La legendaria banda londinense lanza un sólido nuevo álbum de 12 canciones, con sorprendentes invitados, retando todas las previsiones
The Rolling Stones
Hackney Diamonds
Rolling Stones Records / Universal. 2023. Inglaterra
El tiempo pasa implacable, las modas van y vienen, los grupos nacen y se disuelven, los estilos musicales florecen y pasan luego a segundo plano o se reciclan, los formatos de antaño renacen, los medios de consumo musical mutan… y como si vivieran en una dimensión paralela -y alimentándose en justa medida de cada circunstancia- , los Rolling Stones siguen activos contra y viento y marea, más de 60 años después de haber debutado en el Marquee Club de Londres, el 12 de julio de 1962.
¿Qué proceso alquímico ha ocurrido a lo largo de tantas décadas para que no solo la banda siga activa, sino que aún sea capaz de generar gran interés, de llenar estadios y de lograr audiencias inverosímiles al anunciar un nuevo disco? ¿Cómo puede una banda mantenerse en primer plano por tanto tiempo?
Mick Jagger (80) y Keith Richards (79) son una prueba de resiliencia y determinación, y con ellos el jovenzuelo Ronnie Wood (76) desde 1975. Ya no está el corazón rítmico, Charlie Watts, quien falleció en 2021, aunque su peculiar estilo se escucha en dos canciones y su aura permanece.
Hace ya 30 años que el bajista Bill Wyman (86) se retiró de la banda, pero aquí ocurrió el milagro de que la famosa base rítmica original de los Stones pudo volver a reunirse en un tema.
Por primera vez, el tema de la edad ha sido mencionado públicamente tanto por Jagger como por Richards. El primero ha manifestado su preocupación sobre como afrontar una próxima gira ya con 80 años y ha bromeado con la posibilidad futura de crear avatares que los sustituyan. El segundo ha confesado que sufre de artritis en los dedos de las manos. Aunque no es muy severa, lo ha obligado a cambiar ciertas formas en su ejecución.
El largo camino hasta Hackney Diamonds
Después de una pausa larga de siete años en los 80 (con dos discos que no tocaron en directo, Undercover y Dirty Work), los Stones regresaron a los escenarios en agosto de 1989 para el “Steel Wheels / Urban Jungle Tour” y desde entonces han recorrido el planeta sin parar con extensos, espectaculares y emotivos shows, comprendidos en 11 tours entre los cuales se reparten 623 conciertos desde el Voodoo Lounge Tour comenzado en 1994 hasta el más reciente y corto de todos, Sixty Tour, con 14 fechas europeas en 2022 (aquí crónica del concierto en Madrid)
Sin embargo, a pesar de tamaña gesta en la carretera, la producción de nuevo material decreció alarmantemente en el siglo 21, con apenas un disco de canciones propias (A Bigger Bang, 2005), otro de versiones de clásicos y oscuros temas del blues (Blue & Lonesome, 2016) y unos cuantos singles de canciones nuevas como “Don’t Stop”, “Doom and Gloom”, “One More Shot” -incluidos en compilados-, “Living in a Ghost Town” -lanzado en pleno confinamiento pandémico-, y otros con viejas grabaciones inéditas como “Plundered My Soul” (reedición de Exile on Main Street), “No Spare Parts” (reedición de Some Girls), “Scarlet” y «Criss Cross» (reedición de Goats Head Soup) y «Living in the Heart of Love» y “Troubles a’ Comin’” (reedición de Tattoo You).
Como han reconocido Jagger, Richards y Wood, demasiados intentos y muchas canciones inconclusas habían acumulado en años recientes. Quizá el mantener el gran emporio stoniano (exhibiciones, tiendas físicas, la nutrida web, reediciones y ediciones de conciertos, y por supuesto, las giras) ha incidido en la pérdida de concentración y disciplina para lo esencial -no tanto en la inspiración- que requiere ensayar, grabar y producir nuevos temas siguiendo sus conocidos estándares de calidad.
Bueno es reconocer que para la gran mayoría de los grupos de larga vida, el crear nuevas canciones va siendo descartado a medida que pasan los años y deciden concentrarse en las presentaciones.
