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The Future Bites: la llamativa excursión electro pop de Steven Wilson

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The Future Bites Steven Wilson

El inquieto, polifacético y prolífico músico y productor inglés sorprende con un llamativo sexto disco alejado de su sonido progrock

Steven Wilson
The Future Bites

Caroline International / Arts & Craft. 2021. Inglaterra

A poco más de 25 años de la gran irrupción de Steven Wilson con el disco Sky Moves Sideways de Porcupine Tree, ¿hay algo que deba demostrar?

El inquieto guitarrista, cantante, compositor y productor inglés tiene tras de sí una carrera que lo ubica como uno de los más versátiles, polifacéticos y prolíficos músicos de su tiempo, tanto con sus varios proyectos como en el rol de remezclador de grandes obras de la historia del rock (Jethro Tull, Emerson Lake & Palmer, King Crimson, Yes, Roxy Music, XTC y más).

La edición de The Future Bites -inicialmente pensada para junio de 2020- llega precedida de varios atractivos vídeos y de una intensa campaña sostenida por él mismo, envuelta en mucha expectativa. A medida que fue develando su contenido, la gran base de fans que Wilson ha ido construyendo a través de los años, ha dividido sus opiniones.

Como suele ocurrir con los fanáticos de algunos géneros que desechan todo aquello que no se circunscribe a las premisas ya conocidas, algunas críticas suelen ser despiadadas y poco abiertas a los cambios.

En el caso de Wilson, a quien se ha endilgado una especie de etiqueta de salvador del rock progresivo del nuevo siglo, muchos parecen olvidar que su carrera junto a No Man (dúo con Tim Bowness) siempre ha bebido de la estética pop y la electrónica y que sus exploraciones con el proyecto Bass Communion han coqueteado con la música drone, el ambient y la música experimental.

Con Blackfield (junto a Aviv Geffen), ha abordado el rock progresivo desde su lado más amable, mientras que con I.E.M. se ha acercado al krautrock y a formas más experimentales.

Con su proyecto más conocido, Porcupine Tree, pasó de los inciertos primeros pasos como vehículo unipersonal a introducir elementos del ambient techno de los 90, del post rock y el space rock, para ya en el siglo 21 incorporar guitarras metaleras.

Cabe entonces de nuevo la pregunta más ampliada: ¿Qué más debe hacer Steven Wilson para demostrar que es un músico todo terreno y que ubicarlo solo dentro del progrock es no solo limitante, sino injusto?

Su álbum anterior To The Bone (2017) ya había generado ciertas críticas por ser “demasiado pop”, por lo cual The Future Bites, lógicamente, a pesar de que no debería sorprender, ha levantado indignación en muchos.

En el primero abordaba el espinoso tema de las fake news, cada día más preocupante por lo que conlleva de manipulación, mientras que en este nuevo capítulo se adentra en las adicciones que afectan al mundo del siglo 21, donde las redes sociales son usadas para el bien y para el mal y existe una pérdida de individualidad.

Más que ser una visión sombría de un futuro distópico, The Future Bites es una reflexión del momento presente de un mundo que se volvió aún más extraño y conspiranoico debido a los eventos ocurridos en 2020

Afortunadamente, Steven sigue su dinamizador camino comprometido con su propia intuición y deseos de no quedarse estancado.

Wilson ha quitado protagonismo a las guitarras para adentrarse en un universo musical con apoyo primordial en los sintetizadores, secuencias rítmicas y voces. Aunque cuenta con varios invitados esparcidos entre los nueve temas, el gran caudal instrumental (piano, guitarras acústicas y eléctricas, sintetizador, sampler, efectos de radio, percusión, bajo) está bajo su responsabilidad, así como las letras, composición y producción, que comparte con Dave Kosten, a su vez el ingeniero de grabación.

Tratándose de un perfeccionista del sonido como es Steven Wilson, este disco posee un meticuloso trabajo de audio que hace la experiencia un gran placer, especialmente en LP ya que el prensaje es de alta calidad para audiófilos. No se compara la sensación análoga que proyectan las ondas sin comprimir que a la de cualquier opción en plataformas digitales o incluso en CD.

La llamativa portada con un sobrio primer plano de Wilson (foto de Andrew Hobbs) sobre la cual se sobreponen nombre y título en grandes letras rojas, nos da la bienvenida. Ese mismo motivo es parte de dos vídeos.

El cuidado diseño de arte es de Simon Moore y es recomendable especialmente la versión en LP, con los dos discos dentro de una carpeta externa, con un librillo de 16 páginas.

