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The Broadsword And The Beast: el prog folk electrónico de Jethro Tull

Jethro Tull The Broadsword and the Beast

El 10 de abril de 1982, fue publicado el excelente décimo cuarto disco de la longeva banda británica, donde coexisten el folk y la electrónica bajo un repertorio con algunas de las obras más finas del grupo de Ian Anderson.

Jethro Tull
The Broadsword And The Beast

Chrysalis. 1982. Inglaterra

 
El carismático cantautor y multi-instrumentista Ian Anderson adoptó la flauta como instrumento central de sus composiciones, dando así una clara identidad al grupo al cual llamó Jethro Tull, inspirado en un prominente agricultor del mismo nombre que vivió entre 1674 y 1741.

Este genial músico formó Jethro Tull en 1967 en una pequeña ciudad llamada Blackpool, famosa por sus bailes de salón. En sus inicios, Jethro Tull interpretaba piezas propias y covers de blues y jazz por un breve tiempo, ampliando su abanico sonoro con elementos de la música clásica, el folk y el rock.

El inquieto y polémico escocés daba así forma a una de las más prolíficas carreras del rock progresivo, una historia que comenzó con el excelente álbum This Was de 1968 y que incluía al guitarrista y compositor Mick Abrahams, la sección rítmica del bajista Glenn Cornick y  el baterista Clive Bunker y el visionario Ian Anderson en la voz líder, flauta y otros instrumentos.

Mucha agua ha corrido bajo el puente, dejándonos gratos recuerdos de una música que ha trascendido en el tiempo a lo largo de más de medio siglo de existencia y de la cual recordamos la seguidilla de joyas indispensables Stand Up (1969), Benefit (1970) Aqualung (1971), los conceptuales Thick As A Brick (1972) y A Passion Play (1973), War Child (1974), Minstrel in the Gallery (1975) y Too Old To Rock and Roll, To Young to Die (1976), obras enmarcadas dentro del progrock y que fueron seguidas de las sobresalientes Songs From The Woods (1977), Heavy Horses (1978) y Stormwatch (1979), trilogía de una clara inclinación folk rock con la cual Ian y sus muchachos cerraban la década de los 70.




La siguiente década nos mostró un Jethro Tull con un interesante cambio hacia lo electrónico en los discos A (1980) con Eddie Jobson como cómplice, nuestro celebrado álbum y el osado Under Wraps (1984), aunque poca relación estética hubo entre ellos.

Es importante expresar que esa tendencia fue una suerte de predio común de muchas bandas de los 70 que buscaban permanecer en el ruedo, sacrificando parcialmente su identidad. Sin ahondar mucho en esas aguas, Jethro Tull salió airoso.

Hoy recordamos el punto medio de ese período en el que Jethro Tull estaba conformado por el fiel guitarrista Martin Barre, la sección rítmica del bajista/mandolinista Dave Pegg y el baterista/percusionista Gerry Conway, las teclas de Peter-John Vettese y el gran maestro Ian Anderson en la voz líder, flauta, guitarra acústica y el novedoso sintetizador Fairlight CMI.

La banda grabó este disco en 1981 en Maison Rouge en Fulham, Londres, bajo la audio ingeniería de Robin Black, asistido por Leigh Mantle con la producción de Paul Samwell-Smith, bajista fundador de The Yardbirds.

El envoltorio o portada guarda varios secretos y es obra del reconocido artista Iain McCaig, queda en ti el afán por descubrirlos. Una pista… ¡son de pascua!

El segundo lustro de los 80 Jethro Tull nos trajo un poco la nostalgia del rock duro con Crest Of A Knave (1987), disco que les dio además su único Grammy, y Rock Island (1989), Y ya en la década siguiente Catfish Rising (1991) y un poco de world music en Roots To Branches (1995).

Este año 2022, Ian nos ha sorprendido con su primer álbum tras un alto de 19 años y 23 desde que no publicaba un álbum enteramente de temas originales.

El excelente disco lleva por título The Zealot Gene. Vale decir que casi paralelamente a la edición de nuestro celebrado álbum, Ian publicaba al año siguiente Walk Into Light, el primero de seis álbumes en solitario que tiene en Homo Erraticus de 2014 su, hasta ahora, última propuesta individual.




