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Yordano: la vida y la música después de todo

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Yordano Después de todo

En una íntima conversación de tres horas, Yordano cuenta el retador proceso de su nuevo disco y las situaciones que lo llevaron al límite


El lanzamiento de un nuevo disco, Después de todo, el número 18 de una exitosa y emblemática carrera solista, representa mucho más que la edición de otro álbum. Es el triunfo de la determinación de un artista que en enero de 2015 estuvo al borde de la muerte y cuya voluntad y amor por la música lo sobrepasa.

Conversamos con Yordano sobre el proceso que trajo al mundo este nuevo puñado de canciones y de otros temas vitales sobre su vida.

Juan Carlos Ballesta

 

Uno de los aspectos más admirables en un artista, de cualquier disciplina, es su capacidad de sobrevivir a lo largo del tiempo, sin perder identidad, pero al mismo tiempo mirando al futuro.

Suele ser común que músicos, solistas o bandas, que alcanzan un gran pico de popularidad en un período de tiempo determinado, se vuelven dependientes de esa etapa y de aquellas canciones y discos con los que escalaron hacia la fama.

Es un proceso que se retroalimenta de la relación con los fans, quienes muchas veces suelen condicionar el desarrollo de nuevas ideas. Buena parte de ese público se convierte, quizá sin quererlo ni desearlo, en enemigo de lo nuevo, anclando su interés en lo muy conocido, incidiendo en que los artistas vayan dejando de lado el proceso de creación de nuevo material y se centren en aquello que representa estabilidad y seguridad.

La nostalgia, que como sabemos, es uno de los aspectos que más condiciona la vida del ser humano, para bien y para mal.

La creación requiere no solo de inspiración, sino de tiempo, buenas condiciones y de inversión económica para grabar, publicar, promocionar y presentar en directo.

Los tiempos que corren han modificado el peso de las variables en la ecuación, pero en el caso de algunos músicos no parece haber alterado la pasión por componer nuevas canciones.

Y eso se agradece y también se admira. Es una forma de vivir, o de sobrevivir, según sea el caso.

El regreso de Yordano

El reconocido cantautor venezolano Yordano es un ejemplo de esto último, un verdadero luchador, un titán, un auténtico reflejo de que la voluntad lo puede todo.

Hace algo más de cinco años, después del período que siguió al lanzamiento del disco Sueños Clandestinos (2013), pasó por el más inesperado y amargo trago de su vida cuando tuvo que someterse a un trasplante de médula, con todo lo que ello conllevaba de peligro e incertidumbre, y lo que supuso en términos de inestabilidad física y emocional en los meses y años que siguieron.

El talante de Yordano se impuso a todas las adversidades, siendo la música el gran revulsivo que lo mantuvo con la ilusión necesaria.

En su primera aparición en público llegó a afirmar con mucha emoción ante los medios que quería seguir viviendo. Al lado ha tenido el amor de sus hijas, a su motor de vida y también manager, Yuri Bastidas, a unos médicos de primera, y el cariño de cientos de miles de personas que seguían todo el proceso a través de las redes.

Yordano transitó ese túnel oscuro con un doble objetivo claro: vivir y seguir haciendo música. Autores como Leonard Cohen, Bob Dylan, Joaquín Sabina, Jeff Buckley, los Beatles y los Rolling Stones fueron parte importante de su banda sonora.

Quienes le hemos conocido y seguido de cerca desde los años de gloria ochentera, sabemos de sobra que Yordano está hecho de madera fina y que su generosidad y ganas de vivir han triunfado por sobre cualquier adversidad y mal augurio. Y ello es un ejemplo inspirador.

En su etapa post leucemia lo hemos visto varias veces frágil sobre un escenario, como en aquella concurrida reaparición en el Aula Magna de la U.C.V en mayo de 2016 y en otros shows en 2017 en el Centro Cultural B.O.D, todas en Caracas, y también lo hemos disfrutado, ya recuperado, este mismo año en Madrid.

