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Jim Morrison: medio siglo sin el poeta existencialista del rock

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Jim Morrison
Foto: Joel Brodsky

El 3 de julio de 1971 fue encontrado muerto en extrañas circunstancias nunca aclaradas el cantante de The Doors. Ese día comenzaba el mito


Se cumplen 50 años de la inesperada y misteriosa muerte del cantante de The Doors y su figura sigue cautivando. Pocos como él han pasado la prueba del tiempo con tanta facilidad y dejado una huella tan marcada. Si hay una banda de los 60 con una imagen atemporal esa es The Doors. El mito sobre El Rey Lagarto no ha dejado de crecer.

Juan Carlos Ballesta

En marzo de 1971, tras la grabación del sexto disco de The Doors, L.A. Woman, Jim Morrison había decidido viajar a París con su novia Pamela Courson, quien había alquilado un piso en la Rue Beautreillis el histórico distrito de Le Marais. No esperó siquiera a que fuera editado.

No tenía ganas de pasar por las ruedas de prensa, entrevistas y otros compromisos propios del lanzamiento de un disco. También habían parado por un tiempo de hacer conciertos. A sus compañeros no les importó la decisión.

En París, Morrison parecía llevar una vida tranquila. Se había quitado la poblada barba y unos cuantos kilos. Caminaba todos los días descubriendo la ciudad en busca de nueva inspiración. A pesar de su conocida adicción al alcohol, nada hacía prever un desenlace como el ocurrido la madrugada del 3 de julio en el que amaneció muerto en la bañera del apartamento. Lo descubrió Pamela.

No hubo autopsia, por lo cual no se saben a ciencia cierta las causas ni la hora exacta. A partir de ahí se sucedieron las especulaciones e incluso las más alocadas teorías sobre la falsa muerte. Hasta el propio Ray Manzarek -teclista de The Doors– declaró décadas después que el creía que Jim vivía en las Islas Seychelles, sobre las que siempre decía eran un excelente destino para pasar desapercibido.




Las autoridades francesas optaron por oficializar la muerte a causa de un paro cardíaco, algo que obviamente le ocurre a todo el que muere. Del médico que firmó el acta, con Pamela como única testigo, nunca se supo su paradero. Testigos, sin embargo, lo atribuyeron a una accidental sobredosis de heroína. Tampoco se sabe bien quienes eran esos testigos y como avalan su teoría.

En cosa de dos años, el rock perdía a cuatro de sus más grandes íconos: Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin y Jim Morrison. Todos a los 27 años.

Jim fue enterrado en el emblemático cementerio de París (Père Lachaise Cemetery), uno de los más visitados lugares de la ciudad, donde reposan los restos del escritor irlandés Oscar Wilde, la cantante Edith Piaf y muchos famosos con los cuales Morrison pasó a compartir popularidad como la tumba más visitada.

La lápida original -con el nombre invertido “Douglas James Morrison”- fue robada en 1973. En 1981 el escultor croata Mladen Mikulin realizó (y donó con la aprobación de las autoridades del cementerio) un busto de mármol diseñado por él mismo y una nueva lápida con su nombre, conmemorando el décimo aniversario de la muerte. Fue vandalizado a través de los años y finalmente robado en 1988.

Mikulin insistió y en 1989 hizo otro busto y en 2001 un retrato en bronce. Ninguna de las dos piezas permanece en el lugar de la tumba.

El padre de Jim, George Stephen Morrison, tras consultar con el profesor Nicholas Genovese de la Universidad de San Diego, California, colocó una piedra plana en la tumba con una placa de bronce con la inscripción en griego: ΚΑΤΑ ΤΟΝ ΔΑΙΜΟΝΑ ΕΑΥΤΟΥ, que se traduce como “De acuerdo a tus propios demonios” o alternativamente “fiel a tu propio espíritu”.




Morrison y la literatura

Jim nació en Melbourne, Florida, pero pasó parte su niñez y adolescencia entre San Diego (California), Alexandría (Virgina), Kingsville (Texas), Albuquerque (Nuevo Mexico), Alameda (California), y de vuelta a Florida, debido al servicio de su padre como militar (era almirante de la armada). Esa relación nunca fue sólida, las largas ausencias del padre afectaron a Jim.

Cuando era un niño de cuatro años presenció un accidente en una reservación india que dejó malheridos a muchos. Su mente infantil construyó una historia más trágica aún que afloró luego en su obra e incluso le llevó a pensar que una de esas almas de algún indio muerto encarnó en su espíritu.

Durante todos esos años fue un voraz lector, con preferencia por poetas y filósofos, comenzando por Friederich Nietzsche, cuya visión de la dualidad Apolo-Dionisio tomada de la mitología griega impregnó muchas de sus canciones y poesías. Es decir, la lucha entre el pensamiento racional y lógico, y la irracionalidad y el caos de las emociones y el instinto.

