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Paul McCartney en Madrid: el fabricante de la eterna felicidad

Paul McCartney Madrid 2024
Foto: Manu Pasik / LIvenation

Ante un recinto abarrotado por gente de todas las edades, el inglés, por si aun habia dudas, dejo claro que es el más importante y transversal de todos los músicos de nuestro tiempo

Paul McCartney
Got Back Tour 2024
Concierto en Wizink Center, Madrid

(Diciembre 10, 2024)

 
Me preguntaba durante el concierto cómo afrontar la crónica de un concierto que resume más de 60 años de historia de la música popular y que recoge la trayectoria del músico que más ha impactado en todo este tiempo a una generación tras otra. Ahí frente a nosotros el héroe, el ídolo e influencia de miles de músicos, que a su vez también son ídolos de millones.

El dilema crecía y mutaba a medida que el show avanzaba y las emociones se confundían: goce, felicidad, admiración, respeto, lágrimas, aplausos, cantos a todo pulmón. Euforia colectiva.

Era nostalgia de la mejor, de esa que huye de la melancolía y de la tristeza para abrazar un sentimiento de eterna felicidad y agradecimiento, porque las canciones de Paul nos alimentan desde el mismo momento en que supimos de la música y perdurarán más allá de su vida terrenal (y la nuestra).

Es el sentimiento que produce el privilegio de haber podido coincidir en el mismo espacio-tiempo con un ser especial envuelto en un talento único con el cual es capaz de sacudirnos y sacar las mejores emociones. Y lo hace transmitiendo cercanía, calidez y honestidad en todo momento.

Asistir a un concierto como este, en lo que, más allá de los deseos que al final expresó (“Hasta la próxima. See you next time”), podría ser ya la última oportunidad, cobra especial relevancia.

Por ello, todo esfuerzo por asistir, sorteando el dificultoso proceso de compra de entradas, y los precios, era más que justificable para todos los presentes, entre los que había abuelos, padres, nietos, parejas de todas las edades, una mezcla generacional que celebraba la vida y los nexos a través de la música de Paul y también de sus compañeros presentes en espíritu -John, George y Ringo- como pocas veces puede verse en un concierto. Adolescentes que disfrutaban cantando igual que sus padres o abuelos, fue una imagen “priceless”.




Es el tipo de conciertos que uno no quiere que acaben nunca. Un concierto que empezó a construirse literalmente cuando los Beatles eran The Quarrymen y grabaron “In Spite of All the Danger” en 1958 en Liverpool, pieza firmada por McCartney y Harrison.

Paul McCartney demuestra ser un fenómeno de la naturaleza regalándonos un catálogo de canciones brutal durante dos horas y media sin parar. Y con apenas un día de descanso, ya en la postrimerías del Got Back Tour comenzado en 2022 y que finaliza con doble cartel este diciembre en Liverpool y Londres. Madrid, pues, ha sido la antepenúltima parada.

Paul se aproxima a los 83 años y en escena parece un chaval, un chamo que disfruta a plenitud cada nota, cada frase, cada línea de bajo, cada acorde, cada solo, cada interacción. Su rostro lo delata, sus palabras también, incluidas todas las frases en español que incluyó, entre ellas la usada al final “Sois de puta madre”… o “esta noche voy a tratar de hablar un pelín de español

No da signos de achaques físicos, su andar es erguido y seguro. Se mueve con soltura entre el piano y el centro del escenario y aunque todos sabemos de su gran destreza con el bajo, demostró una sorprendente habilidad como guitarrista eléctrico en sobradas ocasiones.

Su voz, aunque ya no la misma de antaño, no ha necesitado bajar una o dos octavas en el registro como muchos otros cantantes incluso más jóvenes. Macca se las arregla para cantar con rabia canciones como “Helter Skelter” -tras mas de dos horas de show- o con dulzura, “Blackbird” o “Here Today”, la canción dedicada a Lennon que enlaza con “Now and Then”.

Macca es acompañado por una sólida banda, con músicos que han estado con él desde hace ya bastante tiempo y eso se nota. Tanto Rusty Anderson (guitarras, coros), Brian Ray (guitarras, bajo, sitar eléctrico, coros) y Abe Laboriel Jr. (batería, coros) -un tipo divertido que hace su propio show secundario en muchos segmentos- están con Paul desde principios de siglo, mientras que el más veterano es Paul “Wix” Wickens (teclados, acordeón, armónica, coros y dirección musical), a su lado desde Flowers in the Dirt (1989).

Además, la participación de Hot City Horns (Mike Davis en trompeta, Kenki Fenton en saxo y Paul Burton en trombón), resulta crucial en muchas canciones. Paul, al final, agradece y menciona a parte su equipo al que cataloga con orgullo como “The Best Crew on the Planet”, y realmente hay que reconocer que el resultado no tiene fisuras. Con Barrie Marshall como director del Tour, hay que destacar el fantástico diseño de luces y escenario de LeRoy Bennett y a quienes lo ejecutan y programan, Larry Lees y Stefan Mills.

