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The Beach Boys y Pet Sounds: A medio siglo de un hito discográfico

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Pet Sounds

El 26 de mayo fue publicado el undécimo álbum y obra cumbre de la banda californiana y uno de los grandes pináculos de la música pop

The Beach Boys
Pet Sounds

Capitol Records. 1966. EE UU

 

Las atractivas armonías vocales de The Beach Boys llegaron a mis oídos cuando tenía 9 años de edad con el álbum Sunflower (1970) y el tema “Tears in the Morning”.

Eran mis días de radio, eran días de un mundo diferente al que hoy vivimos. Recuerdo que esa canción sonaba con insistencia y hasta era motivo de aquellas competencias donde el disc jockey hacía escuchar dos o tres temas y, por votación de los oyentes, presentaba a la canción ganadora sin interrupciones y, en ocasiones, traducida al español para deleite de nosotros, aquellos para quienes el inglés era algo un tanto extraño pero atractivo. Sin duda, los años lo van curtiendo a uno.

The Beach Boys es ciertamente una banda referencial dentro del rock y más específicamente de la llamada onda ‘surf’ y de la psicodelia americana pero con un sonido más accesible si se les compara con algunos de sus contemporáneos.

El álbum Pet Soundslanzado en mayo de 1966, representa, dentro de su vasta discografía, el Dark Side of the Moon o el Rubber Soul de estos chicos de la playa. Y como a veces sucede, este álbum es uno de esos que parece cobrar valor con el paso del tiempo.

Sí, así como el buen vino que con un sorbo nos atrapa y con doce más nos embriaga hasta la médula sin más consecuencias que el pleno disfrute de un grato encuentro, así es Pet Sounds, que en 1966 era ya el onceavo disco de la agrupación californiana.

Brian Wilson es la figura central de esta banda que durante 55 años, con sus altos y bajos y algunas desavenencias entre sus integrantes, ha permanecido activa con una música fresca, bien definida e influida por una diversidad de géneros que incluyen la música barroca, la balada pop y una clara influencia vocal rica en armonías que solemos encontrar en estilos como el doo wop, R&B, góspel, espirituales y la música a capella.

The Beach Boys delineó su estilo con ellas para evocar un romance, los carros de moda y el surf, elementos indisolubles de lo que se dio por llamar el “California Sound”, una música asociada a un estilo de vida hedonista, despreocupada y fiel retrato de la vida playera de la juventud del sur de California, Estados Unidos, que estéticamente encontró en el sonido de la ‘guitarra surf’, un  elemento determinante en músicos como Dick Dale y más pertinente en lo vocal con dúos como Bruce & Terry, Jan & Dean pero que sin duda tuvo su máxima y permanente expresión en The Beach Boys.

En aquellos días de vinilo que tanto limitaban la duración de la experiencia musical, Brian Wilson compuso 13 temas (poco más de 35 minutos), en algunos casos coescritos entre él, Mike Love y Terry Sachen, con textos de Tony Asher, para así contarnos otras historias con una musicalidad que 50 años después han hecho de Pet Sounds una piedra angular en el desarrollo del rock a través de la experimentación, empleando elementos de la electrónica, la psicodelia y hurgando en texturas orquestales y otras sonoridades más exóticas como las del electro-Theremin, un tren y ladridos de perros.

El alcance o influencia de éste álbum ha impactado a músicos, críticos, literatos y artistas de diversas corrientes por igual, en especial a bandas norteamericanas como Mercury Rev, The Flaming Lips y otras por el estilo.

Y es que al uno sacarlo del estante para escucharlo una vez más, en lugar de encontrarse sólo con un recuerdo, se encuentra con una experiencia de un sonido fresco aún cargado de cierta inocencia pero que al mismo tiempo nos toma por sorpresa, como se aprecia en el tema título. Un hermoso y raro instrumental con un dejo que recuerda a Burt Bacharach.

La evocadora “God Only Knows”, con un claro aire barroco, destaca por el uso del corno francés, el clavicordio, un cuarteto de cellos y violas, y el uso de cascabeles, dándole al tema un carácter sinfónico.

Como dato curioso, la palabra Dios es usada en el título. Algo nada común en aquellos días. Hacia el final, el título es repetido cíclicamente a modo de canon.

Ciertamente una de las más atractivas de este excelente álbum que entra en esa categoría de ‘opus’ surgidos de conflictos como Rumors (1977) de Fleetwood Mac o Let it be (1970) de The Beatles, pues Pet Sounds apunta a ser más un trabajo de Brian Wilson (retirado de las giras un año antes) que el resultado de un esfuerzo grupal, lo que para aquella oportunidad hizo que el resto de la banda no aceptara de buenas a primera el material por considerarlo deslindado de lo que hasta ese momento venían haciendo,

Se creó así un cierto desaire y tensión entre Wilson, quien además se encargó de toda la producción, y el resto del grupo. Wilson escribió casi la totalidad de los temas con un hilo conductor líricamente en lo sentimental pero instrumentalmente en lo experimental, sugiriendo un álbum conceptual más por la excelencia musical como un todo que por una narrativa o historias conexas entre sí, lo cual en mi opinión no es el caso de Pet Sounds.

Otro momento muy interesante del álbum es “Let’s Go Away for a While”, instrumental de gran belleza reflejado en la orquestación y la dinámica cuyo tinte especial se encuentra también en el uso del oboe, el saxo, los violines y una guitara tocada con slide (botella en este caso). La percusión también resalta disolviéndose en el final.

El tema es seguido de una rareza en el contexto ya que se trata de una canción tradicional originalmente titulada “The John B. Sails” y acá presentada bajo el titulo de “Sloop John B” en la cual destaca, entre otras cosas, el acompañamiento musical de un grupo de músicos de sesión colectivamente conocidos como “The Wrecking Crew” y detrás del cual estaba el famoso productor Phil Spector.

Otra canción relevante es “I Know There’s an Answer”, que resulta de la experiencia de Wilson con el LSD. La pieza destaca por el solo de saxo acompañado del banjo, pero también por el uso de la armónica baja y lo que suele llamarse tac-piano, que no es otra cosa que clavos y tachuelas puestos en el fieltro que cubre a los martillos que percuten las cuerdas, creando en consecuencia un peculiar sonido. El tema tuvo además cierta controversia por una disputa legal sobre la autoría entre Mike Love y Brian Wilson que finalmente fue resuelta en corte a favor de Love.

Entre mis favoritos está el tema que cierra el CD, “Caroline, no” coescrita junto a Tony Asher. Esta hermosa balada sobre un amor no correspondido incorpora una alteración en la clave original para la cual fue escrita. La idea fue hacer la voz de Wilson sonar más joven. El final de la canción nos deja escuchar un tren y el ladrido de perros al paso de éste. Una hermosa versión de este tema fue grabada por el grupo America para su álbum Back pages (2011).

No he querido abordar la totalidad del contenido del álbum para que sea el lector quien descubra por qué es considerado material esencial dentro de la historia del rock, al punto de formar parte de la colección de la Biblioteca del Congreso y el Registro Nacional de Grabaciones por su importancia estética, cultural e histórica.

Este año 2016 nos regala una inmersión total en Pet Sounds, con una edicón 50 aniversario que contiene las versiones remasterizadas en estéreo y mono, instrumentales, demos, tomas alternas, en vivo y otras joyas que quedaron fuera de aquella legendaria sesión de grabación, todo acompañado de un libro tapa dura pleno de información.

Leonardo Bigott

Edición 50 aniversario:

Pet Sounds