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Blueberry Boat: el tour de force de The Fiery Furnaces

The Fiery Furnaces - Blueberry Boat

El 13 de julio de 2004, el dúo neoyorquino de los hermanos Matthew y Eleanor Friedberger publicó su fenomenal segundo álbum

The Fiery Furnaces
Blueberry Boat

Rough Trade. 2004. EE.UU.

Nos vamos 20 años atrás. Estábamos aun en la Internet 1.0 pero todo estaba a punto de expandirse. Una parte vital de haber mantenido por años un sitio como 32puertas.com (antecesor de Ladosis) era la bidireccionalidad del flujo informativo.

De esa forma uno tenía acceso a un intercambio que resultaba en nuevos descubrimientos, tal como me sucedió cuando una persona en nuestro foro recomendó el disco mas reciente de The Fiery Furnaces, una agrupación que jamás había escuchado ni siquiera nombrar hasta ese momento.

De ahí la cosa siguió el flujo usual (Google + Soulseek) hasta devorar cada bit de información existente sobre la banda, que desde la primera escucha me atrapó por su originalidad.

Así uno se enteraba de una comparación que rayaba en lo ridículo con The White Stripes (por el hecho de ser un grupo de hermano y hermana, cuando el sonido no tiene absolutamente nada en común).

Eleanor y Matthew Friedberger son la base creativa de este grupo, aún cuando la banda no es estrictamente un dúo, sumando músicos en vivo para completar la paleta sonora (para la época de este disco estaban Andy Knowles en la batería y Toshi Yano en bajo y sintetizador). En el disco, sin embargo, la batería en seis temas se la reparten David Muller y Nicolas Verhhes (quien grabó y mezcló)

Cualquier predisposición que podamos tener al enterarnos que el grupo proviene de Nueva York es dramáticamente enterrada con el primer tema: «Quay Cur«, diez minutos alucinantes de psicodelia sin red de seguridad: golpes de percusión sampleados, acordes de piano, blip y blops electrónicos, acentos disonantes y la voz de Eleanor, con cierto aire infantil recitando sus letras sobre una línea de piano que dobla la melodía.




Luego empiezan a aparecer sintetizadores sacados del rock progresivo setentero, cambios de tempo y métrica, guitarras acústicas, wah wah, la voz de Matthew en contrapunteo, un corto viaje los 60 británicos de los Who… el pastiche es inmenso, pero está cocinado con tal maestría que uno no puede sino admirarse de la habilidad de esta gente para concentrar tanta información en diez minutos.

Los restantes 66 minutos de este disco mantienen el mismo nivel de asombro y la misma calidad impecable de ejecución, algo por demás extraordinario. Las trece piezas intercalan otras excursiones épicas de larga duración con temas un poco mas concentrados.

En los primeros años del siglo 21 aún el formato CD dominaba, lo que permitía que muchos discos tuvieran una duración quizá excesiva. Este, en particular, alcanza los 76 minutos totalmente inspirados, con cinco temas extensos y ocho por debajo de cinco minutos.

The Fiery Furnaces parece haber metido en una coctelera a los Who, al Genesis de la época Gabriel (cosas como «The Battle of Epping Forest«), la psicodelia británica de los primeros discos de Pink Floyd (con el toque de locura de Syd Barrett), y el rock norteamericano actual de agrupaciones como Yo La Tengo o Mercury Rev, para logra un cóctel que tiene personalidad propia y que resulta en una propuesta asombrosamente fresca.

El contrapunteo entre la voz femenina y la voz masculina es un recurso que la pareja de hermanos emplea con frecuencia a lo largo del álbum, como en «Blueberry Boat«, tema que da nombre al disco, y a pesar de sugerir en ocasiones una ópera rock un tanto freaky, de alguna forma el resultado se salta cualquier cliché que pueda sugerir esta descripción.




Ya mencionamos a los Who, y es que piezas como «Chris Michaels» denotan la influencia de los británicos en la forma de componer de Matthew, aunque la esquizofrénica instrumentación, basada particularmente en acordes de piano y sintetizadores, les da un carácter peculiar.

Casi todas las piezas conforman pequeñas historias, cuentos acompañados por música, en donde tantos las palabras como los sonidos son protagonistas.

Estas sonoridades exóticas destacan particularmente en tracks como «My Dog Was Lost But Now He’s Found«, «Paw Paw Tree«, «Mason City«, «Inspector Blancheflower» y «Spaniolated» que anclan el centro de este disco en base a claves cuya línea hereditaria proviene de Sgt. Pepper, pasa por el White Album y mas recientemente se asomó en el Yoshimi Battles The Pink Robots de los Flaming Lips.




08

Tres cortas piezas cierran este disco: «Bird Brain«, «Turning Round» y «Wolf Notes«, tres excelentes formas de consolidar el récipe anterior en dosis de menor intensidad, para amortiguarnos la salida del mundo de Blueberry Boat, un mundo que les recomiendo que se arriesguen a visitar.

Gabriel Pérez