El estigma que se cierne sobre los músicos de rock a medida que envejecen es que ya no pueden crear nada interesante, nada valioso que sume a su catálogo pletórico de grandes canciones hechas en la juventud y que a través del tiempo se incrustaron en el inconsciente colectivo, cosa ya improbable que ocurra con las nuevas.
Por tanto, las decisiones de dejar a un lado la creación de nuevos discos obedece generalmente a dos circunstancias: la pérdida de inspiración y el desinterés de muchos fans en nuevas composiciones.
Cierta frustración se apoderó de Jagger y Richards, aunado a la muerte de Watts, lo que en un proceso de autocrítica llevó a que decidieran ponerse fechas límites. Pero necesitaban a alguien que pusiera a marchar el proceso y los encarrilara de nuevo.
Paul McCartney sugirió a Ronnie Wood que contactaran a Andrew Wotman, joven productor, guitarrista y compositor neoyorquino conocido por su monónimo Watt, quien a sus 33 años tiene un amplio recorrido produciendo para Justin Bieber, Miley Cyrus, Ozzy Osbourne, Pearl Jam, Iggy Pop, Post Malone y muchos más, con un Grammy como Mejor Productor en 2021.
Podría parecer en primera impresión que había otros productores más cercanos a la estética stoniana -el ya conocido Don Was apenas aparece en un tema- pero no es menos cierto que necesitaban establecer una nueva dinámica y confiar en alguien con ideas y procedimientos actuales, sin por ello sacrificar su identidad.
El resultado es un trabajo de producción moderna que respeta la esencia del sonido clásico de los Stones, sin caer en clichés o en alteraciones innecesarias. Watt, además, fue involucrado en la composición de tres canciones y toca varios instrumentos.
Las 12 de Hackney Diamonds
Se grabaron 23, pero quedaron 12 canciones para este disco. Esperemos no haya que esperar décadas para conocer el material descartado en reediciones aniversario. Bueno sería que pronto se despacharan con otro disco.
Los 48 minutos de Hackney Diamonds es el tiempo perfecto. Cada canción incluida posee su propio peso específico y hay una variedad temática suficientemente equilibrada en la que hay temas de tempo rápido, mid tempo, baladas, acercamientos al country, al blues, al soul y al góspel.
Entre ellas hay varias canciones pegadizas, de esas que poseen coros y riffs marca registrada y que bien pudieran ser incontestables éxitos de radio en todo el mundo si la mayoría de las emisoras no hubieran relegado tanto al rock en su programación regular.
Varios invitados de peso son parte muy importante del disco, sin ser efectistas: Stevie Wonder, Lady Gaga, Paul McCartney, Elton John, Benmont Tench, David Campbell y el ilustre ex-Stone, Bill Wyman, aparecen dosificadamente. De todos, solo Lady Gaga canta, los demás se limitan a aportar sus talentos como instrumentistas.
Steve Jordan hace su debut con la banda, como sustituto natural de Charlie Watts (quien lo escogió para suplirlo cuando enfermó), y la verdad en la mayoría de los temas deja en claro que su presencia rinde homenaje a Watts con un estilo y un sonido no muy alejado de él.
El bajo, como había sido desde el abandono de Wyman, esta vez no fue de Darryl Jones, aunque se había informado que sí acudió a las sesiones. Al menos en estas doce canciones no fue acreditado, recayendo todos los bajos en Richards y Watt.
Los teclados fueron asumidos por Matt Clifford, con ayuda de Watt
El primer tema que se dio a conocer del disco, “Angry”, abre fuegos con potente riff y un coro pegadizo en el que Jagger canta: “Por favor, solo olvídame / Borra mi nombre / Por favor, nunca más me escribas / Te amo igual que siempre / Escucho una melodía sonando en mi cabeza / Solo guarda los recuerdos / No tienes que sentir vergüenza”
Es uno de esos distintivos ofrecimientos que los Stones han hecho desde la época con Mick Taylor, con una sólida base rítmica sosteniendo guitarras y voz.
El solo de guitarra es corto pero magnífico y tras él, la pieza suma coros y un Jagger en pleno
“Angry” inicia la primera tríada en la que Jagger y Richards comparten créditos de composición con Watt, lo cual es indicativo de lo importante que ha sido el productor en este álbum

