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Festival Iberoamericano de Rock 1991: Caracas epicentro del rock en español

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Iberoamericano de Rock 1991

Durante cinco días de noviembre, Caracas cobijó una experiencia inédita y única en Latinoamérica que congregó a 20 fantásticas propuestas


En Venezuela, quizá sorprendiendo a muchos, se organizó en noviembre de 1991 el más grande festival de carácter iberoamericano que hasta el momento se hubiera realizado. Caracas congregó a una docena de los principales nombres del momento provenientes de Argentina, Chile, Colombia, Brasil, Estados Unidos y España, y seis importantes bandas venezolanas.

El apoteósico y heroico cierre con Soda Stereo después de una tormenta quedó escrito en los anales del rock en Latinoamérica

El Festival es una de las páginas más relevantes en la rica historia del rock latinoamericano, más allá de que los realizadores del muy promocionado documental Rompan Todo lo hayan ignorado.

Allí estuvimos y lo contamos en primera persona

Juan Carlos Ballesta

La Venezuela de 1991 era una muy diferente a la actual. Solo han pasado 30 años, pero la sensación es un abismo.

Aunque ya los problemas económicos habían comenzado a aflorar y en Caracas la crisis social produjo una importante sacudida en 1989, en aquel año 1991 todavía existía una relativa estabilidad y el sueño de seguir siendo un país de oportunidades y ser un epicentro cultural no se había escurrido.

Apenas tres meses después, en febrero de 1992, todo comenzó a torcerse con el primero de dos intentos de golpe de estado

Antes de aquel Primer Festival Iberoamericano de Rock (celebrado en Caracas durante dos fines de semana 2, 3, 8, 9 y 10 de noviembre) -también llamado Rock Music 91– se habían realizado distintos festivales en países latinoamericanos y España (entre ellos los Encuentros de Rock Iberoamericano organizados por Miguel Ríos en 1986) en las dos décadas previas.

Pero ninguno había logrado tener el carácter regional que tuvo éste, en el cual participaron no solamente bandas locales de relevancia sino una importante lista de grupos y músicos solistas que se encontraban en gran momento creativo y comercial, provenientes de Argentina, Chile, Colombia, Brasil, España y Estados Unidos. Solo se echó en falta la representación de México.

Este festival se olvidó de la nostalgia y apostó por bandas de actualidad, la mayoría de las cuales habían moldeado la escena reciente en los 80.




El camino hacia el Iberoamericano de Rock

La década de los 80 fue musicalmente muy importante para Venezuela, en especial para la capital, Caracas.

A lo largo de ella se sucedieron muchos conciertos de grandes bandas visitantes. La década había comenzado con el multitudinario concierto de Peter Frampton en 1980, y luego en 1981, XTC, The Police y Queen tocaron en el emblemático Poliedro de Caracas.

La lista siguió creciendo con Saga, Van Halen, Grand Funk, Quiet Riot, Harlequin, The Tenants, Nina Hagen y muchas más, pero lo más interesante fue la apertura a la música cantada en castellano, en sintonía con los notables cambios en la audiencia alineada con las nuevas propuestas que llegaban de España y el cono Sur.

Así, Barón Rojo, Mecano, El Último de la Fila, Charly García, Fito Páez, Soda Stereo y otras bandas, habían probado que las convocatorias eran un éxito de público. Las emisoras de radio también fueron una estupenda vitrina y el nacimiento de las FM a finales de los 80 terminó de dar el impulso con una programación que incluía un amplio catálogo de bandas que iban de Los Prisioneros a Caifanes, de Miguel Mateos a Os Paralamas Do Suceso, de Miguel Ríos a Los Enanitos Verdes, pasando por La Unión, Radio Futura, Siniestro Total, La Polla Records, Fabulosos Cadilacs, Los Pericos y un largo etcétera.

En el ámbito nacional, el rock había vivido una fantástica primera mitad de los 80 con múltiples teatros, salas y pequeños festivales, algunos con apoyo de Radiodifusora Venezuela 790 AM y ciertos locutores y productores. En el Poliedro e incluso en estadios se realizaban conciertos multitudinarios con múltiples bandas venezolanas, lo cual se extendió a otras plazas.

