El cantautor nacido en Maryland ofreció en Madrid un inolvidable concierto en formato cuarteto, estrenando nuevas canciones y revisitando su catálogo
Bill Callahan
Concierto en Sala La Paqui, Madrid
(Abril 17, 2023)
Un escenario austero con dos amplificadores Fender y una legendaria batería Slingerland de cuatro tambores, nos recibía. Al centro, un micrófono a casi dos metros del suelo del escenario. Esa desnudez decía mucho.
Bill Callahan es, a no dudarlo, uno de los más genuinos representantes de la música más auténtica y descarnada de la Norteamérica profunda, un diamante que a pesar del tiempo transcurrido desde que inició el proyecto Smog hace ya más de 30 años, sigue estando en estado puro y en absoluto estado de gracia.
El concierto que presenciamos un grupo de privilegiados, absortos y conmovidos seguidores de su obra indispensable, es de esos que no se olvidan. Lo de Callahan es realmente honesto, libre de imposturas. No le hacen falta artificios de ninguna naturaleza. Ni él ni sus tres músicos siquiera usaron in-ears, los auriculares inalámbricos tan populares entre los músicos, que hacen escuchar la mezcla de monitores de manera directa, pero te desconectan del entorno -el escenario y el público-.
Callahan y sus tres fabulosos músicos (el inseparable Matt Kinsey en guitarra eléctrica, el singular y ya legendario Jim White de Dirty Three en la batería y el sorprendente Dustin Laurenzi en el saxo) se escuchaban unos a otros con el sonido que ofrecen los clásicos monitores a ras de pies, a la vieja usanza. Se miran, se sonríen. Cómplices de una velada íntima, mántrica, arrebatadora, especial.
Dos guitarras eléctricas y dos instrumentos acústicos se complementaron de manera sorprendente, sin necesidad de bajo o teclados. Tampoco aparecieron las guitarras acústicas que dominan las grabaciones originales de muchas de las piezas.
Del sosiego y la melancolía del más conmovedor country-folk y de eso que se ha dado en llamar Americana, pasaban sin darnos cuenta a pasajes cercanos al free rock a la manera de Sonic Youth, el Lou Reed más atonal, Low en tiempos recientes, o un Swans menos denso, donde la improvisación controlada generó varios crescendos memorables.
Con la conocida canción de Carly Simon, “Haven’t Got Time for the Pain”, de telón de fondo, hicieron su aparición los cuatro músicos y sin mucho preámbulo Bill espetó a cortar la canción.
De inmediato comenzó el inicio del viaje con “First Bird”, la primera de las siete canciones de Ytilaer (Reality en el espejo), el reciente disco de Callahan que califica como uno de sus mejores, lo cual es decir mucho. Forma parte de nuestra lista Los 100 mejores discos de 2022 alrededor del mundo
Solo escuchar este primer tema nos hizo pensar que asistíamos a un concierto inolvidable. El saxo, no tan habitual en la música de Callahan, tuvo especial protagonismo, recordando a veces a Dana Colley en Morphine, y quizá sin querer también a Niels van Hoornblower en The Legendary Pink Dots. Las dos guitarras se complementaron brillantemente, la Fender de Callahan con sonido natural y la Gibson de Kinsey más envenenada.
Pero fue con “Everyway” que caímos seducidos para el resto del concierto, gracias a la combinación magistral de la batería de White, el delicado saxo de Laurenzi, el hipnótico slide de Kinsey, y los melancólicos acordes de Bill.

El terreno estaba abonado para “Bowevil”, con la voz barítona de Callahan en su máximo esplendor. El ritmo repetitivo sirvió para todo tipo de virguerías de Kinsey, al tiempo que el saxo jugueteaba y recordaba a Morphine.

El saxo y el ritmo tribal condujeron “Hit the Ground Running”, interesantísima revisión in crescendo del tema de Smog perteneciente al disco Knock Knock (1999). Bill, aprovechando el tempo galopante del tema, nos mostró por primera vez su singular paso de baile, especie de pequeño salto que parece fuera el inicio de un galope, pero sin moverse del sitio.

