El 5 de octubre de 1973 el prolífico pianista, compositor y cantante inglés publicó el ecléctico y ambicioso doble álbum
Elton John
Goodbye Yellow Brick Road
DJM. 1973. Inglaterra
Pocos discos en la historia de la música popular, y en específico del rock, pueden compararse a Goodbye Yellow Brick Road, el séptimo disco de Elton John, que daba continuidad a una seguidilla inolvidable de discos que había comenzado con el poco apreciado Empty Sky (1969) y siguió en una línea ascendente con Elton John (1970), Tumbleweed Connection (1970), Madman Across the Water (1971), Honky Chateau (1972), Don’t Shoot Me I’m Only the Piano Player (1973).
El nivel creativo de Elton John alcanzó su gran apogeo en 1973 con la edición de dos discos centrales en su discografía, comenzando con Don’s Shoot Me… apenas iniciado el año.
Tal era la inspiración y el cúmulo de composiciones que Elton tenía que en mayo de aquel año entró al famoso estudio francés Château d’Hérouville, bajo la producción de Gus Dudgeon y la ingeniería de sonido David Hentschel, para darle forma a 18 temas de muy variada índole que conformaron un doble LP histórico.
Inicialmente John había viajado a Jamaica con la intención de grabar el disco en Kingston, siguiendo el proceso de los Rolling Stones con Goats Head Soup (1973), pero debido a ciertas carencias con el piano y problemas políticos que creaban inestabilidad, Elton y Dudgeon decidieron volver al estudio donde se habían grabado los dos álbumes anteriores.
Aunque no estaba planeado como un doble LP, Elton y el letrista Bernie Taupin, concibieron 22 temas, quedando 18 de ellos distribuidos en los cuatro lados. Rock progresivo, country rock, reggae, glam, power rock y mucho más. Tal era el grado de inspiración que Elton compuso todas las melodías en tres días, y Bernie terminó las letras en menos de tres semanas.
La banda estuvo conformada por los habituales Dee Murray en el bajo, Nigel Olsson en la batería y congas, Davey Johnstone en las guitarras, Del Newman en los arreglos orquestales y varias colaboraciones puntuales, entre ellas las de Hentschel en el sintetizador ARP.
El título escogido para el disco (y la canción que le da nombre) fue inspirado por la serie de libros El Mago de Oz de L. Frank Baum de la que se creó la emblemática película.
Elton y el tránsito hasta el camino de ladrillos amarillos
¿Cómo podía el tímido adolescente Reginald Kenneth Dwight haberse convertido en la rutilante estrella del rock en tan poco tiempo? El biopic “Rocket Man” da buena cuenta de esa historia (leer reseña aquí).
Tras los fallidos intentos -no demasiado documentados- de ser el cantante de las para entonces nóveles bandas King Crimson y Gentle Giant, decidió tocar sus propias canciones, reivindicando el rol del piano dentro del rock, con letras de Bernie Taupin, un escritor a quien había conocido por casualidad gracias al dueño de su primera disquera.
Fue una relación en todos los planos, rota prematuramente en 1976 y reactivada profesionalmente años después, aunque ya sin la magia de entonces. A Bernie se le debe buena parte del crédito en el éxito de Elton.
Su ascenso a la fama fue realmente meteórico. Pocos artistas fueron más grandes y populares que Elton John durante la primera mitad de los años 70. Su historia representa una de las transformaciones más radicales de la música pop.
Un soberbio viaje desde la oscuridad de un suburbio inglés hasta la gloria mundial y en medio de eso la adicción y los excesos: drogas, compras compulsivas, vestuarios extravagantes, miles de anteojos -su “trademark”- y grandiosos shows, que se convirtieron en una sucesión de disparatados y ostentosos disfraces -cortesano, marinero, beisbolista, pato Donald, mago, rumbero, pájaro- lentejuelas, zapatos de grandes plataformas y pelo de múltiples colores.
Todo ello aderezado por depresiones, intentos de suicidio, inseguridades y escándalos sexuales. Para el momento de declarar públicamente su bisexualidad en 1976, ya todo estaba dicho.
Cuando se publicó Goodbye Yellow Brick Road, Elton John se habia convertido en una estrella glam, un estatus que fue temporal, como el de casi todos los que orbitaron alrededor de esa estética aquellos años.
Las 18 maravillas de GYBR
En medio de la efervescencia del rock progresivo, fueron escogidas para abrir el disco “Funeral for a Friend” y “Love Lies Bleeding”, dos composiciones distintasm que conforman una sola pieza de más de once minutos.
La primera es un tema instrumental con cierta pompa sinfónica con sintetizadores en primer plano, creado a partir del pensamiento de Elton sobre la música que le gustaría en su funeral, mientras que la segunda es un complejo y movido tema con una letra en la que se dice: “Y el amor yace sangrando en mi mano / Oh, me mata pensar en ti con otro hombre”
El disco continua con “Candle in the Wind”, una de las mas famosas baladas de Elton, una especie de oda o requiem dedicado a Marilyn Monroe, quien había muerto 11 años antes. Taupin retrata a Marilyn y comienza la letra mencionándola por su nombre real: “Goodbye, Norma Jean”
Elton volvió a primer plano luego de la muerte de la Princesa Diana de Gales en 1997 con la adaptación de “Candle in The Wind”, el single más vendido de todos los tiempos.
El lado A finaliza con “Bennie and the Jets”, uno de los grandes éxitos del disco y de la carrera de Elton.