Agrupaciones como Aditus, Témpano, La Misma Gente, Resistencia, PP’s, y una larga lista, eran protagonistas de conciertos con gran convocatoria.

También se produjo una explosión en el terreno de la canción pop, que es el fenómeno mas conocido y que obtuvo una amplia difusión a través de la prensa y las cadenas de radio y televisión, con nombres como Yordano, Franco de Vita, Colina, Melissa, Frank Quintero, Ilan Chester, entre otros.




Durante la segunda mitad de los 80 una nueva generación de bandas surgió y algunas premisas cambiaron. Ciclos periódicos como Los Insurgentes, conciertos en teatros y otros espacios, fueron vitrina de muchas nuevas bandas como Spias, El Rastro, Novo Tango, Postdata, El Enano de la Catedral, Jean Luc, Radio Clip, Seguridad Nacional, Zapato 3, Sentimiento Muerto y Desorden Público, entre muchas.

Estas tres últimas protagonizaron el famoso Encuentro en el Ruedo, un histórico concierto en el Nuevo Circo de Caracas que demostró un inusitado poder de convocatoria.

Antes del Iberoamericano de Rock se había realizado la Primera Muestra de Nuevas Bandas en el Teatro Cadafe, que en tres años se convertiría en el Festival Nuevas Bandas, que este año cumple 30 años.

El esperado encuentro del rock en español de 1991

El terreno, pues, estaba abonado para que surgieran proyectos más ambiciosos, como en efecto ocurrió en 1991.

Durante meses, una gran expectativa se levantó con el anuncio de un festival que congregaría a casi 20 grandes nombres del rock iberoamericano. La compañía productora Togtron, con Claudio Mendoza a la cabeza, asumió el inmenso reto de organizar un festival inédito en Caracas, con el apoyo financiero de las marcas Lucky Strike y John Player Special y de Amnistía Internacional, para entonces muy involucrada con conciertos musicales.

La locación escogida fue el irregular terreno del Cine Móvil (Autocine) El Cafetal -en la empinada subida hacia la urbanización Los Naranjos, sitio que durante años cobijó en los fines de semana un concurrido “mercado de los corotos”, vale decir, un mercado de segunda mano. Hoy funciona un moderno centro comercial y ni rastro hay de aquella explanada llena de desniveles.

El acceso ni peatonal ni en vehículo era del todo cómodo. Había que llegar al centro comercial Plaza Las Américas de El Cafetal -al este de la ciudad- desde donde salían mini buses a lo largo de varias horas, un servicio que no se dio abasto. Muchos asistentes optaron por subir caminando la empinada cuesta. La salida contó con muchos menos buses y a partir de cierta hora desaparecieron.

La fila que se formó cada día para entrar fue descomunal, pero era evidente que las ganas de asistir superaban cualquier deficiencia logística y de producción. Obviamente, aquellos que no se habían animado el primer fin de semana, se apuraron en comprar las entradas para los restantes días. Muchos jóvenes tuvieron que escoger fechas individuales por razones económicas.

La entrada por noche en preventa era de 800 Bs., que entonces equivalía a un aproximado de 13$. A partir del 31 de octubre el precio subió a 1.000 Bs. La inversión por el festival completo ascendía a los 2.000 Bs, es decir el precio por día costaba la mitad. Un total de 33 $. Merecía la pena hacer el esfuerzo.

En 1989 el presidente Carlos Andrés Pérez había eliminado el régimen de control cambiario que regía desde 1983 y por pocos años -antes de la llegada de otro- en Venezuela no hubo restricciones para comprar o vender otros signos monetarios. Eso ayudó a la productora a negociar los contratos con los artistas extranjeros sin tener que pasar por engorrosos procesos.

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Los conciertos del Iberoamericano de Rock 1991

Con algunos ligeros cambios en el orden anunciado inicialmente, se realizaron un total de 23 shows, comenzando el sábado 2 de noviembre. La producción comenzó con retraso y la cola para entrar fue monumental. En el transcurso de la jornada el retraso fue aun mayor debido a largo tiempo entre una banda y otra.




