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La emotiva ceremonia de Beth Gibbons en el Botánico

Beth Gibbons en Noches del Botánico
Foto: Víctor Moreno / Noches del Botánico

La inconfundible y venerada voz de Portishead ofreció un concierto que convirtió en un acto ceremonial con énfasis en las canciones de Lives Outgrown

Beth Gibbons (+ Amos Lee)
Concierto en Real Jardín Botánico Alfonso XIII, Universidad Complutense, Madrid
Noches del Botánico

(Julio 15, 2025)

No hizo falta más de una hora y quince minutos para que Beth Gibbons pusiera a flotar a todos los privilegiados presentes en el Botánico. Cuesta creer que no se haya puesto el cartel de “sold out” a un concierto que desde que se anunció ya sabíamos nos iba a remover hasta las lágrimas.

Con Portishead en hibernación desde hace ya demasiado tiempo (su última serie de conciertos data de 2014 y 2015 y su más “reciente” eslabón discográfico sigue siendo Third de 2008), Beth finalmente cristalizó en 2024 sus muchas inquietudes acumuladas en Lives Outgrown, una de las grandes joyas de la década.

El disco contó con la inestimable ayuda de James Ford y Lee Harris (ex Talk Talk y .O.Rang), creando un intrincado entramado instrumental que se antojaba complicado de llevar al directo. Pero Gibbons lo ha logrado de una manera notable, acompañada por siete músicos de altísimo nivel que ayudan a que cada tema tenga su propia personalidad, bajo la conducción de la emotiva voz de Beth.

Quizá por lo complejo de los arreglos de cada tema y lo exigente del performance el repertorio alcanza solo los 75 minutos, aunque la audiencia -claramente conocedora y amante de su obra- aceptó con agradecimiento el ofrecimiento, setlist que incluyó dos temazos de la recordada colaboración con Rustin Man (Paul Web) de 2002, Out of Season, y otras dos de Portishead, una cantidad adecuada para no convertir esta etapa actual tan personal en algo meramente nostálgico. Los cuatro temas del pasado, funcionaron como recordatorio de quien es y de dónde viene Beth.




¿Qué decir de la banda? Siete músicos sorprendentemente versátiles, especialmente el pulpo todoterreno Howard Jacobs, quien rodeado de xilófono, timpani, clarinete bajo, vibrafón, saxo, flauta, tin whistle, gong y diversos instrumentos de percusión, algunos de los cuales activaba con pedales, fungió como especie de hechicero.

La pareja a nuestro lado derecho, Emma Smith (violín, coros y ocasional guitarra) y Richard Jones (viola, coros y guitarra eléctrica) fue clave en el sonido pastoral pero también dramático y explosivo.

Sophie Hastings funcionó a la perfección en la batería, recreando todos los ambientes rítmicos creados por Lee Harris y también de los temas ajenos al disco; Eoin Rooney en las guitarras eléctricas y acústicas y el bajista Tom Herbert, ubicados al costado izquierdo y casi al borde del escenario, proporcionaron una base sólida para el resto, sumando estupendos coros; mientras que el teclista Jason Hazeley, ubicado al medio justo detrás de Beth, se encargó de los colchones sonoros, varios solos y de llevar el peso melódico.

Beth Gibbons en Noches del Botánico
Foto: Víctor Moreno / Noches del Botánico

Beth apareció en escena junto a los músicos, sin artificios, tímida y natural como es ella, sin una vestimenta especial sino cómoda. Y de inmediato se hizo el silencio. Todo el botánico suspiraba y como quien acepta de buena gana participar en una ceremonia, un silencio colectivo convertido en signo de respeto y admiración, permitió a Beth total concentración.

Beth Gibbons es una cantante especial y única. Mientras canta se cuelga del micrófono y de ahí no se mueve. Su voz es exquisita, evocadora, envolvente, telúrica en ocasiones, melancólica casi siempre. Entre estrofas da la espalda, se encorva, se ensimisma, se deja llevar por sus músicos.