Capítulo aparte son las maravillosas e impresionantes visuales que combinan imágenes de archivo, ilustraciones psicodélicas, imágenes generadas con AI a partir de otras históricas, y que tienen como responsable máxima a Jenny Marshall al frente de la compañía Marshall Arts.

El sonido fue prístino, potente y definido, con una mezcla perfecta en la que todo se escuchaba en niveles adecuados. Nada de rebotes, feedbacks, bajas frecuencias o saturación. El responsable de la gesta es el fantástico Paul Boothroyd, un ingeniero de sonido que trabaja también con AC/DC y que lleva 30 años al lado de Paul, y que combina en su trabajo consolas analógicas y digitales.

Antes del show, el DJ Chris Holmes -quien es parte de la gira- animó por media hora a la audiencia con un atractivo set compuesto por versiones de temas de los Beatles y canciones originales de Paul remezcladas




Un setlist soñado

La única diferencia con el día previo fue el tema elegido para comenzar. “A Hard Day´s Night” fue el pistoletazo de salida (en lugar de “Can’t Buy Me Love”), y en seguida dos canciones de Wings nos metieron al completo en una noche única: “Junior’s Farm” (single de 1974) y “Letting Go” (Venus and Mars, 1975), en la cual hizo su aparición tocando desde una grada lateral la sección de metales, Hot City Horns.

Luego Paul nos llevó al período medio de The Beatles con “Drive My Car” (Rubber Soul, 1965) y “Got to Get You Into My Life” (Revolver, 1966) -con lucimiento de los metales-, ampliamente cantadas por todos.

Come On To Me” (Egypt Station, 2018) fue un perfecto enlace con la tríada siguiente encabezada por la arrolladora “Let Me Roll It” (primera de varias de Band on The Run, 1973) en la que Paul se colgó la guitarra eléctrica para demostrar su gran prestancia, incluido como coda el extracto de “Foxy Lady” como homenaje a Jimi Hendrix.

Paul McCartney Madrid 2024
Foto: Manu Pasik / LIvenation

Siguieron “Getting Better”, primer acercamiento a Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967), una interpretación fenomenal de Brian Ray, y “Let ‘Em In”, uno de los más exitosos temas de Wings (Wings at the Speed of Sound, 1976), con las clásicas imágenes de bandas de tambores acompañando y Paul al piano.

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El momento romántico ocurrió con “My Valentine”, pieza de su autoría incluida en el disco de versiones de canciones que orbitaron en su infancia y adolescencia, Kisses in the Bottom (2012), la cual dedicó a su esposa Nancy Shevell, presente en el concierto.

Acometieron de inmediato otro temazo de Band on the Run, “Nineteen Hundred and Eighty-Five”, con otra magistral participación de Hot City Horns y toda la banda en segundas voces.

El público comenzó a corear “oé oé oé…oé oé” justo cuando Paul se sentaba en el piano, y él, astuto, pilló el cántico e improvisó, mini-jamming al que se unió Laboriel.

Por supuesto no podía faltar “Maybe I’m Amazed”, del debut solista, McCartney, exigente tema en el plano vocal, lanzado en abril de 1970 durante el anuncio oficial de la separación de los Beatles. El compromiso fue superado.

Paul McCartney Madrid 2024
Foto: Manu Pasik / LIvenation

¿La estáis pasando bien?, como están los de aquel lado, los de allá, los del medio?”, preguntaba retóricamente Paul, sabiendo ya la respuesta. Era la introducción al segmento medio del show, fundamentalmente acústico y de naturaleza íntima. Empezó con “I’ve Just Seen a Face” (Help!, 1965), que sonó más country que nunca, todos armados con acústicas en un set reducido con todos juntos en medio del escenario





Entonces McCartney anunció el primer tema que los Beatles habían grabado en su vida, “In Spite of All the Danger”. “Fue hace mucho tiempo, en un pueblo al norte de Inglaterra llamado Liverpool. Eramos cuatro jóvenes”.

Se refería a The Quarrymen, que era en realidad un quinteto inmerso en el skiffle en el que estaban también John y George, además de Stu Sutcliffe, cuando en 1958 grabaron en Phillips Sound Recording Service un single con la versión de “That’ll Be the Day” de Buddy Holly en lado A y esta composición acreditada a McCartney y Harrison en el lado B. Fue bastante emotivo.

Enseguida Paul anunció el primer tema que grabaron los Beatles en Abbey Road Studios en Londres con George Martin de productor: “Love Me Do” (Please Please Me, 1963). Y con Paul en la mandolina tocaron “Dance Tonight”, contagioso tema folk incluido en Almost Full (2007), durante el cual Abe Laboriel nos regaló su particular y simpático performance.

Surgió de repente una plataforma con pantalla del medio del escenario que elevó a Paul solo con su guitarra para interpretar “Blackbird” (The Beatles, 1968) la cual fue seguida por “Here Today” (Tug of War, 1982), tema con el que McCartney rindió tributo a Lennon poco después de su asesinato.

Inmersos en esa tónica interpretaron “Now and Then”, la pieza lanzada en 2023 que partió de una grabación de Lennon en casete y que fue acompañada por el sorprendente vídeo de Peter Jackson que une a los cuatro Beatles en diferentes épocas.

