A los 81 años tras una larga batalla contra el cáncer de médula ósea (mieloma múltiple), el fundador y alma motora de Supertramp ha fallecido en su hogar en Long Island, Nueva York
Pocas bandas en la historia de la música popular han logrado un equilibrio tan maravilloso como Supertramp, donde dos poderosos polos en apariencia antagónicos funcionaron como el Yin y el Yang. Esa magia duró una década, durante la cual Roger Hodgson (Yin) y Rick Davies (Yang) crearon un cuerpo de trabajo que le ha dado la vuelta al mundo durante medio siglo, antes de romper la relación en 1983 y hacer de esa amistad y sociedad creativa algo irreconciliable.
Juan Carlos Ballesta
De la convivencia entre dos personas talentosas, con formas de ser distintas y maneras de componer y cantar casi opuestas, pueden salir explosiones creativas sinérgicas inmortales. Es lo que ocurrió en Londres en 1969 cuando el pianista y cantante (que inició como baterista) Rick Davies -tras conocer al mecenas holandés Stanley August Miesegaes– publicó un aviso de búsqueda en el semanario Melody Maker que atrajo a Roger Hodgson -en principio bajista/vocalista- y el guitarrista/vocalista Richard Palmer-James.
Supertramp: el proyecto de vida de Rick Davies
A Rick y Roger los separaban seis años. Davis era de la generación de los Beatles y los Stones, Hogdson de la siguiente, la de Yes y King Crimson. Entre ellos Richard, separado tres años de uno y otro.
Davies tenía suficiente experiencia. Había tocado con Gilbert O’Sullivan -quien ha confesado que lo aprendió todo de Rick-, en The Lonely One, el grupo en el que militó Noel Redding antes de unirse a Jimi Hendrix, y con The Joint, banda con la que grabó varias bandas sonoras para películas alemanas, que fue lo que propició el encuentro con el multimillonario Miesegaes.
En cambio, Palmer-James habia estado en unas pocas bandas sin demasiada trascendencia (siempre con John Wetton como bajista) y Hodgson a los 19 años, en 1969, había grabado dos singles, uno con el efímero grupo People Like Us y otro con una banda de flower pop que prometía mucho llamada Argosy, con Caleb Quaye, Nigel Olsson y el joven Reginald K. Dwight en el piano, quien ese mismo año debutaría como Elton John.
De modo que el comienzo de Supertramp tuvo en realidad tres fabulosas fuerzas creativas. El subestimado álbum debut contó con las letras oscuras y surrealistas de Palmer-James -además de su guitarra-, el mismo personaje que pondría sus textos en la trilogía Larks’ Tongues in Aspic (1973), Starless and Bible Black (1974) y Red (1974) de King Crimson. Ese disco se movía en terrenos del folk progresivo, con influencias de Caravan y Robert Wyatt.
Después de otro intento fallido, Indelibly Stamped (1971), la banda se reformó y el núcleo Davies-Hodgson introdujo a John Anthony Helliwell (saxos, clarinete), Dougie Thomson (bajo) y Bob Siebenberg (batería). La guitarra pasó a ser tocada por Hodgson, aunque el protagonismo fue sobre todo de los pianos eléctrico y acústico. Sus voces contrapuestas ayudaron a lograr un balance entre lo mas etéreo y lo terrenal, entre lo agudo y lo grave, así como en las letras que tendían a ser más urbanas, irónicas y directas en el caso de Rick, en contraste con el lirismo espiritual de Hodgson.
Con Crime of the Century (1974) se produjo el gran salto cuántico para la dualidad Davies-Hodgson, con ocho maravillosos temas a medio camino entre el rock progresivo, el folk y el art pop. Tres canciones con liderazgo vocal compartido (“School”, “Asylum” y “Rudy”), dos por Davies (“Bloody Well Right” y “Crime of the Century”) y otras tres por Hodgson (incluido el exitazo “Dreamer”) pusieron a Supertramp en el mapa musical del planeta.




Aunque cada uno componía por separado y podría intuirse el peso compositivo de cada canción según de quien fuera la voz principal, todas iban firmadas en sociedad, a la manera de Lennon y McCartney. En Crisis? What Crisis? (1975) se notó más esa dualidad ya que solo hay un tema en que comparten rol vocal y Hodgson destacaba en seis, dejando a Davies liderar la voz de solo tres (“Ain´t Nobody But Me”, “Another’s Man Woman” y “Poor Boy”).