En este difícil año de la pandemia, Yordano visitó España e Italia, justo antes del gran confinamiento. Siendo una persona de riesgo, no dejaba de ser una ruleta rusa, más aún sabiendo que algunos de sus amigos con los que estuvo reunido se contagiaron y uno de ellos murió.

Yordano regresó a su nuevo hogar en Nueva York, una ciudad que lo ha acogido desde su delicada cirugía y posterior tratamiento.

Yordano New YorkDespués de todo: el pertinente título del nuevo disco de Yordano

Allí en Nueva York, aun convaleciente, comenzó a componer su nuevo disco y conoció a José Luis “Cheo” Pardo, aka DJ Afro, ex guitarrista cofundador de Los Amigos Invisibles, quien se convertiría en el gran aliado y productor de Después de todo, el revelador décimo cuarto álbum de estudio de Yordano.

Junto a Pardo, Neil Ochoa y Bam Bam Rodríguez, vale decir Los Crema Paraíso, y participaciones tan notables como la del pianista Luis Perdomo, Yordano le dio vida a 13 canciones que se pasean por una amplia gama estilítica que conforma su paleta: pop-rock, bolero, reggae, bachata, bugalú, funk…

No es que Yordano haya dejado de lado el inmenso legado que en los años 80 lo convirtió en figura central del fenómeno pop en Venezuela y parte de Latinoamérica, lo cual es imposible, sino que no ha cejado en lo que realmente le inyecta vida: componer y tocar.

Más allá de Yordano (1984), Jugando Conmigo (1986), Lunas (1988), Finales De Siglo (1990) y De Sol a Sol (1992), hay un inmenso manantial de canciones que no ha parado de manar.

Yordano es mucho más que las inolvidables “Perla negra”, “Días de Junio”, “Manantial de Corazón”, “Chatarra de amor”, “Bailando tan cerca”, “Muñeca de lujo” o “Por estas calles”, entre muchas otras.

Después de todo (Sony Music, 2020) es la más reciente expresión de un cantautor incombustible que se acerca a los 70 años con todavía mucho que decir.

Yordano Después de todoComo dicta el momento, sostuvimos una larga, distendida y muy nutritiva conversación de casi tres horas a través de Skype, en medio del obligado confinamiento y en plena campaña electoral en Estados Unidos, en la que Yordano -a veces con la guitarra- y con pertinentes intervenciones de Yuri Bastidas, desgranó el proceso de concepción del nuevo disco y otros relevantes aspectos de su vida.

¿Cómo llevas estos tiempos extraños?

Es una especie de calma violenta. Hay mucho ruido, el universo está complicado, hay demasiados conflictos sin resolver. En Estados Unidos, en medio de la pandemia, se unieron las protestas raciales derivadas de la muerte por asfixia de George Floyd, y todo eso en un ambiente electoral crispado.

Vivimos una situación de extremismo. El mundo entero está mal. Une a eso el problema del cambio climático que queda perdido en medio de estos problemas sociales y políticos y es algo que debe generar una discusión amplia y convergente.

Es como si hubiéramos entrado al futuro que no queríamos.

Tú, en particular, ya conoces lo que es un confinamiento por razones obligadas de salud. Además, hemos vivido el caos venezolano que por diversas razones -ninguna buena- ha obligado también al confinamiento.

¿Cómo han influido estas circunstancias en tu proceso creativo?

El proceso que lleva a hacer canciones y grabarlas siempre es un reflejo de todo lo que ocurre. En el caso de este disco influye la lejanía, estar lejos de las querencias, del hogar. Convertir otra ciudad en tu hogar no es nada fácil.

Sin embargo, al mismo tiempo se abren oportunidades. Unas cosas son consecuencia de otras, algunas te gustan y otras no. Al menos estoy en Nueva York, una de mis ciudades favoritas, y eso me ha permitido hacer cosas que no había hecho antes.