De nuevo al presente, abordaron “Coyotes”, una pieza melancólica y ensoñadora, con una larga introducción instrumental en la que el saxo lleva el protagonismo, mientras las guitarras serpentean como soporte de los versos confesionales de Bill: “Sí, yo soy tu amante / Sí, lo soy / Tu amante, amante, amante / Los coyotes se están poniendo más audaces / vienen a mirar / el perro duerme / ella duerme mas tarde / Y después / A medida que ella envejece / Y se hace más vieja / En sus sueños ella es coyote / Que por supuesto es lo que solía ser / Un sueño de un coyote / Cuidando de ti y de mí”
El caos controlado se apodera del tema en el tramo final, mientras Bill repite “tu amante” muchas veces, terminando de forma ralentizada ante los sonoros aplausos de toda la audiencia.
“Keep Some Steady Friends Around” fue la segunda pieza de Smog, esta vez del disco Rain on Lens (2001). White se encargó de construir el entramado rítmico, con una sonoridad ahogada gracias a una tela encima del redoblante y sin el chirriador del redoblante, telón de fondo para las guitarras.

El corto tema sirvió como preámbulo para la épica “Drover”, del disco Apocalypse (2010), que empieza con los versos: “La gente real se fue / Pero encontraré una mejor manera, algún día / Dejándome solo a mí y mis sueños / mi ganado / y un resonador”
La interpretación era, sin duda, el punto álgido hasta ese momento. Guitarras fantasmales y ruidosas de Kinsey, Bill en trance vocal, el saxo creando atmósferas y la batería matizando aquí y allá.

Pero quedaban muchas más emociones. La lánguida “Cowboy” de Gold Record (2020) casi nos hace llorar. “Bueno, he estado viviendo como un vaquero / En la tarde, una película tardía / Todo lo que necesito es whisky, agua, tortillas y frijoles / Y carne de búfalo, una vez por semana / Y darme un poco de amor / Cuando llego a la ciudad…”
El trabajo de las guitarras fue realmente sensacional, mientras White demostraba cuán maestro es en los matices.


El disco Dream River (2013) estuvo representado por “Small Plane”, pieza sosegada en la que la voz de Callahan suena a terciopelo. Un silencio absoluto se hizo en la sala para disfrutar de esta delicada pieza matizada por un saxo sinuoso, platillos y toms lejanos, y una exquisita guitarra slide.
Subyugados por Bill Callahan una noche de lunes primaveral. Mejor imposible.

White comenzó “Partition” tocando sobre un pandero puesto encima del tom, y las guitarras rápidamente se apoderaron de la conducción de uno de los temas de Ytilaer más intensos y mántricos, casi recordando a Swans en uno de sus laberínticos temas. El crescendo fue sensacional, con Bill repitiendo “Haz lo que hagas / haz lo que hagas / haz lo que tengas que hacer / Haz lo que tengas que hacer”
El trance fue colectivo. Bestial.
Que duda cabe que “The Mackenzies” es una de las historias más atractivas de Callahan, una especie de crónica sobre una familia vecina, Los Mackenzies.


Dio paso a “Naked Souls”, pieza de ritmo lento e hipnótico -con el saxo casi en un bucle- que funciona para que Bill cante en modo suplicante: “Dios destruye estas almas desnudas, desnudas / Dios destruye estas almas desnudas, desnudas, desnudas, desnudas”
Nueve minutos directos al corazón

De nuevo viajamos a finales del siglo 20 con “Teenage Spaceship”, pieza de Smog que sonó como una cápsula del tiempo. La densidad de las guitarras funcionó como una especie de manto envolvente.
No sabíamos en ese momento que eran ciertas las palabras de Bill, “tenemos una canción más para ustedes”. No hubo bises porque según quedó claro con el anticlimático desalojo de la sala, no se disponía de más tiempo. Ni siquiera fue posible volver al kiosko de merchandising, porque simplemente ya no existía.

El final con “Planets” (de Ytilaer) fue apoteósico y aunque en el setlist ponia que aún faltaban las magníficas “Too Many Birds” y “Natural Information”, el desarrollo de la pieza entrando en un largo caos sonoro digno de “Cop Shoot Cop” de Spiritualized (Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space, 1997), funcionó muy bien como final. De nada sirvió la euforia del público. No hubo retorno. Las luces se encendieron y sin anestesia nos enviaron a la calle.
Bill Callahan no tiene parangón. No importa lo que haga y como lo haga, el resultado es de alto impacto emocional.
Uno de los mejores conciertos en mucho tiempo. ¡Thank you so much, Bill!
Juan Carlos Ballesta