Las luces cálidas, nunca agresivas, ayudaron a crear la atmósfera de intimidad, mientras que la sutil bruma combinada con los colores de las luces, la envolvía dándonos la sensación de estar frente a una sacerdotisa que nos hablaba y reflexionaba sobre su vida, los dolores, las pérdidas, los amores y desamores, la ansiedad, los cambios físicos y otros aspectos existenciales.

La prístina guitarra acústica anunciaba “Tell Me Who You Are Today”, a la que se unía la batería tocada con mazos. No es casual que esté ubicada al principio ya que Beth utiliza la primera frase para desarmarnos y dejarnos entrar en su mundo: ““Si pudiera cambiar la forma en que me siento / Si pudiera hacer que mi cuerpo sanara / Libre de todo lo que escucho en el interior”.

El acento acústico continuó en “Burden of Life”, con gran presencia de viola y violín,  y entonces “Floating on a Moment” nos envolvió sin remedio. La audiencia en pleno entró en sintonía absoluta.

Siguió “Rewind”, uno de mis temas favoritos de Lives Outgrown por el carácter de dosificado frenetismo. Por primera vez Jones mutaba a la guitarra eléctrica para aportar ruidismo controlado, mientras las percusiones se desbocaban y frenaban el ímpetu. Magistral




Luego “For Sale” nos introdujo ciertas sonoridades orientales. Una pieza de carácter folk que sirvió de preámbulo a uno de los momentos más emotivos: “Mysteries”, pieza que forma parte de aquel disco con Rustin Man que en su momento -2002- ponía a Gibbons de nuevo en el mapa tras varios años de silencio.

Lágrimas rodaron por muchas mejillas y suspiros se oyeron aquí y allá. ¡Que capacidad la de Beth para desarmarnos con esa parte final en la que vocaliza como en un lamento alejada del micrófono! ¡Parecía un Theremin!

Y tras ese performance saludó por primera vez repitiendo varias veces en español, “muchas gracias”.

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Beth Gibbons en Noches del Botánico
Foto: Víctor Moreno / Noches del Botánico

No fue el único tema de ese disco que abordaron, ya que tras la tristeza de “Lost Changes” (“Me di cuenta de cómo era la vida sin esperanza / Y esa fue una tristeza que nunca había sentido / Antes, tenía la capacidad de cambiar mi futuro / pero cuando estás frente a tu cuerpo / no puedes obligarlo a hacer algo que no quiere hacer”) y el vals melancólico que toca el tema de la menopausia, “Oceans”, se adentraron en “Tom The Model”, que sonó mas vital que nunca con ese espíritu a mitad de camino entre un spaghetti western y Portishead.

Majestuosos violines entremezclados con el inmenso clarinete bajo y el órgano fueron claves en la sonoridad oscura.

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Beyond the Sun”, construida sobre la base de un ritmo tribal a lo Dead Can Dance, trajo una especie de halo de luz gracias al coro “pa pa pa pá pa pa pá…”, al tiempo que la pieza ganaba en intensidad y entraba en una fase de delirio dificil de traducir en palabras.

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Beth Gibbons en Noches del Botánico
Foto: Víctor Moreno / Noches del Botánico

Con “Whispering Love” y la flauta que recuerda los los momentos pastorales de los primeros tiempos de King Crimson y Genesis, junto a la exquisita guitarra acústica, literalmente flotamos. Se nos habia olvidado el intenso calor que hacía, aun pasadas las 11 de la noche.

Beth nos había hipnotizado. Con su reiterado “muchas gracias” lleno de candor, se retiraron.




Pero faltaba un trío final de temas que terminaron de ubicar este concierto entre los mejores que haya podido presenciar en mi vida. No se si es mejor en teatro con aire acondicionado y sentado, pero estando cerca es un privilegio. Se pueden precisar sus gestos y a cada músico en detalle, lo cual es un valor agregado sobre todo en el caso de Jacobs.