En Nueva York ya habías estado antes de tu enfermedad, ¿cierto?

Sí, profesionalmente ya había estado mezclando dos álbumes: Finales de Siglo y De Sol a Sol. Obviamente en este nuevo disco hay algo de la ciudad porque he estado viviendo en ella, aunque haya sido por circunstancias ajenas a mi voluntad.

Ahora la pandemia cambia ciertas perspectivas. Nueva York ha sido uno de los peores epicentros, cosa peligrosa para ti. Y ya antes estuviste, sin saberlo, huyéndole, ya que pasaste por Madrid en febrero y luego por Roma, que aunque no fue el principal foco, comenzó a recibir gente huyendo del norte.

Realmente nos alcanzó en Madrid. Esto no es un juego, es real. Mucha gente comenzó con las teorías de la conspiración. Lo que sí es necesario es que las naciones deben ponerse de acuerdo.

En 1968 hubo una pandemia en Italia donde murió mucha gente. En un documental que me mostró un primo decían que “cuando Mao estornuda, el mundo se enferma”.

Evidentemente hay costumbres que no son las más apropiadas, como las de algunos mercados chinos. Pero eso no está en nuestras manos.

Estuve con amigos del alma en Madrid, todos se contagiaron y uno murió.

¿Cómo viviste este reciente viaje a España e Italia?

Lo disfruté mucho. Nunca había estado en Madrid como en esta ocasión. Disfruté mucho tanto Madrid como Roma. Luego fui a Tenerife donde vive mi hija mayor con mi nieta pequeña de un año, y disfruté mucho también porque hacia mucho tiempo que no la veía. También viven sobrinos, entre ellos dos hijos de mi hermano Evio.

Y luego fuimos a Madeira.

Justo estando en Madrid, el 14 de febrero, lanzamos la primera pieza del disco, “Enamorarnos otra vez”.

Pasaste de esa libertad y de ver a tanta gente al encierro total, justo al regresar. Pero ya tú sabías lo que es estar en cuarentena.

Pues sí. Muy duro. Yo hice mi primera cuarentena después del trasplante que duró seis meses, yendo al hospital cada dos días… Yo estaba muy disminuido físicamente, pero fue en esa época cuando se empezó a gestar el disco.

A pesar de toda esa circunstancia yo estaba haciendo canciones.

Yordano
Café Berlín, Madrid. Febrero 2020. Foto: Óscar Ribas Torres

Yordano: nuevas canciones después de todo

¿Cuál es la primera canción que compusiste de ese disco?

La canción que me avisó que ya tenía un disco fue “Una vez más”. El séptimo track en el orden del disco. Fue la que le mostré a Cheo en el primer encuentro que tuve con él.

Él se la llevó y, como yo no podía salir, trabajábamos de esa manera. Al cabo de un tiempo me devolvió una maqueta con el arreglo. Eso fue a mediados de 2015, más o menos seis meses después del trasplante.

¿Conocías ya a Cheo?

Lo conocí cuando estaban arrancando Los Amigos Invisibles en un toque en un local que quedaba en el sótano de la Plaza Alfredo Sadel, de Las Mercedes (Caracas), llamado “Underground”.

Me había llamado una de las gerentes del sitio, que era amiga mía, para invitarme a ver a la banda, y fui. Pero el sonido no ayudó mucho. Me pareció una propuesta interesante de funk con música caribeña y letras ligeras con doble sentido.

Después me lo encontré varias veces en aeropuertos que es (o era), muchas veces, donde nos encontramos los músicos.

(interviene Yuri):

Llamé a Cheo un domingo, luego de que Diego “El Negro” Álvarez me diera su teléfono. Él estaba en la playa el último día del verano de 2015 y me dijo que llegaría a las 3:00 de la tarde y terminó llegando a las 9:30, directo, con el salitre y con una patineta.