La batería ligeramente funky de Steve Jordan, que recuerda la era de Black and Blue (1976) o “Slave” de Tattoo You (1981), inicia “Get Close”, otro tema con coro pegadizo como pocos en el disco.
Jagger canta: “Escucha / Camino por la ciudad a medianoche con el pasado atado a mi espalda / Últimamente no puedo dormir, soy un verdadero insomne / Estaba charlando con un fantasma, quiere ciento un fósforo / Dice: Sé que tienes el dinero, ¿dónde está el hombre detrás de la máscara? / quiero acercarme a ti / quiero acercarme a ti / quiero acercarme a ti”
La pieza es la primera de dos en la que colabora Elton John, aunque a decir verdad su piano quedó algo perdido en la mezcla. Lo contrario ocurre con la fantástica intervención de James King, quien aporta un corto pero muy expresivo solo de saxo, durante el cual también interviene Karlos Edwards en la percusión.

Las revoluciones bajan con “Depending on You”, un estupendo tema midtempo con aroma country, especialmente por las guitarras de Wood y Richards.
Benmont Tench aporta un sutil pero muy necesario órgano. Cierra la tríada inicial de canciones en las que Watt participa en la composición.

Y entonces emerge la incendiaria “Bite My Head Off”, vitaminado y agreste rocanrol como en los tiempos de Some Girls, con Paul McCartney luciéndose en el bajo, incluido un breve segmento de bajo distorsionado.
Es quizá la colaboración más sonada en décadas. The Beatles y The Rolling Stones habían intercambiado coros en 1967, en “We Love You” y “All You Need is Love”.

Aún sacudidos por el tema con Macca, los Stones nos recuerdan de nuevo que son unos hacedores de hits con “Whole Wide World”, con otro coro que queda grabado rápidamente en nuestra mente y nos deja con ganas de volverlo a escuchar antes de proseguir con el siguiente tema.
Hay cierta nostalgia en la letra de Jagger: “Las calles por las que solía caminar / Están llenas de vidrios rotos / Y adonde quiera que mire / Hay recuerdos de mi pasado / El piso sucio en Fulham / El olor a sexo y gas / Nunca supe realmente dónde iba a dormir a continuación / Cuando todo el mundo está en tu contra / Y estás parado bajo la lluvia / Cuando todos tus amigos te han decepcionado / Y te tratan con desdén / Cuando todo el mundo está en tu contra / Y la vida te tiene huyendo / Y crees que se acabó la fiesta / Pero esto apenas, apenas comienza / Oh, no”

Si pensábamos que los Stones ya habían agotado su capacidad de componer grandes baladas country, “Dreamy Skies” surge para conmovernos con ese sentimiento de agradecimiento de Jagger, Richards y Wood hacia la música norteamericana, auténtica fuente de inspiración desde sus inicios.
Aquí Wood con la guitarra slide y Richards con la eléctrica entrelazan un entramado fantástico, con Jagger cantando: “Estaré bailando sobre diamantes / estaré patinando sobre vidrio / Estaré cortando leña, estaré partiendo las mitades / Una maldita radio vieja es todo lo que tengo / Simplemente toca Hank Williams y algún mal honky-tonk / Porque tengo que tomarme un descanso de todo”
La producción de Watt es notable al recrear una atmósfera de intimidad en la que al final es posible sentirse parte de esa grabación

Un gran placer ocurre cuando arranca “Mess it Up”, con Charlie Watts en la batería, un tema de aire setentero con elementos funky.
De nuevo emerge el lado más melódico de los Stones, con unos sorprendentes coros de Richards y Wood, y Jagger dosificando el falsete: “Crees que lo arruinaré, lo arruinaré, lo arruinaré todo por ti (todo por ti, sí) / ¿Crees que lo arruinaré, lo arruinaré, lo arruinaré todo por ti? / ¿Crees que lo vestiré, lo vestiré, lo vestiré todo para ti (todo para ti) / Dices que realmente, realmente, realmente, realmente quieres escuchar la verdad / Sí, sí, dices que realmente, realmente, realmente, realmente quieres escuchar la verdad, sí, vamos / Realmente quiero escucharlo (realmente quiero escucharlo) / Realmente quiero escucharlo, nena / Realmente quiero escucharlo / Realmente quiero escucharlo, realmente quiero escucharlo, nena, sí”

Y por si fuera poco, Charlie Watts sigue a bordo en el rocanrol “Live by Sword”, en la que sorpresivamente comparte la base rítmica con su compañero de los primeros 30 años stonianos y 19 discos, Bill Wyman.
Esta vez el piano de Elton John es más protagónico y contribuye al espíritu rocanrolero que tiene la pieza, en la que Don Was hace producción adicional.