El festival contó con la presencia de MTV (aún MTV Latino no existía, pero el empuje del mercado latinoamericano era elocuente) con su locutora estrella de habla hispana Daisy Fuentes, el canal venezolano RCTV registrando en vídeo, y programas de TV como A Toque (con Erica Tucker) y Sonoclips (con Eli Bravo), estuvieron presentes. Además de muchos locutores y productores de radio y periodistas de diversos medios impresos.

El periodista Gregorio Montiel Cupello -quien conducía el programa Latinoamérica La Raza Cósmica, fundamental en la difusión de todas estas propuestas- realizó un reportaje audiovisual que fue exhibido en el CELARG.

Desafortunadamente, muy poco de aquella documentación audiovisual se conoce y todo apunta a que buena parte de lo registrado se perdió o se degradó por mala conservación.

Recientemente, el productor Claudio Mendoza ha publicado material recuperado, pero sigue siendo muy poco (vídeo más adelante)

Primera fecha del festival: sábado 2 de noviembre, 1991

El sábado 2 de noviembre fue el día inaugural, con un gran cartel que juntó a la cantante argentina Patricia Sosa, la banda venezolana Spias, el trío brasileño Os Paralamas Do Suceso, el argentino Fito Páez y la banda afincada en Madrid, Los Rodríguez, con músicos argentinos y españoles.

Los Prisioneros debió haber tocado pero un conflicto con Páez sacó a la banda chilena del cartel esa noche.

Patricia Sosa abrió fuegos. Para muchos era desconocida, pero en realidad tenía seguidores por haber sido la voz durante los años 80 de la banda de hard rock La Torre. Tenía cancha suficiente como para superar el escollo de ser la primera en presentarse y con mucho público aún sin entrar. El sonido no le favoreció del todo.

Para aquel momento Spías -el siguiente en el orden con José Miguel Pérez, Claudio Leoni, Omar Sawaya, Jesús Viloria y el nuevo integrante Víctor Hugo Mendoza– contaba solo con un EP editado por Sonográfica (Símbolos extraños, 1990), pero era una banda en aquel momento bastante conocida en el underground caraqueño. Muchos asistentes, sin embargo, la conocieron ese día.

Uno de los platos fuertes era, sin duda, Os Paralamas Do Suceso, que para la fecha ya tenía seis exitosos discos y justo en 1991 había editado una especie de compilado interpretando sus mas conocidas canciones en español. Con su pegadiza mezcla de rock, reggae/ska y música brasileña, Herbert Vianna, Bi Ribeiro y João Barone, cautivaron a la audiencia.

Luego fue el turno de Fito Páez quien para entonces promocionaba Tercer Mundo. En su etapa más desaforada, el argentino lució sobreactuado y el sonido no lo ayudó. Tocó material sobre todo de Ciudad de pobres corazones (1987), Ey! (1988) y Tercer Mundo y dejó opiniones encontradas sobre su performance.

Una banda que iniciaba su corto pero muy sustancial reinado era Los Rodríguez, banda formada en Madrid y liderada por los argentinos Andrés Calamaro, Ariel Rot  y el español Julián Infante (estos dos compañeros en la recordada banda Tequila). Para aquel momento el grupo solo tenía el disco Buena Suerte, pero su show no tuvo fisuras gracias a la inclusión de algunos temas de discos solistas.

Iberoamericano de Rock 1991 Fito Páez




Segunda fecha del festival: domingo 3 de noviembre, 1991

El grupo colombiano Compañía Ilimitada, liderado por Juancho Pulido y Piyo Jaramillo, si bien en Colombia era un grupo referencial, en Venezuela no había tenido mayor repercusión. No le favoreció tener que abrir la segunda jornada y fue limitado su impacto.

El grupo chileno Los Prisioneros se presentó como parte de su gira de despedida. El batería Miguel Tapia y el vocalista/bajista y principal compositor Jorge González ya habían decidido cesar actividades. El grupo había quedado tocado tras perder al guitarrista Claudio Narea por un lío amoroso entre su esposa y González.

El trío se convirtió en cuarteto con la inclusión del guitarrista peruano Robert Rodríguez y la teclista Cecilia Aguayo. Con esa formación ofrecieron un concierto que dividió opiniones, quizá por haber perdido parte del sonido punk y reggae de sus comienzos en favor de uno más electrónico.