La letra desarrolla la visión de un fan sobre una banda llamada Bennie and the Jets, liderada por una mujer de aspecto andrógeno, quizá ligada con los tiempos glam que se vivían.
Aunque la grabación pareciera en vivo, es en realidad una grabación en estudio con aplausos sobrepuestos para resaltar la historia contada

La canción que da nombre al disco abre el lado B. Es sin duda, uno de los más logrados temas de Elton, una balada gentil con atractiva melodía y sofisticados arreglos.
“This Song Has No Title” es un corto tema que transcurre inicialmente solo con piano y voz, hasta que los coros la enriquecen, dando paso a “Grey Seal”, una acelerada pieza con gran uso del Mellotron.
“Jamaica Jerk-Off” es un coqueteo directo con el ska, con un interesante resultado. Los coros e intervenciones vocales fueron acreditadas a Prince Rhino, Reggae Dwight y Toots Taupin, sin duda, pseudónimos que hacen referencias a grandes de la música jamaiquina como Toots Hibert, además de sus apellidos.
Elton realiza un magnífico trabajo con el órgano Farfisa
Cierra el lado B con los seis minutos de la sensacional balada “I’ve Seen That Movie Too”, que posee un desarrollo inicialmente melancólico y teñido de blues que va in crescendo con gran intervención de las cuerdas.
El primer lado del segundo álbum abre con la exquisita balada “Sweet Painted Lady”, con Elton cantando con especial sentimiento. El acordeón, que tiene un papel protagónico, no fue acreditado a músico alguno.
Termina el tema con los sonidos de gaviotas, dando paso a “The Ballad Of Danny Bailey (1909-1934)”, en la que Taupin escribe sobre una truculenta historia de crimen: “Un punk con una escopeta mató al joven Danny Bailey / A sangre fría, en el lobby de un motel del centro / Lo mató con ira, una fuerza que no podía manejar / Ayudó a apretar el gatillo que truncó su vida / Y no hay muchos que lo conocieran como lo hicimos nosotros / Efectivamente, era un salvaje, pero ¿no lo son la mayoría de los niños hambrientos?”
Llama la atención el uso del término “punk”, tres años antes de que se adoptara tras la irrupción de una nueva generación de bandas encabezadas por Sex Pistols y The Clash
Es uno de los temas más atractivos y logrados del disco, con gran aporte de la sección de cuerdas
Continua “Dirty Little Girl”, un tema midtempo con muy buena guitarra y una interpretación vocal algo más áspera que el resto del disco.
Un riff de guitarra que intuimos Johnstone pasa por la distorsión de un Big Muff, da inicio a “All the Girls Love Alice”, interesantísimo tema que pasa por pasajes acelerados a momentos de sosiego y que en algo recuerda al Paul McCartney con Wings de aquellos días.
Kiki Dee contribuye con excelentes coros y Dave Hentschel con el sintetizador ARP
El cuarto y último lado del álbum comienza con el sudoroso rocanrol “Our Sister Can’t Twist (But She Can Rock’n’ Roll)”, probablemente uno de los temas más acelerados de la carrera de Elton, con un interesante solo de órgano Farfisa.
El espíritu de frenesí se mantiene con la rockera “Saturday Night’s Alright for Fighting”, un temazo de espíritu glam que impactó en muchas radios del mundo y que suena a una mezcla de The Rolling Stones con The Who (no por casualidad años después fue versionada por el grupo londinense).
La canción representa el lado más cañero de Elton, con un Johnstone desplegando uno de los riffs más a lo Keith Richards que se le conozca, recordando un poco a “Street Fighting Man”.
Es el antecedente de “The Bitch is Back” del disco que siguió, Caribou (1974)
Las aguas se calman con la balada de aroma country, “Roy Rogers”, con gran guitarra slide y sutiles arreglos de cuerdas. El espíritu country prosigue en “Social Disease”, una influencia que ya había aflorado en discos anteriores. Aquí Johnstone se luce con el banjo.
Al final emerge un fantástico aunque corto solo de saxo de Leroy Gómez (Santa Esmeralda)
El doble álbum concluye con la extraordinaria y emotiva balada “Harmony”, que cuenta con magníficos coros de Olsson, Johnston y Murray.
Sobre el significado de la letra se han tejido distintas interpretaciones, pero la que parece más acertada es la da que Taupin escribió sobre la apasionada relación de Elton con la música y la armonía: “Armonía y yo / Somos bastante buena compañía /
buscando una isla / En nuestro barco sobre el mar”
Luego de esta piedra angular, la carrera musical de Elton John arrojaría otros dos discos clásicos con la misma formación, Caribou (1974) y Captain Fantastic and the Brown Dirt Cowboy (1975), y un tercero con cambio de varios músicos todavía en la estela de todo lo anterior, Rock of the Westies (1975), antes de entrar -a pesar de seguir generando canciones exitosas- en un lento declive creativo.
Luego vendría la etapa de rehabilitación tras quince años enganchado a la cocaína y el alcohol, y la consecuente redención que llegó a comienzos del siglo 21 con sus mejores trabajos desde los 70.
Goodbye Yellow Brick Road, cinco décadas después, suena prístino, lozano y aun seductor. Un clásico imperecedero que dio nombre a su extensa gira de despedida de los escenarios (“Farewell Yellow Brick Road”. Leer crónica aquí)
Juan Carlos Ballesta
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