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George Harrison: su luz interior sigue encendida

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Foto: Terry

El 29 de noviembre de 2001 el más místico integrante de los Beatles perdió la batalla contra el cancer. Su presencia sigue siendo una constante


Mucho después de su prematura muerte, su legado está más vigente que nunca. El inmenso aporte realizado junto a los Beatles, sigue estando subvalorado, mientras que la carrera como solista permanece también a la sombra de Lennon, siendo más consistente.

El más importante y ambicioso disco en solitario de cualquiera de los cuatro de Liverpool, es All Things Must Pass, el triple álbum lanzado en 1970, mientras que a él se le debe el primer concierto benéfico ligado al rock, The Concert for Bangladesh.

Juan Carlos Ballesta

 

Aunque nunca será suficiente, la labor de posicionar y valorar adecuadamente a George Harrison, su voz, su guitarra, sus composiciones, su rol en The Beatles, sus aportes posteriores, y su personalidad llena de paz y honestidad, es más que necesaria.

Si bien Lennon y McCartney llevaron desde el comienzo el gran peso compositivo y publicitario en The Beatles, Harrison, siguiendo su propio proceso de maduración musical y personal, ayudó a redefinir el sonido del cuarteto en la segunda y más interesante etapa, entre 1966 y 1969, y por ende de la música pop.

El 29 de noviembre de 2001 Harrison falleció en una mansión propiedad de Paul McCartney en Hollywood Mills, Los Ángeles, a los 58 años, tras un cáncer de pulmón que en principio aparentaba haber sido controlado, pero reapareció de forma agresiva en 2001, siendo diagnosticado como metástasis.




Fue incinerado y sus cenizas esparcidas en el río Ganges (India), aunque la familia nunca certificó esta información. Tras su muerte, la familia emitió el siguiente comunicado: “Abandonó este mundo como vivió: consciente de Dios, sin miedo a la muerte y en paz, rodeado de familiares y amigos».

George Harrison y la búsqueda de nuevas sonoridades

George Harrison, como Brian Jones en The Rolling Stones, introdujo elementos musicales exóticos como la cítara y la tabla en el seno de la agrupación, quedando plasmado primero en “Norwegian Wood” (Rubber Soul, 1965) y poco después en Revolver (1966), uno de los grandes discos de la historia de la música pop.

Si bien Harrison ya había dejado colar algunas composiciones en discos anteriores, sus tres piezas incluidas en Revolver develaron su especial talento, especialmente la proto-psicodelia de “Taxman” y la sorprendente “Love You To”, primer acercamiento a la música de la India, dejando claro que Harrison atesoraba un mundo propio, diferente pero complementario al de sus compañeros de grupo.

Aquel año fue el inicio de la fusión del rock con la música de raíz étnica, que años más tarde explotarían músicos como Paul Simon, Peter Gabriel, Brian Eno, David Byrne, Bill Laswell, Jah Wobble, Hector Zazou y una larga lista.

Entre 1966 y 1967 Harrison, ayudado por las drogas alucinógenas y cuando ya había sido ganado para siempre por la cultura y religión krishna, hizo nuevos e invalorables aportes. De su talento salieron algunos de los más lisérgicos pasajes (“It´s All Too Much”, “Blue Jay Way”, “Only A Northern Song), capítulos emblemáticos de la psicodelia británica de los años 60.




Harrison había explotado, y su guitarra, ante las limitaciones de Lennon, se había apoderado definitivamente del protagonismo. Por eso Lennon y McCartney permitieron nuevos resquicios al talento de George, aunque nunca en dosis suficientes.

En la etapa final de The Beatles, Harrison regaló maravillas como “While My Guitar Gently Weeps”, “Savoy Truffle”, “Piggies”, “Old Brown Shoe”, “Something”, “Here Comes The Sun”, “I Me Mine”, “For You Blue” y otro guiño a la India, “The Inner Light”.

George tenía acumulada mucha energía y demasiadas ideas. La muerte de The Beatles fue su liberación.