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Y de regreso al formato rocanrol -que no abandonarían más- nos lanzaron el potente clásico de 1968, “Lady Madonna”, que fue seguido por “Jet”, otra infaltable de Band on the Run, que sonó realmente imponente, con la sección de metales a tope, Wix haciendo todo lo que hacía Linda McCartney con el sintetizador y los coros ya no solo de la banda sino del Wizink completo. Mientras, Paul apasionado en la voz. Uno de los picos de la noche.

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Una de las inclusiones más celebradas en este tour -al menos por mi- es la de “Being for the Benefit of Mr. Kite!”, uno de los temas más psicodélicos de Sgt. Pepper’s, que cantaba John. Fue acompañado por alucinantes visuales que potenciaron su atractivo.




Tampoco podía faltar el homenaje a George Harrison con “Something”, cuya primera parte es interpretada por Paul con un ukulele que el propio George le regaló. Luego la pieza retoma su estructura original, con gran guitarra de Rusty. Las imágenes de George y el resto de los Beatles ayudaron a crear un ambiente muy sentido. “Gracias George por esta bella canción”.

“En la siguiente canción van a intervenir”, le dijo Paul al público. Y arrancó la pegadiza “Ob la di Ob la da” (The Beatles, 1968). ¿Hay alguien que no disfrute del sano placer de cantar y bailar esta canción tan sencilla como exquisita?. Los detallitos de la charrasca ska introducidos por Paul con la boca quedaron muy bien. Fue una fiesta colectiva, ejemplo de como deberia ser el mundo (aunque aun faltaba la más épica).

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Sin pausa comenzó la maravillosa “Band on the Run”, que meses antes habíamos disfrutado en el cine con el documental “One Hand Clapping”, que muestra a Wings en vivo en el estudio ensayando para la gira de aquel disco esencial.

La recta final del show fue trepidante y pletórica de emociones. “Get Back” (Let it Be, 1970), como siempre galopante, contó con imágenes del Rooftop Concert de enero 1969 y de las sesiones inconclusas de Get Back que se transformaron en Let it Be. Y claro, el clásico tema que da nombre el último trabajo de estudio publicado sonó como siempre grandioso.

Paul McCartney Madrid 2024
Foto: Manu Pasik / LIvenation
Paul McCartney Madrid 2024
Foto: Manu Pasik / LIvenation

El momento grandilocuente, repletó de impresionantes efectos pirotécnicos, ocurrió con la dramática “Live and Let Die”. Cerca del escenario las ráfagas de fuego envueltas en calor se sintieron de manera notable, tanto que algunos les dio ataques de ansiedad y pánico, aunque ninguno paso a mayores.

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La mesa habia quedado servida para la gran celebración colectiva con “Hey Jude”, cuyos coros se extienden como una especie de mantra de hermandad, en la creencia de que el mundo puede ser mejor que el que en realidad hay. 56 años después del impacto del tema -lanzado como single y por mucho tiempo la canción mas larga en alcanzar el puesto #1 de las listas- el mundo sigue inmerso en guerras, dictaduras, posiciones ideológicas irreductibles y luchas intestinas e irracionales por el poder.

Paul puso a cantar por separado a “hombres” y “chicas” y luego “todos juntos”, y la cosa fue apoteósica, con algunos cantando desafinados a todo pulmón (parte de lo genuino del momento). “Everybody… its beautiful…” se desgañitaba Paul en medio del épico crescendo instrumental.

Fantastic.. you’re great”, decia Paul sobre los redobles finales de batería, dejando a los miles que asistíamos a la ceremonia gritando desaforados por más. Y claro, ya sabíamos que regresaría con la la artillería final.

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El primer regalo fue con la intensa “I’ve Got a Feeling” (Let it Be, 1970), en la que se logra el milagro del dueto vocal entre McCartney y Lennon (en el concierto de la azotea del edifico de Apple Corps), gracias a la tecnología.

Con la adrenalina a tope soltaron “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (Reprise)”, la cual unieron con la indomable “Helter Skelter”, quizá el tema más áspero de Paul. Durante el reprise de “Sgt Pepper’s” las visuales alcanzaron un nivel sorprendente, ya que varios de los personajes de la portada cobraron vida e interactuaban entre si, como Laurel y Hardy, Marilyn Monroe, Shirley Temple, Marlon Brando y Sonny Liston, entre otros.

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La ofrenda final fue el trío de piezas que cierran la legendaria suite del lado B de Abbey Road (1969), “Golden Slumbers”, “Carry the Weight” y “The End”, que provocaron lágrimas en muchos, no solo por lo buenas que son, sino porque en el fondo podríamos estar en presencia de una despedida de los escenarios, aunque Paul se haya despedido con un “hasta la próxima”.

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Asistimos a un encuentro histórico, quizá irrepetible. ¿Será capaz McCartney de una nueva gesta a los 85 u 86 años? Sería anti-natura, al menos de esta manera, pero él es uno entre un millón.

Gracias por tanta felicidad, Tío Paul. ¡Larga vida!

Juan Carlos Ballesta


Paul McCartney en Madrid
Cortesía: Eduardo Benatar