sonido de estos dinosaurios sonoros parece adquirir un nuevo cuerpo en las manos de estos franceses.
La pieza se convierte en una excursión interestelar, cuando las guitarras comienzan a surcar el espacio dejando una brillante estela a su paso.
Una secuencia mecanizada sobre los mismos sonidos sintetizados abre la siguiente pieza: «Cyborg«, mientras la guitarra, un poco mas limpia, adorna el arreglo que corre sobre un ritmo seco y cortante, que los acerca nuevamente a sus paisanos de Air, pero en una versión mas rockera.
Hacia la mitad de la pieza la densidad se hace mayor, con acordes de órgano que rellenan los espacios vacíos hasta crear una sobrecarga sonora.
«0078h» recurre a una instrumentación similar pero con resquicios aurales que son llenados por voces sampleadas.
Los últimos 20 minutos de este disco se reparten entre dos piezas: «Gone» y «Beauties Can Die«.
La primera desarrolla un crescendo similar a los de Godspeed You! Black Emperor pero usando la instrumentación sintética que venimos escuchando desde el comienzo del disco y la segunda abre con sutiles arpegios metálicos de piano eléctrico sobre un colchón de sonidos deslizantes recordando por momentos a los islandeses MUM.
Esta instrumentación comienza a tomar cuerpo, creciendo en densidad de forma similar a las épicas piezas de Sigur Rós.
Hacia los cuatro minutos la pieza comienza a alejarse suavemente hasta el silencio, una de esas grabaciones que se disfruta diferente en formato digital que en un vinyl, donde el ruido de los scratches está varios db por arriba de los sutiles sonidos que se siguen deslizando casi imperceptiblemente en la distancia.
Finalmente se llega a un silencio absoluto de varios minutos (¿o una versión del famoso tema de John Cage, 4″ 33′?) hasta retornar en una subsecuente explosión sonora para cerrar el álbum.
La edición limitada en formato CD incluía algunos temas en directo, dos videoclips y el largo tema de casi 18 minutos que da nombre al disco.
Dead Cities, Red Seas, Lost Ghosts resultó ser una grata sorpresa que, más allá de los siete discos posteriores, sigue manteniendo su estatus como uno de las obras fundamentales de Gonzales y su proyecto M83, quien desde hace años mudó su centro de operaciones a Los Angeles, California.
Gabriel Pérez
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