Se quedaron hablando y a la mañana siguiente Yordano me dijo: «vamos a hacer cosas juntos».

(Yordano retoma):

Lo que siempre me llamó más la atención de Los Amigos fue el guitarrista, el alma de la banda. En alguna oportunidad se me acercó Cheo para decirme que querían versionar “Media Luna”, que finalmente incluyeron en el disco Superpop Venezuela.

Ya en el estudio, donde no teníamos la presión de tiempo, estábamos conversando y me entero de que, en aquellos tiempos de gestación de Los Amigos, él ya había escuchado el álbum Lunas porque la hija de un amigo le había mostrado una premezcla.

Yordano Cheo PardoAparte de Cheo, ¿tenías algún nombre en mente?

Uno que yo quería que estuviera en el disco es Luisito Quintero, que también vive en Nueva York.

El otro es Luis Perdomo, un tipo del carajo, un fuera de serie tocando jazz latino… lo que sea. Él había sido parte de Los Ladrones de Sombra. Tuvimos dos sesiones con él, y es quien hace todos los pianos del disco.

¿Cómo conformaste la banda?

La banda base es Los Crema Paraíso. Como Cheo lleva años en Nueva York, ya tiene contactos y fue llamando a algunos músicos para participar. Hubo algunas sesiones a las que no asistí porque no estaba 100% en condiciones.

¿Cuándo empezó formalmente la grabación?

Hubo varias etapas. El proceso fue mutando.

Cuando Cheo me trajo la maqueta de “Una vez más” yo me quedé sorprendido. Cheo dice que yo dije «Eso es changa» (risas), pero yo no recuerdo haber dicho eso. A lo mejor dije que eso era como disco music.

«Deja que lo escuchen tus mujeres», dijo Cheo, refiriéndose a mis hijas y a Yuri. En un cumpleaños mío se los presenté a todas ellas y amigas de Yuri, ocho mujeres en total. A todas les gustó.

A mi me recordaba el trabajo de Nile Rogers con Chic y David Bowie. Sabía que podía salir algo interesante porque siempre he considerado a esos trabajos como grandes producciones que surgen como de fuerzas opuestas.

Del nuevo disco, ¿Cuáles temas tienen un significado más potente para ti? ¿Cuáles son las piedras angulares?

Hay diferentes maneras de clasificar la importancia de una canción. Son importantes por diferentes motivos.

Cuando la canción es muy fresca puede salir fácil. Recordemos a Paul McCartney cuando hizo “Yesterday”, él soñó la melodía (la tararea). Yo soñé “Enamorarnos otra vez”, y me desperté. Supe que lo que tenía en la cabeza era una canción y lo que hice fue sentarme y cantarla.

Me vinieron todas las imágenes y me dije «esta es la canción que abre el disco». Fue una de las últimas que compuse para el álbum.

Me senté y en un ratico ya la tenía. Incluso la letra, y eso que me cuesta mucho trabajar en las letras. Es lo que más tiempo me lleva. Buscar palabras que signifiquen algo y que al mismo tiempo suenen bien… me es más divertido tocar.

Para qué llorar” también salió muy rápido. Era algo preconcebido; yo quería hacer una ranchera con Juanga (Juan Gabriel), porque yo tocaba en concierto “Querida”.

De carajito era fan de las rancheras. “De piedra ha de ser la cama, de piedra la cabecera…” (canta).

Quería una canción dramática, con una mujer mala, un personaje, con un guión, un teatro, una novela. “Para qué llorar, si mañana igual…” (canta un fragmento de su canción).

La misma canción fue desarrollándose conmigo. Tiene ese tumbao country, Rolling Stones… y con una letra que se la puedes achacar a quien quieras: una mujer, alguien que no te guste, pero me di cuenta que es como si yo hablara con el espejo. «Yo me la he jugado pero para qué llorar» (piensa en voz alta).

Bailando en la jungla” tiene un elemento bluesy mezclado con Kinks, con cha-cha-chá,… fue muy de inspiración. Luego le metimos percusión.