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George Harrison
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La explosión de George Harrison

Ya había avisado con Wonderwall Music (1968) y Electronic Sound (1969), dos trabajos experimentales paralelos a The Beatles. Poco después, no por casualidad, sorprendería al mundo con un disco triple apenas decretada la disolución de la banda, en el que saldaba deudas musicales con Carl Perkins, Buddy Holly, Dylan y Clapton.

Con All Things Must Pass (1970), fatalista título alusivo a la ruptura, Harrison fue el primer ex Beatle en ocupar el número uno en ventas, alcanzando, por fin, un estatus similar al de Lennon y McCartney.

Ésta es, probablemente, la mejor obra solista de cualquiera de los cuatro ex beatles, con temas de gran peso específico como “Isn’t it a Pitty”, “What is Life”, “Let it Down”, “Awaiting on You All”, “I Dig Love”, “Beware of Darkness”, “Ballad of Sir Frankie Crisp (Let It Roll)”, “All Things Must Pass” o la muy conocida “My Sweet Lord”.

El total reconocimiento sobrevino cuando Harrison, junto a varios de sus amigos y a su maestro Ravi Shankar, decidió organizar el Concierto para Bangla Desh en el Madison Square Garden de Nueva York en agosto de 1971, para recaudar fondos destinados a la incipiente y depauperada nación asiática. Harrison volvía a hacer historia con el primer concierto benéfico, algo que luego se haría costumbre.




Los discos Living in the Material World (1973), Dark Horse (1974), Extra Texture (1975) –último disco editado en Apple Records–, 33 1/3 (1976), George Harrison (1979) completaron los años 70, la etapa más activa de Harrison, en la que también le quedó tiempo para llevar adelante su productora de cine Handmade Films, con la que produjo, entre otras, la irreverente “La vida de Brian”, con el grupo Monty Python.

Los 80 y 90: Harrison a baja velocidad

El asesinato de Lennon en 1980 lo conmocionó, sumado al hecho del poco contacto con él en los últimos años y la molestia de John al no verse mencionado en “I Me Mine”, la autobiografía que George publicó en 1980, la primera de un ex beatle.

El acontecimiento lo obligó a rodearse de medidas de seguridad en su mansión de Friar Park, en Henley-on-Thames, aunque eso no evitó que años después, en 1999, un enloquecido fanático que decía estar poseído por su espíritu se colara para asesinarlo con una navaja. Este fue el hecho definitivo que aunque no lo mató, lo dejó muy tocado, además de herido.

Comenzando los años 80, publicó Somewhere in England (1981) en la que incluyó “All Those Years Ago”, cuya letra modificó para dedicársela a Lennon, ya que originalmente era para Ringo. Con el propio Starr en la batería, Paul y Linda McCartney en los coros, tanto el álbum como el single fueron muy bien recibidos por la crítica, alcanzando el puesto #2 en las listas de éxitos estadounidenses. Luego de Gone Troppo (1982), se apartó cinco años de la música para dedicarse a otras aficiones.

La reaparición con Cloud Nine (1987) no pudo ser mejor, ya que alcanzaría de nuevo el primer lugar en ventas. Ese disco, producido por Jeff Lynne (Electric Light Orchestra), sería su último trabajo en estudio editado en vida, ya que el estupendo Brainwashed (2002) que había grabado antes de morir, fue completado por el propio Lynne y su hijo Dhani y editado al año siguiente.




A partir de Cloud Nine las apariciones públicas comenzaron a espaciarse cada vez más hasta convertirse en un retiro voluntario, roto sólo por las llamadas de sus amigos (Travelling Willburys a fines de los 80, la gira con Clapton por Japón en 1991, las Antologías de The Beatles, la aparición en TV en 1997 junto a Shankar promocionando Chants of India y la grabación con Jools Holland apenas dos meses antes de morir).

George Harrison vivió con el estigma de ser un ex Beatle, no el más famoso, no el más prolífico, nunca el más reconocido, pero quizá el más innovador. Muchos le agradecemos su autenticidad y honestidad, y su místico equilibrio ante la apabullante fama de The Beatles.

La muerte física de George Harrison es y será un amargo trámite.



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