Pues bien, de vuelta al escenario, la sacerdotisa nos ofrendó una primera interpretación memorable hasta el llanto. Se trataba de “Roads”. Acompañada básicamente por el piano Fender Rhodes, violín y viola, un sutil redoblante con escobillas, unos acordes de guitarra dosificados y un bajo que al final pone la guinda. El nivel de bucolismo de esta interpretación en un lugar como el Botánico dudo que tenga precedentes y nadie de los presentes olvidará.

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En medio de la ovación cerrada sonó el reconocible redoble y la guitarra wah wah que identifica a la rompecorazones “Glory Box”, que al igual que “Roads”, pertenece a uno de los más relevantes álbumes debut de la historia de la música: Dummy (1994).

Con el conocido sample de Isaac Hayes, y el ritmo contenido que Hastings logró a la perfección, fueron pocos los que no cantaron “Give me a reason / To love you / Give me a reason to be / A woman / I just want to be a woman

Fue un momentazo para Rooney interpretando los solos de guitarra, vitales para la pieza, y por supuesto para Hazeley en los teclados.

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Algunos esperaban “Sour Times”, pero el final fue con “Reaching Out”, la única que faltaba de Lives Outgrown y que habla de una ruptura, o al menos de un desencuentro amoroso. De nuevo Jacobs despliega todo su arsenal.

La larga y calurosa -nunca mejor aplicado- ovación mantuvo a Beth al borde del escenario, firmando discos y abanicos que le daban algunos presentes, hasta que pasados un par de minutos se retiró con agilidad haciendo gestos de agradecimiento.

Y, solo entonces, emprendimos la retirada entre conmovidos, removidos, agradecidos y sobre todo maravillados antes semejante avalancha de sentimientos.

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Resumen del concierto (resto de canciones sin videos individuales)

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Amos Lee: canciones simples con gancho

El cantautor nacido en Filadelfia, Ryan Anthony Massaro alias Amos Lee, se presentó sin su banda, con tres guitarras acústicas que iba escogiendo a veces con cierta indecisión.

Lee echó mano a un variado repertorio tomado de sus once discos, discografía que comenzó hace justo 20 años, en 2005. Su concierto con el sol casi de frente y el calor en su máxima expresión se extendió quizá demasiado, durando hora y media, más que el de Beth Gibbons.

A pesar de ello, Lee supo entretener a una audiencia aún exigua pero que sin embargo demostró conocerlo. Entre los 15 temas que interpretó hubo varios que fueron peticiones del público como “Colors”, “Worry No More” -en la que puso a cantar a muchos-, “Sweet Pea”, “Hang On, Hang On” (dedicada a la recién fallecida Olga, madre de una asistente), “Arms of a Woman” y la última, “Windows Are Rolled Down

También incluyó una buena versión de “Lovely Day” de Bill Withers y una interpolación del tema de Fleetwood Mac, “Landslide”, unida con su canción “Violin”.

Amos Lee en Noches del Botánico
Foto: Víctor Moreno / Noches del Botánico
Amos Lee en Noches del Botánico
Foto: Víctor Moreno / Noches del Botánico

El momento mas emotivo fue el estreno de una nueva canción llamada “Caminando” que cantó en español. Antes de interpretarla hizo una breve pero suficientemente clara exposición sobre la locura que se vive en Estados Unidos actualmente, y contó que estaba inspirada en una mujer salvadoreña migrante en Estados Unidos, cuya compleja travesía por encontrar una vida mejor para ella y su familia, le conmovió. Y más aún sabiendo el incierto destino.

Amos Lee se mueve con destreza entre el folk, el country, el soul, y eso que llaman “Americana”, que en realidad no es mas que la música de la Norteamérica profunda pero con una visión contemporánea. Por momentos nos recordaba a Jeff Buckley, a Bob Dylan, John Prine, Chet Baker, Norah Jones o Sean Beam, un registro de voz versátil con recursos diversos.

Su simpatía ayudó bastante en ese dificil proceso de ver un concierto en semejantes condiciones climáticas.

Juan Carlos Ballesta