¿Cómo lograste la forma definitiva de estas canciones? ¿Cómo fue el proceso de grabación en medio de tu paulatina recuperación?

Tengo grandes recuerdos de las grabaciones de piano de esas canciones. Hace cuatro años, el primer bloque.

Tuvimos una sesión de grabaciones en Queens. Teníamos que grabar en un estudio que tuviera piano; no era piano eléctrico, era piano acústico.

En el disco no están en ese orden, pero cuando lo escuchas puedes identificar por el piano cuáles canciones formaron parte de ese primer bloque: “Una vez más”, “Qué linda te ves”, “Qué sería de mí”, “Solo ilusión”, “Dime” y “Alguien va a llorar”. Faltaba grabar voces y yo estar con la energía para cantar.

Tengo aguante cantando cuando estoy en buenas condiciones pero a veces no controlaba la voz.

Pasó ese tiempo hasta que Luis Perdomo volvió y grabamos la segunda sesión con él, y ya teníamos el segundo bloque. Cuatro o cinco quedaron fuera.

Cheo consiguió un estudio en Brooklyn. Él vive ahí y Luis vive en el Bronx. Yo vivo mucho más lejos. Yo llegué mamado (cansado), más tarde de lo que quería y no me sentía bien. Llamaba pero no me oían porque estaban en un sótano.

Me dio una baja de tensión. Casualmente me llaman del hospital.

El día antes había ido a hacerme exámenes de rutina. Me dicen que vaya inmediatamente porque tenía el azúcar en 480, que es muy alto. Tiene que estar por debajo de 100. Yo dije que no.

Me llama Sergio, el médico, para insistir pero le digo que estoy en un sótano de Brooklyn, grabando, y me dijo “no quiero que te de un coma diabético”. Me pasó dos veces en el proceso que entré en pre diabetes por medicinas.

«Llevo un año persiguiendo a Luis (Perdomo) para grabar», le digo, «no me puedo ir ahora». Ya era la parte del disco en la que yo tenía más participación en la producción, la segunda parte, cuando ya yo no estaba tan vulnerable y ya podía involucrarme más en la producción.

Me dice: «busca agua, mantente hidratado y ven mañana». Eso hice. En esa sesión grabamos “Bailando en la jungla” y le dije a Cheo que hiciéramos el riff más montuno.

En esos días yo había estado escuchando un compendio de discos de Marvin Gaye. Es uno de mis artistas favoritos de todos los tiempos. Uno de los temas tenía el mismo tono y el mismo tempo. Pensé que se le podía meter el Caribe y el son gozón.

Ay, mujer” también salió en esa sesión, con un Yordano visto desde afuera, el Yordano nocturno, tono menor. Tenía la canción estructurada pensando en el piano de Luis y como yo le había dicho que era como una cumbia, Cheo la interpretó así, pero yo le dije «Es cumbia ‘ma non troppo'»(risas).

Dejamos toda la base de percusión. Sobre esa hicimos la batería, un bombo… dos golpes durante toda la canción.

Hay algunos guiños a otros artistas que espero que la gente los descubra. Cosas que me han gustado y las meto, y nadie se da cuenta (risa traviesa).

No es tan usual que haya un reggae en un disco tuyo…

Pasó así: ese es uno de los primeros ensayos que yo recuerdo, en el que estuvimos todos, de la primera etapa cuando yo empiezo a ir a ensayar también. Empecé ensayando con Los Crema; todo el ciclo armónico, y luego, estando yo solo, pensé “Es demasiado Yordano de siempre”.

(Jugando con el ritmo, guitarra en mano, empieza a tocar la canción).

Cuando, al día siguiente, voy al ensayo. Les digo: “igualito, misma secuencia de acordes, pero qué les parece…” (y toca con ritmo reggae).

