El 6 de mayo de 2003 el colectivo noruego publicó su sorprendente tercer álbum, con el cual dieron el gran salto internacional
Jaga Jazzist
The Stix
Ninja Tune. 2003. Noruega
Algún día tengo que visitar Noruega. Durante muchísimos años he acumulado gran cantidad de música proveniente de esas latitudes, en particular por mi afición a las grabaciones realizadas por la discográfica ECM, que resaltan la participación de músicos escandinavos.
Desde Jan Garbarek hasta Terje Rypdal, el jazz «nórdico» es uno de mis géneros de cabecera en mi colección discográfica. Desde finales de los años 90 y ya adentrado el siglo 21, la integración de sonidos de jazz con música electrónica me ha hecho seguir con detenimiento el trabajo de Nils Petter Molvaer y del cuarteto Supersilent, y en 2003 una nueva agrupación originaria de Noruega se anotó en esa lista.
Jaga Jazzist era en ese momento un colectivo de 10 músicos que llevaba ya algún tiempo copando titulares en su nativa Noruega, tanto con esta agrupación como en infinidad de proyectos personales que involucraban a los integrantes de esta banda como el mencionado Supersilent, Røyksopp, Motorpsycho, Biosphere, Alog y pare de contar.
Poco a poco el rumor de la calidad de su propuesta se fue expandiendo al resto del mundo, hasta el punto de ser firmados por el sello Ninja Tune y comenzaron a recorrer a paso firme el circuito internacional, incluso ese mismo 2003 estuvieron presentes en el festival Sónar.
The Stix es el tercer larga duración de la agrupación, y el primero con un empuje internacional importante gracias al sello Warner Music en su división noruega
Jaga Jazzist resume de manera genial las propuestas clásicas del Miles Davis «eléctrico» (post- Bitches Brew), el jazz fusión de comienzos de los 70 (antes que se fuera por el mismo despeñadero del rock sinfónico) de Herbie Hancock, Return To Forever y Weather Report, el Sonido Canterbury de agrupaciones como Soft Machine y National Health, el sonido de big band de Carla Bley y la escuela jazzística de ECM de los 80, el post-rock actual de la escuela de Chicago (Tortoise, The Sea and Cake, etc) y la IDM de Aphex Twin, Mouse on Mars y Squarepusher.
«Kitti Wu» da una idea precisa de la dirección de este disco desde el mismo comienzo: instrumentos de viento, vibráfonos, guitarras, loops de ruidos percusivos, sintetizadores y poliritmos de batería, ensamblan una pieza compleja que se expande y se contrae sonoramente para destacar apropiadamente cada uno de los elementos mencionados.
National Health y Bruford vienen rápido a la mente como referencias sonoras.
«Day» incorpora un ritmo drum’n’bass con arpegios de guitarra como base a una melodía doblada por el vibráfono y la trompeta con inclinación hacia el lounge.
«Another Day» mantiene el ritmo drum’n’bass, pero añadiendo solos de trompeta (a la Miles Davis) y de guitarra (a la Alan Holdsworth).
Los efectos de ambiente se hacen mas notorios al comienzo de «Suomi Finland» para servir de fondo a una melodía base de piano, a la que se le sobreponen arpegios de vibráfono que recuerdan a Tortoise, pues además la batería adquiere el golpeteo patentado por John McEntire.
Samplings y «glitches» se suman a la pieza en las partes que baja la dinámica, a modo de textura para los arreglos orquestales.
Este acercamiento anterior es usado también en piezas como «Aerial Bright Dark Round» con un arreglo orquestal flexible sobre ruidos y samples, y «Reminders» con sonidos de ambiente sampleados y un ritmo «cut and paste» estilo Squarepusher, que es complementado de maneral genial por la batería de una forma que suena integrado y orgánico.
«Toxic Dart» sube el tempo de esta mezcla rítmica en donde lo electrónico y lo acústico de confunden, sugiriendo primero la melodía con el sintetizador, luego con el saxo y finalmente con la sección de metales completa.
El efecto cuando entra la banda completa es arrollador.
«I Could Have Killed Him In The Sauna«, con un título por demás sugerente, nos devuelve al ritmo basado en samples, a un tempo mas cercano al trip-hop, poco a poco los músicos entran y salen del centro sonoro, dejando pinceladas de tono a su paso, que se complementan con ese juego de pasarse el relevo.
El comienzo de «Doppleganger» recuerda de nuevo los experimentos abstractos de Squarepusher, ligados con descargas llenas de ganchos melódicos a la Medeski, Martin & Wood, con fantasmales sonidos de Theremin y campanas reminiscentes del Vespertine de Björk.
«The Stix» cierra el disco en la misma línea de las dos piezas anteriores, con un «cut and paste» rítmico, piano eléctrico distorsionado y los clarinetes tratando de crear una línea melódica sobre el caos de fondo, línea que luego es complementada por los saxos y las trompetas, con una orquestación que le debe mucho a Carla Bley.
Jaga Jazzist ha logrado en este trabajo resumir de manera brillante los anteriores 30 años de música creando un collage sonoro de una consistencia increíble y logrando en el proceso un sonido único, que podemos bautizar como el “Sonido Jaga Jazzist«.
Dentro de los intentos de integrar el jazz y la música electrónica, tales como la genial serie «The Blue Series Continuum» de la discográfica Thirsty Ear, este disco de Jaga Jazzist resultó una grata sorpresa, que se convirtió en punto de referencia para futuros intentos de expandir ambos géneros musicales.
Gabriel Pérez
¿Interesado en comprar éste u otro disco de Jaga Jazzist, o merchandising? Como un Afiliado de Amazon, recibimos una comisión por compras realizadas. Gracias