Apenas comienza “Driving Me Too Hard” nos recuerda en algo al clásico de Exile on Main Street (1972), “Tumbling Dice”.
Es un tema midtempo con cierto aire country rock melancólico y otro coro infalible: “Así que mira lo que me has hecho / Has vaciado mis ojos / Y torciste mi cordura / Y todo lo que hiciste fue llorar”

El turno habitual de Keith Richards en la voz líder llega con “Tell Me Straight”, una distendida balada, ideal para la voz de Keith, pero que es el tema menos interesante del disco.

Que duda cabe que el momento épico del disco es “Sweet Sounds of Heaven”, una balada en clave blues a la que van sumándose elementos soul y góspel gracias a la intervención magistral de Lady Gaga y su diálogo con Jagger, el piano de Stevie Wonder y la trompeta de Ron Blake.
Jordan contribuye con una batería fantástica, mientras que Wood y Richards mantienen una presencia menos protagónica pero llena de matices.
En algo recuerda el carácter grandioso de “You Can’t Always Get What You Want” (Let it Bleed, 1969) y de seguro será un elemento central en la aún no anunciada pero previsible próxima gira.

En abierto contraste, el tema de cierre es “Rolling Stone Blues”, una cruda versión del blues original de Muddy Waters que Brian Jones propuso como nombre para el grupo.
Aunque parezca increíble, nunca lo habían grabado ni constan grabaciones en directo, por lo que se abre el cúmulo de especulaciones en las que se afirma que podría ser el cierre del círculo.

Lanzamiento y diseño de Hackney Diamonds
El nombre del disco es la jerga londinense (slang) para referirse a los cristales rotos que quedan después de que los ladrones rompen una ventana para entrar. Hackney es una zona del centro de Londres asociada con una alta tasa de criminalidad.
Con el nombre ya decidido, la artista filipina especializada en arte digital, Paulina Almira, junto a la agencia de servicios gráficos H+ Creative, le dio vida a una serie de artes digitales que han ilustrado la portada del álbum (y también la versión alternativa), los singles, así como el logo modificado y el nombre del grupo.
Fue un trabajo completo que ha dividido opiniones, pero que gracias al intenso marketing en poco tiempo ya es parte aceptada de la imaginería stoniana.


Hackney Diamonds fue promocionado con una extensa campaña publicitaria mundial coordinada por Universal Music Enterprises, comenzando el 17 de agosto de 2023, cuando apareció un anuncio en Hackney Gazette, haciendo referencia a varios títulos de canciones de los Rolling Stones y mostrando el logotipo de su lengua.
Cinco días después, el 22 de agosto, los perfiles de las redes sociales publicaron una nueva obra de arte de Paulina Almira, y se estrenó un sitio web para promocionar el lanzamiento, en el que aparecía una cuenta regresiva y solicitaba preguntas para la banda.
El grupo publicó enlaces a este sitio en sus cuentas de redes sociales el 29 de agosto y mostró fotografías de su logotipo proyectado en varios monumentos o edificaciones emblemática y muy concurridas alrededor del mundo, entre ellas la pared de los Cines Callao en Madrid o el edificio Chrysler de Nueva York.
Estas proyecciones continuaron hasta el 2 de septiembre, cuando la banda mostró un breve fragmento de “Angry” en el sitio web especialmente creado para ello, dontgetangrywithme.com, el cual experimentó inestabilidad y errores frecuentes que algunos interpretaron como intencionales.
Finalmente, el 20 de octubre fue liberado el álbum 24 (26 en el mercado norteamericano), logrando una casi unánime aceptación de crítica especializada y público.
Juan Carlos Ballesta
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