Otro tema que también tenía elementos muy particulares es “Solo ilusión”, que tiene dos coros y un pre-coro. Tiene más de 40 años. La compuse hace mucho tiempo, antes de Sietecuero. Siempre la retomaba y no encajaba, así que fue mutando y le iba haciendo otra versión. Me parecían fuertes los coros, entonces se fue quedando.

Hice varias maquetas de él, hasta que por fin, ahora, la grabamos con un danzón sugerido. Me gustó mucho como quedó; muy potente, grandota. Sin embargo, hasta última hora, cuando hicimos la pre-mezcla, la estructura aun no la tenía totalmente clara.

Y antes de enviársela al ingeniero Fernando Aponte, que había trabajado conmigo en Finales de siglo y De Sol a Sol, se me encendió el bombillo y propuse editarla y cambiar la estructura para hacerla algo más sencilla. ¡Al fin, después de 50 años!

Dado el largo proceso de concepción de este nuevo disco, debes tener muchas anécdotas  

Muchas. Hubo una vez que Cheo y yo tuvimos una discusión. Una “discusión alegre”, aclaro. Un intercambio de ideas sobre la canción “Yo que te di”. También participó Yuri. En principio yo tenía la idea que la cantara alguien que no fuera yo, como “Otra cara bonita”.

La canción es un bolero-son dominicano, eso que se conoce como bachata, para mi un término creado por mercadeo. A Cheo la canción le parecía que tenía una letra muy sofisticada y que nadie la iba a cantar, opinión que me parecía un poco loca. Esa era la situación. Hay guiños en la letra a otras canciones mías.

En las últimas sesiones en Brooklyn yo insistía en probar con el piano y Cheo no quería. Al final él tenía razón en eso. Pero yo insistía en ponerle bombo y le comprobé que sí existen bachatas con bombo, porque me remití a aquellos tiempos en que nació ese término y tuve la oportunidad de compartir con Juan Luis Guerra, Gonzalo Rubalcaba, el baterista Roger Zayas, con quien hice amistad, y sobre todo con la vocalista original de 440, Adalgisa Pantaleón.

Estando en República Dominicana fui a ver a Sonia Silvestre, que murió en 2014, una especie de Soledad Bravo, quien había pegado una canción que me gustaba mucho; un reggae dominicano, llamado “Yo quiero andar”.

En esa época fue cuando comenzó a utilizarse “bachata” y me enteré que le decían “amargue” a ese bolero-son.

Me presenté en televisión en un homenaje a Catarey, el percusionista de 440 que había tocado en mi disco Media Luna, justo después de una banda de “amargue” llamado Chivo sin Ley…

Yo no soy especialmente bachatero, pero tengo elementos y le doy mi toque. Y por eso le metí el bombo, guitarra eléctrica de doce cuerdas y agregar el detalle del riff con influencia de los Stones. Había que meterle músculo a esa canción.

¿Qué guitarra 12 cuerdas es esa?

Me había comprado una guitarra Gibson 335 vintage porque había vendido la Rickenbaker. Sin embargo, me salió defectuosa así que también la vendí y me compré una más económica y muy buena de una marca, Danelectro, que usó mucho Jimmy Page.

La usé también en el solito en “Para qué llorar” y en “Alguien va a llorar”. Me basé mucho en Phil Spector, repitiendo varias guitarras en simultáneo.

El mundo de Yordano

¿Cómo pasas estos días de confinamiento?

Yo me meto en Youtube por horas. Me pongo a ver documentales de leones y cuando me doy cuenta, son las cuatro de la mañana. También cosas de política, de la BBC…, pero a veces eso me quita el sueño.

También busco artistas de los que no he sabido nada durante mucho tiempo, como para saber qué están haciendo ahora.

En estos días me puse a ver al cantautor Terry Reed, a quien conocí cuando estuve en Londres hace 50 años, y una entrevista con Tony Visconti, productor de David Bowie.

