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Psychocandy: el lisérgico debut de The Jesus and Mary Chain

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Psychocandy

El 18 de noviembre de 1985 el grupo de los escoceses William y Jim Reid irrumpió con el brutal primer álbum envuelto en feedbacks guitarreros

The Jesus and Mary Chain
Psychocandy

Blanco y Negro. 1985. Escocia

Uno de los más sorprendentes, influyentes y explosivos álbumes debut de la rica historia del pop británico es, sin duda, Psychocandy, el disco con el cual los hermanos William y Jim Reid irrumpieron en la escena musical de los años 80.

La primera señal de The Jesus and Mary Chain había ocurrido en noviembre de 1984 con la edición del single “Upside Down”, con la versión de “Vegetable Man” de Syd Barrett en el lado B.

El grupo, que para entonces completaban el bajista Douglas Hart y Murray Dalglish en la batería, había sido firmado por el joven sabueso Alan McGee, copropietario de Creation Records, sello recién creado y que pronto se convertiría en uno de los más importantes de la escena independiente hasta su desaparición en el año 2000.

Influidos por el punk, el synth pop y sobre todo por The Stooges, Velvet Underground, Suicide, el primer Pink Floyd, Muddy Waters, Bauhaus, Joy Division, The Ramones, Siouxsie and The Banshees, The Sangri-Las y el concepto de wall of sound de Phil Spector, los hermanos Reid llevaban años ensayando y dándole forma a un grupo, hasta que en 1983 se decidieron a grabar varias canciones con un Portastudio de 300 £ comprado por su padre. El resultado lo enviaron a varias discográficas.

Eran los tiempos de transición entre la era analógica y la digital, nacía comercialmente el CD, MTV era una nueva ventana de promoción, el synth pop copaba el interés, y la llamada escena indie recogía una amplia variedad de propuestas ligadas con el post punk.

En medio de ese panorama, The Jesus and Mary Chain llegó como un volcán en erupción, con un puñado de canciones de espíritu pop pero totalmente envueltas en feedbacks y distorsión. Fue, sin duda, la manera de diferenciarse de todo lo que ocurría a su alrededor.

En mayo de 1984, ya habían dejado su nativa East Kilbride al sur de Escocia, para afincarse en Fulham, Londres. De inmediato comenzaron las presentaciones en diversos locales ante público escaso, con shows de apenas 20 minutos en los que los Reid, de espaldas al público y sin hablar, ya dejaban notar el consumo de anfetaminas y sus experimentos con LSD.

En pocos meses se fueron ganando el interés del público mas curioso y menos convencional. Algunos medios catalogaron al grupo como “The New Sex Pistols”, lo que incidió en que algunos locales se negaran a presentarlo.

En noviembre se les unió en la batería Bobby Gilliespie, amigo escocés que había servido de puente con Alan McGee, y que ya había formado su propio proyecto: Primal Scream.

Con él emprendieron la grabación de Psychocandy, apoyados en su nuevo contrato con Blanco y Negro, subsidiaria de Warner Records creado en 1983, manejado por tres personajes de gran influencia: Geoff Travis de Rough Trade Records, Mike Alway de Cherry Red y Michel Duval de Les Disques du Crépuscule. Alway fue luego sustituido por Alan McGee.

Con ese notable apoyo, The Jesus and Mary Chain publicó tres fantásticos singles a lo largo de 1985, antes de editar el LP. Fueron ellos “Never Understand” (con “Suck” y “Ambition” como lado B); “You Trip Me Up” (con la brutal “Just Out of Reach” y “Boyfriend’s Dead” en lado B); y finalmente en septiembre, la emblemática “Just Like Honey” (años después inmortalizando en la escena final del filme “Lost in Translation” de Sophia Coppola), con los temas “Head”, “Inside Me” y “Cracked”, en los lados B de las ediciones en vinilos de 12”.

Estas tres canciones fueron la señal inequívoca de lo que vendría en el álbum y en los años por seguir: feedbacks melódicos -si cabe la definición- en plan wall of sound, voces lisérgicas, austeridad rítmica, y cierta actitud displicente.

Antes de que se publicara el LP ya J&MCh se había presentado dos veces en TV y había registrado dos Peel Sessions. La actitud muy a lo The Who de romper instrumentos al final del performance, sumada a la actitud del público de lanzar proyectiles contra amplificadores y batería, se convirtió en una herramienta de marketing y también en un bumerán.

Durante la mayor parte de 1985 se sucedieron los incidentes en los shows, siendo el más peligroso de todos en la Universidad Politécnica de Londres, en el que mucha gente no pudo entrar y la violencia se apoderó del local. A ello contribuyó la banda, que tocaba en tercer lugar.

Con los ánimos ya crispados, y luego de una larga espera, J&MCh salió a escena y tocó apenas 20 minutos, provocando la furia de la audiencia que comenzó a lanzar latas y vasos, para finalmente destrozar los instrumentos y el backline, mientras los hermanos Reid, Gillespie y Hart se ocultaban tras una cortina.

El prematuro drama para el grupo fue que en sucesivos shows muchos asistían no por la música sino por la violencia que se generaba. Era un peligroso juego que se hizo imparable y que llevó a que el grupo fuera evitado por muchos locales, lo que llevó a los Reid a replantearse el panorama.

El 18 de noviembre de 1985 vio finalmente la luz Psychocandy, compuesto por 14 temas, siete por cada lado del LP. Extrañamente, el tema título y “Some Candy Talking”, dos temas que formaban parte de su repertorio habitual, fueron dejados fuera, publicados en un EP en 1986.

Tras la pieza de apertura, “Just Like Honey”, se suceden dos temazos, cortantes, ásperos, “The Living End” y “Taste the Floor”.

Luego hacen su aparición “The Hardest Walk” y “Cud Dead”, dos joyas de bizarro aire nostálgico, un sello distintivo en el sonido de J&MCh

Enseguida irrumpe “In a Hole”, pieza con inspiración velvetiana envuelto en humo guitarrero, que es seguido por “Taste of Cindy”, una corta pieza que cierra el lado A en plan The Ramones en LSD.

Never Understand” inicia el lado B, dando paso al hiriente tema “Inside Me”, un guiño al rock gótico de Bauhaus

Sowing Seed” no difiere mucho de “Just Like Honey”, con su espíritu hedonista y lánguido, antecediendo a “My Little Undeground”, acelerado y brumoso tema que desemboca en “You Trip me Up”.

Los dos últimos temas del disco son el denso “Something’s Wrong” -el más largo, con 4 minutos- y el narcótico “It´s So Hard”, cuyo fantasmal bajo funciona como conductor en medio de la telaraña de guitarras.

No hay duda que Psychocandy es uno de los más emblemáticos discos del noisy-pop, un comienzo sinigual para una banda esencial en la historia del rock. Pronto llegaría Darklands (1987), otra obra maestra.

Juan Carlos Ballesta



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