“Beastie” es el tema abridor del repertorio de The Broadsword and the Beast. En él destacan el solo de Martin Barre y los ocasionales pasajes del elemento electrónico.

En sus complejas letras y refinado vocabulario, Ian nos sigue encantando con sus fabulosas historias: “Desde los días de la infancia / a través de los temblorosos años de la juventud / la larga y turbia mediana edad / y las largas horas finales / están los 100 nombres del terror, criatura indeseable / ante ti imagina su nombre y exorciza a la bestia”

A continuación JT nos lleva por lugares misteriosos en “Clasp”, donde Vettese es el constructor de atmósferas e Ian canta: Nosotros, viajeros en los interminables páramos / en órbitas individuales, deslizándonos / marcha de gélidos ojos hacia el amanecer / detrás de capuchas para el clima duro / que se esconden / Encuentro como lo hacen los grandes barcos, / pasando por el canal / miedo de arriesgar un toque suave, miedo de hacer el cierre”.

Un poco de folk en “Fallen Over Hard Times” con Ian en la flauta y Dave Pegg en la mandolina, en la que nos dicen: “Caído en desgracia pero es bueno saber que los buenos tiempos están al voltear de la esquina…”

La hermosa “Flying Colours” con su intro de piano y Anderson cantando con cierta dulzura, nos va llevando al final de la primera parte.

El solo de teclados es un ejemplo perfecto del sonido de los 80. “Grita si quieres, pero eso no es suficiente.  / Yo, por mi parte, preferiría seguir opciones más suaves. Tomaré la línea fácil; / otro sorbo de vino, Y si ignoro la cara que pusiste, / es solo una forma mía para evitar el éxito”

Cierra el lado A “Slow Marching Band” otra melodiosa composición de Ian Anderson quién nos hace soñar con cierto aire bucólico: “¿Te unirías a una banda de marcha lenta? / Y gozar de tu partida Mientras el ferry navega y las lágrimas se secan / Y las vacas vuelven a casa por la tarde.




El segundo lado inicia con la pulsada batería en “Broadsword”. Barre hace un buen solo en esta interesante pieza donde Vettese parece emular las trompetas, creando así cierta grandeza. “Veo una vela oscura en el horizonte / Situada bajo una nube negra que oculta el sol. Tráeme mi espada ancha y mi claro entendimiento. / Tráeme mi cruz de oro como talismán. / Sube a la rotonda en la cima del acantilado de pie. / Toma mujeres y niños y acuéstate con ellos.”

Le sigue “Pussy Willow”, un tema en el que una mujer sueña con una grandeza mayor a la que posee. La dilatada batería y los teclados destacan con ímpetu, Barre se limita un poco al aspecto rítmico de la pieza.

Luego, los sonidos electrónicos dominan “Watching Me Watching You”, tema en que Ian nos dice: “La forma en que mira: tengo ganas de cerrar mi puerta y tirar de mi teléfono en la pared. Sus ojos, como luces de un láser, queman poniéndome los pelos de punta haciendo que se me ponga la piel de gallina”

Los últimos dos temas son: “Seal Driver”, el más accesible del disco, con un estupendo solo de Martin Barre y eventualmente Dave Pegg.

En su composición, el flautista escocés usa diversos recursos literarios para relatarnos: “Te llevaré a mi nave mágica. / Tengo doscientos caballos diesel tronando fuerte. / Las aves marinas llaman tu nombre y la montaña está en llamas / Como el relámpago de verano / corta el cielo como un alambre caliente. Y cabalgas sobre el oleaje / y tu corazón está vivo, Creo que te haré mi conductor de focas.”




Finalmente, “Cheerio”: “A lo largo de la carretera de la costa, / por el promontorio brillan las primeras luces del invierno. / Te serviré una taza, querida. / Y levántalo di alegría.

Esta sencilla pieza fue por años el encore de los conciertos de Jethro Tull.

Demos marcha atrás y recordar este excelente disco.

Leonardo Bigott


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