Descubrí un vídeo de Los Beatles en vivo, de 1963, que no conocía. No se oían entre ellos pero estaban afinados, con 1500 niñas gritando.

Es muy interesante todo lo que puedes descubrir sobre los procesos de producción.

¿Algo de lo que has escuchado en este período influyó en el proceso?

Yo soy como una rocola. Tengo en mente desde la música napolitana hasta James Brown, llegando al presente con Fantantic Negrito.

Soy fan de Tito Rodríguez, Héctor Lavoe, Bob Dylan y Los Rolling Stones… siempre estoy pendiente de lo que pasa en música aunque es un poco frustrante lo de hoy.

¿A qué te refieres con frustrante?

Uno siente que mucha de la música es prefabricada. Hay mucho ruido. Todos los meses sale música y muchos discos, pero hay poca presencia de música en español.

Y de toda esa cantidad de música, ¿qué te ha llamado la atención en tiempos recientes?

El que te mencioné: Fantastic Negrito. Es una propuesta en la que sientes pasado, presente y futuro. Es como cuando el productor de Bruce Springsteen lo vio por primera vez y pensó eso.

Me gusta mucho el nuevo disco de Bob Dylan, Rough and Rowdy Ways, con esa fabulosa canción de 17 minutos, “Murder Most Foul”, que es una gran historia.

Navego mucho por Youtube y redescubro cosas.

Si hay algo admirable en este proceso de tu nuevo disco es precisamente el hecho de que tú no te duermas en los laureles, que sigas componiendo y teniendo la inquietud de grabar y editar nuevo material.

A medida que pasa el tiempo se van espaciando esos procesos. Hay artistas de tu generación, hispanohablantes, que no sacan nada nuevo sino que viven de su glorioso pasado como si hubieran perdido la musa. No es tu caso.

¿Cómo te psicoanalizas después de venir de un proceso tan duro?

Qué bueno que utilices el término “psicoanálisis” porque es justo eso.

Uno fue niño, fue adolescente, fue adulto, hizo todo lo que se debe y lo que no en la vida, pero no lo niega. En nuestro mundo latino, como dice Sabina, “lo niego todo”.

Al negar lo que eres, te reconoces. No puedes pasar la página sin considerar todo lo que estaba en las páginas anteriores.

Lo que permite que uno siga haciendo cosas es dejar que todas esas páginas del consciente, el inconsciente, el subconsciente, el niño, el joven y el adulto, existan; que todo siga ahí.

Siempre hay inquietudes, un presente y en ese presente… «I can’t get no satisfation».

Por ejemplo, cuando vas a un concierto de «los hermanos mayores» (dice refiriéndose a Los Rolling Stones), y piensas «¡estos carajos tienen casi 60 años tocando!», notas la energía, el disfrute sobre las mismas canciones con algunas nuevas, te entusiasman. No son los cuatro tipos que se reúnen recordando glorias pasadas con aquella ladilla o fastidio.

Richards se puede estar disolviendo y arrugando cada vez más pero está tocando y gozando una bola.

El niño es el que juega. Si no tienes a tu niño vivo para que salga a jugar, se acabó la creatividad, se acabó el juego.

(Yuri interviene):

Yordano tiene una voluntad inquebrantable referente a la música. La música lo revivió muchísimas veces. Cuando Evio murió, ¿cómo se consoló Yordano?. Pues aquí, en la casa, tocando con su guitarra. Hizo una canción. En medio de su dolor le hizo una canción a Evio.

Nosotros hemos pasado por situaciones muy dolorosas aquí y yo le decía que las grabara, pero él dice que son tan dolorosas que no las puede ni cantar. Las hizo y las cantó en su momento de duelo.

Hay quienes dicen que no tienen recursos para hacer un disco, pero hoy en día, si tú quieres, puedes hacer un disco en tu cuarto, como hizo Billie Eilish.

Yordano, como productor independiente, fue nominado a los Grammy por Sueños Clandestinos al lado de cuatro artistas que trabajaban con grandes discográficas.