En Even in the Quietest Moments (1977) las cargas quedaron más balanceadas, y tres de los siete temas fueron cantados por Davies (“Lover Boy”, “Downstream” y la fantástica “From Now On”)


En 1979 se produjo el gran momentum de Supertramp con Breakfast in America, un disco que visto con la perspectiva del tiempo parece un “Greatest Hits”, con canciones de alto impacto comercial como “The Logical Song”, “Breakfast in America”, “Take the Long Way Home” y “Goodbye Stranger” -cantada por Davies junto a otras cuatro más.

Fue el gran punto de inflexión que produjo el doble álbum en directo Paris (1980) y el coletazo …Famous Last Words (1982), tras el cual Hodgson se despidió de Supertramp dejando solo con el liderazgo a Davies.
El balance se había perdido, y la magia también. Y, por supuesto, la relación entre ambos. La animadversión entre Davies y Hodgson quizá no llegó a las cotas de David Gilmour y Roger Waters, pero no estuvo muy lejos, en especial cuando en 2010 Davies decidió celebrar los 40 años de Supertramp con una gira que coincidía con la de Hodgson en solitario.
A petición de miles de fans, Roger propuso a Rick participar en los conciertos de Supertramp que permitiera su agenda, pero Davies declinó la oferta aduciendo que podía perderse el equilibrio que amerita una gira de esa naturaleza y porque ya no era posible lograr la química de antaño y no quería destruir esas memorias.
Hodgson mostró su enfado y decepción declarando que era un irrespeto con él y los fans, especialmente porque habían utilizado su voz e imagen en la promoción, algo que consideró “engañoso y una falta de respeto” y que rompía los términos de su acuerdo con Davies.
Davies ripostó declarando que Roger habia dicho muchas veces que no estaba interesado en volver a la banda y que ya se lo había pedido antes, sin éxito.
Davies: el líder perseverante
Tras la salida de Hodgson en 1983, Davies mantuvo a Supertramp activo con nuevas formaciones, defendiendo el nombre de la banda en giras y discos posteriores. Componiendo y cantando casi todas las canciones, Brother Where You Bound (1985), Free as a Bird (1987), Some Things Never Change (1997) y Slow Motion (2002) no alcanzaron los momentos de gloria pasados.
Aunque el pico comercial había quedado atrás, Rick demostró una fuerte capacidad de dirección y resiliencia como motor fundacional y alma persistente de Supertramp. Su mezcla de piano con raíces de blues y jazz, su voz grave y su visión musical dieron al grupo una identidad única, complementando el estilo más etéreo y pop de Roger Hodgson.
Rick Davies deja un legado que trasciende las ventas millonarias y los premios. Su voz grave, el pulso de su piano eléctrico Wurlitzer y su particular manera de narrar historias urbanas y existenciales definieron una época en la que Supertramp fue la banda sonora de millones de vidas.
Aunque su relación con Roger Hodgson quedó marcada por distancias y desencuentros, ambos construyeron juntos un catálogo de canciones que sigue latiendo con fuerza en la memoria colectiva.
En solitario Hodgson ha vivido principalmente de su legado con Supertramp. Davies con Supertramp tampoco pudo sobreponerse a la ausencia de Roger y a pesar de sumar discos, lo medular en los conciertos fue la etapa insuperable de ambos juntos. Uno sin el otro nunca fueron lo mismo. Y por ello no se puede hablar de Rick sin hablar de Roger, y viceversa
Hoy, las reacciones de sus compañeros de banda, de la crítica y de los fans coinciden en reconocerle lo esencial a Rick: la capacidad de emocionar sin artificios. Como escribió la banda en su despedida oficial, “las grandes canciones nunca mueren, viven para siempre”. Y en cada acorde de “Goodbye Stranger” o en el crescendo de “Rudy”, la huella de Rick Davies seguirá resonando mucho más allá de su partida.
Supertramp fue el equilibrio entre Yin y Yang: lo suave y lo fuerte, lo espiritual y lo terrenal, lo etéreo y lo concreto. Precisamente ese contraste fue lo que dio identidad única a la banda: sin Davies, Hodgson habría sonado demasiado etéreo; sin Hodgson, Davies demasiado terrenal.
Termina la historia de la manera más triste posible. Sin reconciliación posible (al menos publicamente) entre dos de los mas importantes hacedores de parte esencial de la banda sonora de este último medio siglo.
Hasta siempre, Rick. Gracias por las muchas emociones y tanta buena música.
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