En marzo de 1973 la influyente agrupación berlinesa publicó su hipnótico cuarto álbum, paso previo para su salto al sello Virgin Records
Tangerine Dream
Atem
Ohr. 1973. Alemania
Luego de la publicación del doble álbum Zeit (1972), una de las obras maestras de la kosmische musik y pionera de la música drone, el trío conformado entonces por el fundador Edgar Froese, Christopher Franke -quien se había unido para el disco Alpha Centauri (1971)- y Peter Baumann -unido en Zeit, daba otros pasos adelante con este cuarto disco.
Tangerine Dream, desde los días en el famoso aunque efímero local de música en directo y experimentación, Zodiak Free Art Lab (conocido simplemente como Zodiak Club, fundado en Berlín Occidental por Boris Schaak y los músicos Conrad Schnitzer, Hans-Joachim Roedelius, el primero parte inicial de Tangerine Dream y el segundo cofundador de Kluster/Cluster) había dado suficientes muestras de ser el epicentro de la vanguardia berlinesa, lo que convirtió al grupo en la cabeza de la llamada Escuela de Berlín.
El álbum abre con el tema título, un largo viaje de 20 minutos que se lleva todo el lado A y en el cual Tangerine Dream despliega todo su poderío de la época.
Una batería tocada por Franke sobre la que navegan pistas de Mellotron, órgano y ruidos marcianos hechos con el popular sintetizador VCS3 (Voltage Controlled Studio, fabricado por la casa londinense Electronic Music Studios, EMS), un sinte portatil sin teclado, compuesto únicamente por perillas, domina los primeros cinco minutos y medio de auténtico frenesí electrónico.
A partir de ahí, la pieza entra en una etapa totalmente distinta hasta el final, sin percusión, espacial y misteriosa, como si hubieramos salido de una tormenta para entrar en una especie de placidez cósmica infinita que nos va envolviendo y conduciendo hacia un estado lisérgico. Órgano, sintetizador y mellotron dialogan y van entretejiendo esa telaraña que sirve para sostenernos en algún lugar del espacio.
Julian Cope (autor del libro Krautrocksampler y confeso fan del krautrock y la kosmische musik) declaró que “Atem” es “la experiencia auditiva más aventurada y emocionante de TD”, y “el momento más poderoso de TD”.
El lado B lo componen tres temas magistrales y distintos entre sí. El primero de ellos es “Fauni Gena”, de casi 11 minutos, una pieza sosegada con un delicado Mellotron y una serie de extraños sonidos simulando algún tipo de fauna en una dimensión desconocida
“Circulations ef Events” son seis minutos de hipnosis, de viaje cósmico. La pieza se desarrolla con sigilo y poco a poco se van sumando capas de órgano y Mellotron, y hacia el tramo final surge un sonido pulsante que sin duda es el punto de partida para las increibles incursiones futuras que comenzaron de inmediato con Phaedra (1974) y Rubycon (1975), con el secuenciador como recurso infalible de repetición.
El tema final no podía ser más sorprendente y subyugante. “Wahn”, que pudiera llevarnos en parte a los experimentos de Rogers Waters y Pink Floyd en “Several Species Of Small Furry Animals Gathered Together In A Cave And Grooving With A Pict” de Ummagumma (1969), en los que el uso de cintas con sonidos pregrabados a la manera de la música concreta se mezcla con ejecución de otros instrumentos, en este caso percusión, órgano y Mellotron.
La pieza va subiendo en intensidad hasta que entra en un lento descenso que sirve para dejarnos flotando
Atem fue el último disco publicado por Tangerine Dream en el emblemático sello Ohr del productor y escritor Rolf-Ulrich Kaiser y el fundador de Hansa y ejectivo de Metronome, Peter Meisel, cerrando una primera etapa que dio a paso a la influyente era Virgin.
Gracias a Atem el grupo levantó el interés del recordado locutor y productor inglés John Peel, quien inpresionado por el singular sonido le dio espacio en su famoso programa.
Esto a su vez despertó el interés del joven empresario discográfico Richard Branson, que para aquel momento comenzaba con el sello Virgin y rápidamente firmó a Tangerine Dream y puso a su disposición la tecnología de punta que se tenía en 1973 y cuyo primer y sorprendente resultado fue Phaedra (1974).
A partir de ahí la historia de TD entraría en una etapa de alto impacto que la convertería en una referencia ineludible e imprescindible para entender la evolución de la música electrónica contemporánea.
Juan Carlos Ballesta
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