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La sofisticación de Rufus T. Firefly y el desparpajo de Shego

Rufus T Firefly Alma Occident
Foto: LAB Creative Studio

Una de las fechas más atractivas del Alma Occident Madrid 2025 fue la que unió a la banda de Aranjuez con gran disco nuevo y el cuarteto femenino madrileño tambien con material nuevo

Rufus T. Firefly + Shego
Alma Occident Festival
Concierto en Parque Enrique Tierno Galván, Madrid

(Junio 23, 2024)

Con cada nuevo disco y cada nueva gira, el grupo de Aranjuez, crece en todas direcciones.

Lo de Rufus T. Firefly es un creciente éxito ganado a pulso. Su propuesta es como la de un fino artesano que trabaja cada detalle con esmero y solo lo expone cuando está satisfecho con el resultado.

Víctor Cabezuelo (voz, guitarra, sintes) y Julia Martín-Maestro (batería, voz, diseño de arte), el núcleo de la banda, han sabido llevar adelante un proyecto que ya llega a su octavo disco (el primero LP doble) y que el próximo año cumplirá 20 años de sus primeras andaduras.

Cuando uno sigue la dinámica de la banda fácilmente se comprueba que este es un modelo exitoso de autogestión -aunque ello haya significado sangre, sudor y lagrimas- no solo en el aspecto creativo sino en todo lo que se necesita para que tu trabajo sea conocido (discos, conciertos, promoción, relación con medios, redes sociales).

El concierto en Alma Occident no fue cualquiera. Presentaban su nuevo disco en Madrid, Todas las cosas buenas, un trabajo de alta costura en el que se cuelan además de las influencias ya conocidas ligadas con la psicodelia pop, ritmos de bailes, pinceladas soul y funk, y de latin rock…




La disposición en el escenario respecto a conciertos pasados varió sustancialmente, con Julia ubicada en el centro, Víctor a un lado y el percusionista Juan Feo al otro, con Carlos Campos (guitarra) y Miguel de Lucas (bajo) detrás algo mas elevados. Más a la izquierda (nuestra derecha), se ubicaba Manola, quien hizo una contribución maravillosa en teclados y segunda voz.

El disco nuevo fue la base del repertorio, del cual dejaron fuera apenas tres temas de un total de 14 que lo conforman. Es un hecho no menor y no tan común que un grupo decida darle absoluta prioridad a las canciones que aún no están maduradas -en apariencia- en el directo ni en el público.

Pero, en el caso de Rufus T. Firefly, como ocurre con selectos grupos como Radiohead, su público no es cualquier público, y ya con el disco anterior había quedado claro que todos esperan cada nuevo disco como quien espera la apertura de un cofre con tesoros. Es lo que tiene trabajar al lado de tu público cada día, sintiendo una cercanía mutua y una retroalimentación que se torna en complicidad.

Pero no es una licencia gratuita. Percibir que cada canción fluía como si llevaran años tocándola denota que hay muchísimas horas de ensayo y un trabajo meticuloso en el que cada nota, cada acorde, cada solo, cada redoble de batería, está pensado y ejecutado con precisión, seguridad y sobre todo con emoción.

El componente femenino (1/3 de la banda) tuvo un protagonismo especial. Por un lado Julia creciendo cada vez más como baterista, cantando como solista de manera brillante en algunos pocos temas, y sobre todo realizando notables ritmos y redobles, incluso un corto pero brillante solo en el intro de “El principio de todo”.

Y por el otro, Manola, con unos teclados maravillosos, y diversas intervenciones vocales -generalmente complementarias o haciendo armonías- que son como bálsamos.

Así, con el ritmo pegadizo de “El coro del amanecer” -con Julia en rol vocal principal- abrió fuegos pasadas las 22:30h, con un público siempre atento y entregado. Para el sexteto era sin duda un reto, en una noche con competencia de conciertos.




La envolvente “Camina a través del fuego”, siguió en el orden, y en ella destacó una base rítmica de ritmo funk aletargado y expresivas guitarras.

Los delicados teclados dan inicio a “Ceci n’est pas une pipe”, con Julia otra vez en la voz solista, haciendo un remarcable trabajo también la batería. Es una pieza con el reconocible sonido de Rufus.

Antes de seguir con la revisión de Todas las cosas buenas, tocaron “Lafayette”, la primera de dos canciones del álbum anterior, El largo mañana (2021), con el cual la banda giró extensamente por España (leer crónicas aquí y aquí). Es un tema que incorpora elementos funk latinos y una estupenda segunda voz de Manola.

Siguieron con “El principio de todo”, con un aplaudido solo introductorio de Julia, el cual da paso a un tema de aroma psicodélico que la mayoría cantó, notable detalle tratándose de un disco recién publicado.

No hicieron falta demasiadas palabras entre canciones. El discurso musical era lo suficientemente poderoso, apoyado por una cuidada puesta en escena que a lo largo del show fue intercambiando el color de la pantalla posterior, de modo que durante largos pasajes los músicos lucían como siluetas.