Para aquel momento, Los Prisioneros ya había compuesto todo su arsenal de canciones memorables y ya para 1991 eran parte del inconsciente colectivo de una generación, con lo cual fue estupendo escuchar “Por qué los ricos”, “El baile de los que sobran”, “Tren al Sur”, “Estrechez de corazón” y “We Are South American Rockers”.

Diez años después el grupo original se reunió pero en 2003 de nuevo González y Narea se pelearon. El 18 de febrero de 2006, de nuevo en Caracas, el grupo tocó su último show, el cual resultó bastante deficiente.

Aquel día se produjeron incidentes desagradables antes de los conciertos, por una rencilla entre Fito Páez y Los Prisioneros. Páez primero confundió a Antonio Rojas de Desorden Público con los chilenos y luego su manager saboteó su show de manera infantil. Durante el show de Los Prisioneros, Jorge González le lanzó un dardo llamándolo “diva histérica” y diciendo que por su culpa no habían tocado la noche previa. El pleito, por tanto, trascendió.

El grupo de ska caraqueño tenía dos discos muy populares en el under de la ciudad. El mas reciente, En Descomposición (1990) había sido producido por Gerry Weil. El núcleo desde el comienzo conformado por Horacio Blanco, Caplís Chacín, Danel Sarmiento y Óscar Alcaíno, lo completaban entonces el guitarrista Antonio Rojas, el teclista Egmidio Suárez, y los metales de Francisco “Kiko” Núñez, José Romero y Enzo Villaparedes.

Aquella fue una presentación triunfal, gracias a “Ska de acá”, “Cursi”, “Peces del Guaire”, “El hombre con la pistola”, “Políticos paralíticos”, Esto es ska”, entre otros temazos que hicieron que se formara un animado pogo al frente del escenario.

Desorden Público 1991El cierre de la segunda fecha correspondió a Fito Páez y Los Rodríguez, quienes repetían sus participaciones del día previo.


Una semana después se reanudó el festival y como era lógico, durante la semana mucha gente se animó a asistir. El cartel lucia, sin duda, muy atractivo. Uno de los aspectos singulares fue que muchos asistentes llevaron almohadillas como las que vendían en el Estadio Universitario para soportar mejor las gradas, en este caso el piso con el asfalto deteriorado.

Iberoamericano de Rock 91

En aquellos tiempos no se estilaba que en los conciertos hubiera puestos de comida de todo tipo, y aunque los hubo, mucha gente se llevó comida. Dados los retrasos que se habían producido el primer fin de semana entre banda y banda, muchos se ubicaron -sentados- en los laterales o fondo y en modo picnic compartieron snacks, sandwiches y bebidas en plan Woodstock.





Tercera fecha del festival: viernes 8 de noviembre, 1991

La única banda que tocó tres veces fue Los Rodríguez, por lo cual sus músicos disfrutaron a plenitud de su estancia en Caracas durante toda esa semana. Fue el grupo encargado de inaugurar la tercera jornada y daba la impresión que algunos problemas técnicos habían mejorado.

La representación venezolana de esa noche fue Zapato 3. El grupo de Fernando Batoni, Diego Márquez y los hermanos Carlos y Álvaro Segura, estrenaban su recordado segundo disco, Bésame y suicídate, que aquel año había publicado Sonográfica con un nivel de producción muy superior al debut Amor, Furia y Languidez (1990).

El repertorio cubrió ambos discos, con canciones que ya comenzaban a convertirse en clásicos como “Tan cerca de ti”, “Amo las estrellas”, “Pantaletas negras (suave suave)”, “Como un fantasma” y la versión de “Uñas Asesinas” (de Seguridad Nacional).

El grupo había crecido bastante en todos los aspectos gracias en parte al manager Mario Carabeo.

Una de las grandes atracciones del festival era la banda madrileña La Unión, la cual era ampliamente conocida en Venezuela gracias a varios éxitos incontestables como “Lobo-hombre en París”, “Donde estabais (en los malos tiempos)”; “Mary Luz”, “Maracaibo”, “Más y más”, “Fueron los celos”, “Dámelo ya” y “Ella es un volcán”.