Los nueve temas de The Future Bites

El disco comienza con “Unself”, una especie de intro de un minuto en plan “Pigs on the Wing” de Pink Floyd. Inmediatamente irrumpe “Self”, que se construye sobre las programaciones de David Kosten, el sintetizador de Richard Barbieri y las guitarras de Wilson.

Sobre esa base, acompañado por los coros de Bobbie Gordon, Crystal Williams, JAKL, Mos Capri, Rina Mushonga, Rou Reynolds y Wendy Harriott, Wilson aborda el tema de la identidad de las personas en el momento actual, el ombliguismo al cual parecen estar sometidos millones de seres alrededor del mundo quienes pasan buena parte del tiempo frente a las pantallas de sus teléfonos recreándose a si mismos.

La canción cuenta con un extraordinario vídeo de Miles Skarin utilizando la técnica de DeepFaceLab

King Ghost” es uno de los temas más interesantes. Es un electro pop en toda regla, con Wilson introduciendo el falsete como recurso vocal, mientras Kosten construye una exquisita rítmica downtempo y Jason Cooper (del estupendo grupo Everything Everything) y Michael Spearman, se encargan de agregar sutiles platillos y hi-hat, respectivamente.

Con un sonido más familiar, Wilson (encargado de guitarras, piano, sinte, bajo, autoarpa y voz) nos regala “12 Things I Forgot”,  uno de sus clásicos temas melódicos, muy en la linea estética de discos como Stupid Dream o Lightbulb Sun de Porcupine Tree.

Lo ayudan a redondear un tema fantástico, Spearman en la batería, Kosten en secuencias y Blaine Harrison y Jack Flanagan en los coros.

Eminent Sleaze” prosigue en el orden y se erige como uno de los temas menos obvios y más alejados del sonido Wilson, justamente por lo cual reviste mucho interés, con un aire de space funk y las voces de Bobbie Gordon, Crystal Williams y Wendy Harriott en plan estelar.

Aparecen aquí dos de sus músicos habituales, el bajista Nicky Beggs y el pianista Adam Holzman, quienes aportan ese espíritu funk, al tiempo que Wilson lanza estupendos ramalazos de guitarra sobre las cuerdas de la London Session Orchestra que aportan un cierto aroma al Sonido Filadelfia.

El lado A lo concluye “Man of the People”, un tema gentil, con un delicado ritmo electrónico y las aterciopeladas capas de guitarras y sintes sobre las que Steven desliza su vocalización.

El lado B lo abre “Personal Shopper”, en el que Wilson toca el tema del consumismo y esa dualidad en la que por un lado existe el placer de comprar y por el otro la infelicidad que crea.

Es el tema más largo del álbum y su temática engloba las inquietudes que se despliegan a lo largo de 42 minutos, tiempo perfecto. Musicalmente se mueve en terrenos del electro rock, como algunos de los temas más cañeros de Primal Scream y en él vuelve Wilson a usar el recurso del falsete.

A pesar de lo dominante de las secuencias de Kosten, por única vez hay una base rítmica real delegada en Michael Spearman (batería) y Nicky Beggs (bajo), con Wilson, esta vez sí, haciendo un gran solo de guitarra en el tramo final.

El tema cuenta con la participación especial de Elton John en la voz que aparece como si de la conciencia se tratara

La canción en una versión editada cuenta con un gran videoclip (ver aquí).

El tema mas rocker es “Follower”, con Holzman al mando del Sintetizador Modular Doepfer, Spearman en la batería y Wilson haciendo un despliegue vocal e instrumental fenomenal.

Cierra el álbum la sosegada pieza “Count of Unease”, seis minutos para quedarnos flotando y en los que Steven se encarga prácticamente de todo, lo cual incluye sintes, órgano Hammond, piano, bajo, percusión, ondas de radio, guitarra, vibráfono y voz.

La versión deluxe contiene un disco con versiones instrumentales, y un tercero con algunas remezclas extendidas y varios temas adicionales destacables como los acústicos “Ha Bloody Ha”, “Wave the White Flag” y “Every Kingdom Falls”, el atractivo synth pop “Move Like a Fever” (lado B del single “12 Things I Forgot”), “I Am Cliche” -un tema a medio camino entre el electro pop y el progrock- e “In Pieces”.

Este sexto disco solista de Steven Wilson es una declaración de libertad creativa, una demostración de perfeccionismo y claramente un triunfo sobre los preconceptos.

Juan Carlos Ballesta


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