En esencia, Morrison era eso, una mezcla explosiva y muchas veces impredecible de racionalidad e irracionalidad, de lógica y emoción. Sobre un escenario era palpable esa dualidad que lo hizo único.

También, el poeta simbolista francés Arthur Rimbaud ejerció gran influencia, así como en mayor o menor grado fueron parte de su formación y desarrollo como escritor William S. Burroughs, Jack Kerouac, Allen Ginsberg, Louis Ferdinand Celine, Lawrence Ferlinghetti, Charles Baudelaire, Molière, Franz Kafka, Albert Camus, Honoré de Balzac, Jean Paul Sartre y Jean Cocteau.

Lo más llamativo es que Morrison leía también viejos libros ingleses de los siglos 16 y 17 sobre demonología, acerca de demonios, creencias sobre ellos y su jerarquía, como almas no humanas o espíritus que nunca han encarnado en un cuerpo pero merodean a nuestro alrededor. En otras palabras, Jim buscaba luces sobre el mundo espiritual, sus luces y sombras.

En enero de 1964, tras un tiempo en la Universidad de Florida en Tallahassee, donde ya había sido arrestado por perturbar la paz estando borracho, se muda a Los Angeles para estudiar en la escuela de cine de la Universidad de California.




Allí se inscribe en la cátedra sobre el poeta, ensayista y artista visual francés Antonin Artaud, que dirigía el poeta y activista social Jack Hirschman, lo cual tuvo un gran impacto sobre su sensibilidad poética, siempre oscura y teatral.

En ese tiempo realizó varios cortometrajes, llevó una vida bohemia en la playa de Venice viviendo en la azotea de un edificio deshabitado, donde escribió unas cuantas de sus primeras letras para The Doors.

Corría el año 1965 cuando un día en la playa de Venice, Jim Morrison y Ray Manzarek -quien también estudió cine en la UCLA- se encontraron por casualidad. Manzarek estaba impresionado con la poesía de Morrison y le comentó que era material ideal para un grupo de rock.

Al poco tiempo se unió el baterista John Densmore quien recomendó al guitarrista Robby Krieger. Los cuatro convinieron en bautizar la banda como The Doors, inspirados por “The Doors of Perception” de Aldous Huxley, que refiere a abrir las puertas de la percepción mediante el uso de drogas psicodélicas -en específico mescalina.

La Celebración del Lagarto

Una vez juntos Morrison, Manzarek, Krieger y Densmore, el proceso creativo fue imparable.

Manzarek le puso el sonido distintivo al grupo gracias al uso del órgano portátil Vox Continental y el piano eléctrico Fender Rhodes, con los cuales realizó también el rol de bajista; Krieger -quien co-escribió algunas letras- se erigió como el principal compositor y su guitarra aportó altas dosis de blues; Densmore aportó una batería de inspiración jazzística; Morrison se transformó en la imagen del grupo, con un estilo diferente al resto de los cantantes de la época, combinando la poesía, la improvisación y la interpretación teatral.

En 1966 ya The Doors tocaba en el famoso local Whisky A Go Go y en noviembre editaban su significativo primer single “Break on Through (To the Other Side)”, acompañado de un cortometraje promocional que mostraba a los cuatro miembros en la oscuridad, poniendo los cimientos tanto de su música como de la cuidada estética visual que manejaron Manzarek y Morrison adelantada a su tiempo y presagiando por décadas el nacimiento del videoclip.

El impacto producido por el debut, The Doors, publicado a comienzos de 1967 fue de grandes proporciones, refrendado meses después -el mismo año- con Strange Days.

Con dos discos, el cuarteto se convirtió en una de las más impresionantes bandas de rock del momento, con una hasta ese momento inédita mezcla de blues con oscura psicodelia y poesía existencial.

Waiting For the Sun (1968), el controvertido The Soft Parade (1969), el que quizá sea su obra maestra Morrison Hotel (1970) y el álbum final que nunca pudieron tocar en directo, L.A.Woman (1971), completaron una discografía de apenas media docena de discos pero de sólido discurso y gran trascendencia.




Durante el escaso tiempo de cuatro años, The Doors complementó sus ofrecimientos discográficos con una inigualable faceta en directo que convirtió a la banda en una propuesta totalmente distinta al resto de sus contemporáneas.

Como puede observarse en la siguiente selección de vídeos, tanto Morrison como Manzarek, Krieger y Densmore manejaron una estética visual -puesta en escena minimalista, vestimenta, filmaciones- que resiste la prueba del tiempo y que a pesar de estar concebida en un momento histórico especialmente relevante y renovador, tuvo un componente atemporal que ha permitido a The Doors surfear con libertad los tiempos que siguieron hasta llegar al presente conservando un poder de seducción absoluto.

Jim Morrison, el Rey Lagarto, el Poeta Existencialista del Rock, jugo siempre su propia liga.

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