No es una excusa que no lo hagas porque dices que no tienes cómo hacerlo. Hay una voluntad dentro de Yordano que lo sobrepasa. Es lo que le gusta, es su vida.

No solo es que es su vida sino que la música le da vida. Es un proceso de retroalimentación continuo entre Yordano y la música.

(Yordano agrega)

Yo mantengo la alegría. No estoy contento. La alegría es infantil. Y no es que yo sea el alma de la fiesta (risas).

Yordano
Yordano por Rafael Rodríguez

¿Qué te conmueve?

He visto a Paul McCartney y a Los Rolling Stones aquí y me han hecho llorar.

La música te atraviesa.

Cuando lees o ves un cuadro también puedes conmoverte. Te llega al alma. El alma es eso donde están todas esas cosas que no son tangibles. Recuerdo cuando vi el cuadro de Van Gogh “La noche”, en el MOMA. Yo lloré.

Nunca había llorado viendo un cuadro. Eso es permitir que el niño salga.

Cuando tú sientes alegría, tristeza y dejas que se muevan, la gratitud,… hay mil vainas que hacen que tú puedas seguir creando. Porque es un juego.

¿Qué significa componer?

Para mí componer es un juego. Es un juego serio. Con la guitarra juego y luego juego con las palabras.

Nunca lo hablamos en su momento por lo doloroso que fue, pero ya son dos años de la trágica muerte de Evio y en tus conciertos has decidido homenajearlo, aun cantando con la voz entrecortada

No sabemos en realidad que pasó ahí. Y la verdad prefiero no ahondar (cara arrugada).

¿Qué va a pasar con el amplio legado de canciones de Evio? ¿Harás algo con ellas?

Su hijo Rodrigo (nombre artístico Chenzo, en honor a mi papá, su abuelo) está trabajando con ellas. Hasta ahora le he escuchado dos temas, “De dónde viene tu nombre” y “Es difícil amar a una mujer”.

El es multi instrumentista. Desde que tenía cinco años tocaba en el piano de mi mamá cosas propias. Se veía que tenía talento natural.

El gemelo, Rogelio, es baterista y percusionista, también muy talentoso

Eventualmente me gustaría convocar a amigos y hacer un álbum homenaje a su música.

¿Qué otros proyectos tienes en mente?

Tengo la idea de hacer un disco de versiones en español de canciones que me gustan y que he logrado llevar al castellano. Canciones de Hendrix, los “hermanos mayores” (los Rolling Stones), Beatles y otras…

En marzo 2013 hiciste el showcase de tu disco anterior, Sueños Clandestinos, en la sede de el diario El Nacional en Caracas. Todo ha cambiado mucho en siete años, tanto que ya no estás en tu ciudad y no hay visos de que puedas presentar este nuevo álbum en vivo “con todos los hierros”. ¿Cómo ves la situación?

Yo espero que se pueda hacer porque tenemos todo practicado, ya que pensábamos regresar a Madrid y otras ciudades europeas. El rollo con el coronavirus es que tienen que conseguir la vacuna y además probarla y distribuirla, y mientras eso no pase no estamos seguros. Aquí en Nueva York mucha gente va a la calle sin importarle nada y eso es un gran peligro.

Yo evidentemente no salgo, porque debo de tener mucho cuidado. Nos salvamos de milagro, porque, como dije, estuvimos en Madrid con tres amigos que luego se contagiaron y uno murió.

Aquí he visto demasiada gente irresponsable, una encima de otra, en bares, restaurantes, comiendo en la calle…, es delicado.

En cuanto a la música, está siendo terrible. Antes de que saliera el disco ya teníamos 14 fechas, incluyendo Chile, Perú, Colombia…, todo suspendido.

La opción de presentaciones online con buena producción a través de plataformas que ofrezcan calidad, la evaluaré. En algún momento retomaremos los escenarios.



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