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The Yes Album: el contundente y determinante tercer disco de YES

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The Yes Album

El 19 de febrero la pionera banda del progrock inglés publicó su tercer álbum, primero con Steve Howe, conquistando con ella tierras lejanas de las fronteras inglesas. 

Yes
The Yes Album

Atlantic Records. 1971. Inglaterra

 
Dice un antiguo adagio que “a la tercera va la vencida”. Esa expresión de sabiduría popular encaja como anillo al dedo para el dilema que atravesaba el quinteto londinense conformado entonces por el vocalista Jon Anderson, el bajista Chris Squire (†), el teclista Tony Kaye, el baterista Bill Bruford y el recién incorporado guitarrista Steve Howe, quien sustituía a un tímido Peter Banks.

Yes, como es conocido, estaba destinado a despertar el interés de las masas. Sin embargo, en nuestra celebrada placa discográfica, Yes tenía la última oportunidad que el sello de Ahmet Ertegun le daba para emparejar los numeritos del marketing, a pesar de haber logrado captar un modesto interés con los álbumes Yes (1969) y Time and a Word (1970).

En ellos encontramos los rudimentos de una excelsa banda que a lo largo de su dilatada carrera nos ha dejado obras magnas como Fragile (1971), Close to the Edge (1972), Tales From Topographic Oceans (1973), Relayer (1974), Going for the One (1977), Drama (1980) o incluso Magnification (2000).

Sin desestimar un período bajo el cual Yes, con Trevor Rabin como propulsor, nos ofrecía una música accesible y lejana de planteamientos filosóficos de gran densidad.

90125 de 1983 marcó el inicio de aquellos días de Big Generator, Talk y Union, discos de buenos temas que marcaron una línea etérea caracterizada por un sonido que en sus intenciones procuraba emular esa accesibilidad en este disco al que celebramos sus primeros 50 años.

El salto cualitativo con The Yes Album

The Yes Album nos presentaría a un virtuoso guitarrista emergente de las filas de las bandas Bodast y Tomorrow,  a la vez que sería el último disco con Kaye tras las teclas, hasta su vuelta para el período entre 1982 y 1994.

Esta formación de Yes hacía su entrada a los Advision Studios de Londres para producir junto al audio ingeniero Eddie Offord seis temas de una sólida y variada envergadura a lo largo de 41 minutos, marcando distancia de las fórmulas del blues y favoreciendo más a la combinación de elementos armónico-vocales con un dilatado y melodioso bajo, el clásico sonido del órgano Hammond y la virtuosa guitarra en “Fingerstyle”, coqueteando incluso con leves tintes barrocos y medievales bajo la guía espiritual de Napoleón (Jon Anderson), cantante caracterizado por su rango de tenor alto y por escribir letras donde la textura, el color y el sonido de las palabras son tan o más importantes que el significado de las mismas, produciendo un sonido de un atractivo superlativo que finalmente les trajo a la fama mundial.

The Yes Album inicia con un tema que bien podría ser parte de la banda sonora de un western. Compuesta por la banda en pleno, Howe, Bruford y Squire nos atrapan con un estruendoso sonido tras el cual Jon nos dice: “Ayer vino una mañana sonrisa en el rostro, Caesar Palace gloriosa mañana, tonta raza humana…”

Es “Yours Is No Disgrace”, pieza de variada y balanceada dinámica con un destacado solo en las manos de Steve y un bajo de melodiosas frases.

El tema está colmado de interesantes cambios y efectos con un solo de guitarra que va de un lado a otro, lo que genera un interesante efecto espacial. Vale la pena destacar que la letra originariamente  fue escrita por Anderson y David Foster (†) (no el canadiense)

Tras esos 9:41 iniciales (11 en la versión en vivo para el programa de TV alemán Beat Club) se abre espacio un extraordinario solo de guitarra acústica compuesto por Steve Howe y grabado en directo en el Lyceum Theater de Londres el 17 de julio de 1970. Inspirado en Chet Atkins y el tema “Classical Gas” de Mason Williams, Howe nos deleita demostrando su virtuosismo en “Clap” titulo que en la primera edición aparece por error con el artículo “The” connotando en el inglés americano una penosa y común, aunque curable, enfermedad venérea.

Howe nos demuestra acá por que la revista Guitar Player le seleccionó cinco años seguidos como el mejor guitarrista por su variado lenguaje guitarrístico y el excelente dominio del instrumento.

“Starship Trooper” es el tema que cierra el lado A de este colosal vinilo. La pieza se caracteriza por los amplios espacios y el centelleante solo de guitarra acústica que Howe hace al final y que es un fragmento titulado “Würm” que resultó de la evolución natural de una pieza llamada “Nether Street“ de sus días con la banda Bodast.

En la pieza hay otros dos segmentos llamados “Life Seeker” de Anderson y “Disillusion” compuesto por Squire.

La pieza es tan extensa como mágica y por algún extraño motivo me lleva a la surreal imagen de la portada que es una foto tomada por Phil Franks donde la banda aparece con un Tony Kaye enyesado en una pierna y la cabeza flotante de un maniquí enmarcado en un fotograma con un acentuado tono verde.

El lado B abre con una pequeña suite llamada “Ive Seen All Good People” conformada por “Your Move”  y “All Good People.”

Esta excelente pieza está caracterizada por el intro acapella de las voces de Yes que cede espacio para que Howe nos acaricie los oídos con el dulce sonido de un instrumento de cuerdas que se combina con la voz de Anderson y la flauta dulce de Colin Goldring.

“He visto a toda la buena gente voltear sus cabezas tan satisfechas cada día, voy en camino…”,  nos canta celestialmente el tenorino en la primera parte, para luego ofrecernos un poco de  rock con la entrada de la guitarra de Steve y la batería de Bill, con la irremplazable ancla que es el Rickenbacker de Squire.

El tema culmina con los versos iniciales que se difuminan hasta el silencio.

Un extraña y hermosa “A Venture” compuesta por Anderson pone a Kaye tras el piano para darnos un poco de jazz.

El resonante bajo de Squire acompaña la voz de Jon quien nos dice: “Cierto día un hombre pacífico reposó su cabeza cerca del río y pensó en su infancia, su padre y redentor quien no podía ocultarse, él controlaba sus caballos con un susurro o una palmada, no podía combatir la bebida pero dentro de todo no era pecador…”

Howe irrumpe con su guitarra eléctrica al final.

“Perpetual Change” culmina esta obra maestra.

Una bucólica imagen inspiró a Jon Anderson a escribir la letra de esta pieza que además le abre espacio a un polirítmico Bill Bruford, cuyo trabajo a lo largo del disco es de sobrada excelencia dada no solo por la complejidad de sus fills y variados ritmos sino también por la creatividad en el empleo de recursos para matizar las seis composiciones que conforman The Yes Album.

Los armónicos de Howe sobre los versos de Jon son un sutil detalle y más aún con la excelsa sección rítmica de Squire y Bruford. “Veo la fría niebla en la noche y veo las colinas perderse de vista…

The Yes Album le abrió al mundo las puertas de un terreno fértil en imaginación y pleno de oníricas visiones que colectivamente llamamos Yes y que aún subsiste sin la presencia del inimitable Chris Squire, quien pasara a otra vida el 27 de junio de 2015.

Antes de comenzar a escuchar nuestro homenajeado LP quiero recomendarte la edición reeditada con mezcla y masterización de Steven Wilson.

Leonardo Bigott


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