El núcleo conformado por Luis Bolín, Mario Martínez y Rafa Sánchez, ya había producido el principal cuerpo de trabajo de La Unión y todavía en 1991 sonaban con solidez, con los músicos que los acompañaban en las giras, Guillermo Ariza (batería), Antonio Cortés (teclados) y Lorenzo Azcona (saxo).

A partir de entonces la banda comenzó a perder fuelle. Quedaba ya lejos la Movida Madrileña a la que el grupo había llegado algo tarde, en 1984.

El plato fuerte, sin duda, era Soda Stereo, la cual cerró con un conciertazo aquella noche de viernes, paseándose por el material de sus primeros cinco álbumes y muy en especial por la reciente obra maestra Canción animal (1990).

Soda se había convertido en la banda central del rock latinoamericano y arrastró una considerable cantidad de público que no paró de cantar cada canción. Por otro lado, ya Soda había visitado varias veces Venezuela y aquel era el undécimo concierto.

En febrero de ese año 1991 se había presentado en Barquisimeto, Valencia, San Cristóbal y dos veces en Caracas. Por lo cual, diez meses después, Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti, volvían para ofrecer un total de siete conciertos en Venezuela en 1991. Probablemente no haya pasado nunca con otra banda de rock. Nadie sabía la magnitud de aquellos conciertos.

El primer show transcurrió sin incidentes y la verdad, apetecía -y había que aprovecharlo- volver a ver  a Soda Stereo dos días después.

Inicialmente había sido anunciada la presentación de la banda argentina Rata Blanca, pero ello no ocurrió.

Soda Stereo en Iberoamericano de Rock 1991
Foto: Carlos Sánchez




Cuarta fecha del festival: sábado 9 de noviembre, 1991

Sorpresivamente el cuarto día fue iniciado por el trío venezolano Seguridad Nacional, un grupo que se había convertido en la quintaesencia del punk local y que luego de varios años construyendo su leyenda finalmente, apenas tres semanas antes, había publicado su único disco, Documento de actitud.

Yátu, Gustavo Corma y Cangrejo aprovecharon como pudieron la oportunidad, que pocos sabían ya que no aparecía en los carteles.

Uno de los puntos álgidos fue la banda californiana Los Lobos, legendario grupo formado en 1973 por David Hidalgo, Louie Pérez, César Rojas y Conrad Lozano -todos de origen mexicano- a quienes se unió Steve Berlin en 1984.

Fue en los 80 cuando el grupo finalmente se hizo popular con su interesante mezcla de rocanrol, tex-mex, country, folk, blues, cumbia, son cubano, bolero y estilos de música tradicional mexicana como el norteño, cantando en español e inglés.

Aunque su música no era habitual en la programación regular de las radios, sus canciones se habían colado en programas especializados y algunos vídeos habían descubierto su música al público latino más al sur de México, especialmente el contenido de How Will The Wolf Survive (1984), By The Light of the Moon (1987), La Pistola y el Corazón (1988) y especialmente el soundtrack de la película La Bamba (1989)

Sin duda, muchos asistieron aquel sábado a disfrutar del mítico rockero andaluz Miguel Ríos, pionero del rock iberoamericano quien para 1991 tenía una envidiable carrera con discos de peso. Fue presentado por Ilan Chester y Frank Quintero.

Ríos estrenaba disco, Directo al corazón, publicado aquel año, pero su setlist cubrió material de sus exitosos discos de los 80 como Rocanrol Bumerang (1980), Extraños en el escaparate (1981), El rock de una noche de verano (1983), La encrucijada (1984), El año del cometa (1986), Miguel Ríos (1989) y el nuevo.

El granadino dio la talla con una presentación cálida y emotiva, como era y sigue siendo su costumbre

El cierre de aquella penúltima jornada correspondió a La Unión, a la que le tocó la difícil tarea de mantener el nivel de emoción creado por Ríos. Estuvieron mejor que el día previo pero, paradójicamente, debido a la hora, parte del público se fue en mitad de su show.

Quinta fecha del festival: domingo 10 de noviembre, 1991

Aquel domingo no se antojaba fácil. Nubarrones negros se avizoraban sobre la zona del concierto desde mediodía.