Sin pausa tocaron “La Plaza”, otra pieza que parecía una vieja conocida a juzgar por la recepción y la forma en que la gente cantaba. “Hay una nueva canción en su cabeza / Una fuente de color que se desborda / Una promesa que ya no le importa / Una luz que nunca se apaga / Cree que perder el tiempo en recordar es una puta estupidez / Me dice que la gente viene y va, que lo importante es aguantar / Me abrió su corazón y vi un puñal que cada día se clava más / Todos tenemos un alma que vender, y sé que ella no lo hará

El tema que da nombre al nuevo disco lo conduce un riff de guitarra, aunque con matices a lo largo de su desarrollo. La poética letra dice en parte: “ La madrugada quiso cantar / Y las estrellas eran las cuerdas / De una guitarra universal / Que resonaba en la distancia / Y en la infinita inmensidad / Todas las cosas que me importaban / Estaban cerca

La vocalización de Manola en el tramo final puso la guinda




Aunque “Lumbre” es una pieza gentil -tanto por las voces, como por el piano y la melodía-, nos dio el solo de guitarra más explosivo de todos los temas nuevas. Dio paso a “Trueno azul”, otra pieza de cierto sosiego, con capas de teclados magníficos. Al final se acelera y desemboca en “Dron sobrevolando Castilla-La Mancha”, el tema mas festivo y “dance” y que denota que se han incorporado nueva influencias como la de LCD Soundsystem, Caribou o Bombay Bycicle Club

Finalmente Cabezuelo se dirigió al público y lo que siguió fue el momento mas conmovedor de la noche con “Canción de paz”, convertida precozmente en un clásico de la banda y que dejó todo servido para la trilogía final conformada por “Sé dónde van los patos cuando se congela el lago” y dos de Magnolia (2017), “Rio Wolf” y “Nebulosa Jade” , indispensables temas, testimonios de un pasado reciente de altos quilates que ha llevado a Rufus T. Firefly, con paso firme y seguro, al Olimpo del rock español

Foto: LAB Creative Studio
Foto: LAB Creative Studio

Foto: LAB Creative Studio
Foto: LAB Creative Studio




El desparpajo de Shego

La jornada había sido inaugura por el cuarteto femenino Shego, conformado por Maite Gallardo (voz, guitarra), Raquel Cerro (voz, guitarra) y Charlotte Augusteijn (bajo), a quienes se suma Elena Sabio, magnífica en la batería.

Los que habían ido a ver solo a Rufus T Firefly -evidentemente otro target- fue notable que supieron conectarse con estas cuatro desenfadas chicas, que nos regalaron una hora y quince minutos fantásticos. Una parte del publico, notable por la fiesta que montó con cada canción, acudió para disfrutar de Shego, estrenando su primer larga duración, No lo volveré a hacer (2025)

¿Qué es Shego? Buena pregunta. En España hay y ha habido grupos femeninos de mayor o menor impacto. Shego -creo no equivocarme- gestiona los códigos de “desenfado” e “irreverencia” de manera inteligente y bien dosificada, tanto en la estética visual como discursiva, con un componente musical ligado con el punk melódico, la new wave y el rock garajero.

Digamos que Shego posee todos los componentes en su justa medida para llegar sin paliativos a un público juvenil -principalmente femenino a juzgar por la euforia que desató en muchas presentes que cantaron cada tema- pero -reconozcamos- también en un público más adulto desprejuiciado y variopinto. Es decir, tienen encanto y carisma. Como instrumentistas no son virtuosas -ni falta hace-, y son lo suficientemente solventes como para que las canciones suenen como tienen que sonar: directas y pegadizas.

Las voces son el componente central (y las letras, varias de ellas con un buen manejo de la ironía), y si bien de vez en cuando hubo alguna desafinación, posee el mérito añadido de construir armonías y cantar juntas en muchas ocasiones. Entre ellas se reparten las responsabilidades.

Shego en Alma Occident Madrid
Foto: Juan Carlos Ballesta




Siempre es interesante proyectar e imaginar a un grupo como Shego décadas después, cantando canciones convertidas en himnos generacionales como “Aunque duela”, “Oh Boi”, “Manifesting”, “arghHhh!”, “No quiero” (“Busco en la cocina mi ropa interior / Juego al escondite / No puedo quedarme a dormir, yo no quería follar / Yo te quería follar y ahora me quiero ir / No puedo ni quiero ni debo / No puedo ni quiero ni debo”), “Que muera el amor” (“Sí, puedo ser una zorra / Puedo dar mucho miedo / Puedo hacerlo yo sola / Puedo ser un infierno”), o la más reciente “Curso avanzado de perra”.

A pesar del intenso calor que las afectaba, las cuatro se ganaron al público y dejaron claro que llegarán tan lejos como se lo propongan y las circunstancias permitan.

Juan Carlos Ballesta