Fue el único día con dos grupos venezolanos. El primero fue Poster, una derivación de la última formación de Témpano en la que quedaron el cantante Alexis Peña y el teclista Iker Gastaminza y que solo publicó un disco, Después del frío, poco antes del festival.

A pesar de la gran voz de Peña y el nivel instrumental de Gastaminza, Tony Oliveri (bajo) y Cecilio Perozzi (guitarra), no era lo que buscaba el público aquella noche.

Los Lobos y Miguel Ríos repitieron presentaciones -estupendas ambas-, mientras que Sentimiento Muerto fue la otra banda local. Los horarios sufrieron retraso. La lluvia comenzaba a convertirse en un serio problema y aunque dio cierta tregua, hizo estragos. El frío se instaló.

Iberoamericano de Rock 1991

En 1991, Sentimiento Muerto estaba a punto de terminar de romperse. La formación se había reducido a un cuarteto después de la salida de José “Pingüino” Echezuría. Pablo Dagnino, Cayayo Troconis, Sebastían Araujo y Héctor Castillo (quien había sustituido a Wincho Schafer) se pasearon por el conocido repertorio de la banda, con temas de El Amor ya no existe (1987) -producido por Fito Páez– y Sin sombra no hay luz (1989) que marcaron una generación como “Una extraña sensación de soledad”, “Un agradable calor”, “Nada sigue igual”, “Sin sombra no hay luz”, «Ayug Paye» y más.

También tocaron del reciente tercer disco Infecto de Afecto, publicado en 1991.

Era una presentación muy esperada y lamentablemente resultó ser de las últimas que dio el grupo.




En medio del cansancio pero a la vez con las inmensas ganas de ver a Soda Stereo, la medianoche pasó de largo y ya era lunes.

Un serio problema de sonido al quemarse parte del sistema de audio por una mala praxis del ingeniero de la banda, aunado al diluvio que cayó convirtió aquello en una gesta heroica. La lluvia fue devastadora, pero mucha gente permaneció fiel, empapada, pasando mucho frío.

Soda Stereo en Iberoamericano de Rock 1991

Soda Stereo en Iberoamericano de Rock 1991
Soda en el amanecer del 11 de noviembre de 1991

Se presentó una situación irrepetible en la que, a la hora en que todos salían hacia sus trabajos, universidades y colegios, el lunes 11 de noviembre de 1991 a las 7 de la mañana, estaba terminando de tocar Soda Stereo, y aunque suena a tópico, podría recordar a Jimi Hendrix cerrando Woodstock el lunes 17 de agosto de 1969 luego de las tormentas que afectaron la agenda de horarios.

¿Hay alguna experiencia más rock que esta?

Ya lo repitió Cerati cada vez que pudo: una de las experiencias mas brutales de su vida fue tocar en Caracas viendo el amanecer. El grupo, a pesar de las vicisitudes, se había empeñado en tocar y de ese modo agradecer a los fans que estoicamente habían permanecido en el sitio.

Aquellos históricos cinco días que congregaron a miles de personas y a buena parte de lo más granado del rock iberoamericano para algunos “investigadores” del rock latinoamericano no existió. Basta comprobarlo viendo Rompan Todo, para cuyos realizadores esta experiencia no fue digna de mención.

Sin embargo, no queda duda que el primer Festival Iberoamericano de Rock 1991 es parte esencial de la Historia del Rock Latinoaméricano y nosotros la vivimos y la podemos contar.


Notal final:

Bueno es recordar que en 1994 estaba todo listo para el 2do Festival Iberoamericano de Rock Caracas ‘94, incluso con algunos artistas ya en Venezuela y mientras se realizaba un ciclo de charlas en el Celarg, se suspendió debido a una demanda de un socio contra otro por uso del nombre.

Faltaban apenas dos días para que comenzara y el cartel era aún más grande, con Amistades Peligrosas, Joaquín Sabina, Danza Invisible, Los Pericos, Los Cafres, Maldita Vecindad, Aterciopelados, Caifanes, Los Enanitos Verdes, Desorden Público, Zapato 3, Los Gusanos, La Calle, Paralamas, Fabiana Cantilo e incluso Violent Femmes, entre otros.